FELIZ AÑO 2019 – BAJO LA MIRADA DE MARÍA

María nos invita a entrar con confianza en el nuevo año
El primero de enero, la Iglesia celebra a Santa María, Madre de Dios. Me parece muy bello iniciar un nuevo año de la mano de la Virgen María. Ella nos invita a entrar con confianza y vigilancia.
María afronta el futuro con confianza. Como hija de Israel, tiene fe en el Señor y sabe que Dios siempre cumple sus promesas. Vive en su presencia. Siente su ternura y misericordia hacia todos. Se deja guiar por él. Su existencia no siempre fue una vida de ensueño. Pasó por momentos felices, luminosos, pero también dolorosos. Sintió que una espada de dolor la atravesaba. Experimentó momentos de incertidumbre y oscuridad; pero nunca soltó la mano de Dios. Como dice su prima Elizabeth, ella creyó en las palabras que el Señor le había dicho (Lc 1, 45). La confianza de María es contagiosa. Con ella realmente aprendemos la confianza.
La confianza no es optimismo. Este tiene su origen en el hombre. Es una cuestión de temperamento o de análisis de una situación. La confianza, en cambio, está arraigada en Dios. Es fruto del Espíritu y no depende de las cualidades del sujeto ni de los aspectos positivos de una situación. La confianza nace de la fe en Dios. Ella sabe que Dios está con nosotros y que nos guía si le confiamos nuestra vida. Como dice san Pablo: Todo contribuye al bien de los que aman a Dios (Rm 8:28). La confianza es entrega de uno mismo en las manos de Dios. Ella aleja el miedo. Es fuente de gran libertad interior. Hace brotar en nosotros potencialidades insospechadas. Entremos en este nuevo año con confianza.
Jean-Pierre, cardenal RICARD: Arzobispo de Burdeos (Francia). Homilía del 31 de diciembre 2014
Acojamos las palabras de S.Pablo VI que nos habla de la casa de Nazaret, lugar de crecimiento de Jesús bajo la mirada de María y José…Aprendamos a escuchar el “ haced lo que El os diga “ de María que puede aplicarse también al modo de vivir la vida cotidiana de Jesús…Aprender a “crecer como El.”
Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio.
Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso, quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida.
Aquí se nos revela el método que nos hará descubrir quién es Cristo. Aquí comprendemos la importancia que tiene el ambiente que rodeó su vida durante su estancia entre nosotros, y lo necesario que es el conocimiento delos lugares, los tiempos, las costumbres, el lenguaje, las
prácticas religiosas, en una palabra, de todo aquello delo que Jesús se sirvió para revelarse al mundo. Aquí todo habla, todo tiene un sentido.
Aquí, en esta escuela, comprendemos la necesidad de una disciplina espiritual si queremos seguir las enseñanzas del Evangelio y ser discípulos de Cristo.
¡Cómo quisiéramos ser otra vez niños y volver a esta humilde pero sublime escuela de Nazaret! ¡Cómo quisiéramos volver a empezar, junto a María, nuestra iniciación a la verdadera ciencia de la vida y a la más alta sabiduría de la verdad divina!
Pero estamos aquí como peregrinos y debemos renunciar al deseo de continuar en esta casa el estudio, nunca terminado, del conocimiento del Evangelio. Mas no partiremos de aquí sin recoger rápida, casi furtivamente, algunas enseñanzas de la lección de Nazaret.
Su primera lección es el silencio. Cómo desearíamos que se renovara y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros, que estamos aturdidos por tanto ruido, tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y en extremo agitada vida moderna. Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento y la interioridad,’ enséñanos a estar siempre dispuestos a escuchar las buenas inspiraciones y la doctrina de los verdaderos maestros. Enséñanos la necesidad y el valor de una conveniente formación, del estudio, de la meditación, de una vida interior intensa, de la oración personal que sólo Dios ve.
Se nos ofrece además una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social.
Finalmente, aquí aprendemos también la lección del trabajo. Nazaret, la casa del hijo del artesano: cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo humano y exaltarla debidamente; restablecer la conciencia de su dignidad, de manera que fuera a todos patente; recordar aquí, bajo este techo, que el trabajo no puede ser un fin en sí mismo, y que su dignidad y la libertad para ejercerlo no provienen tan sólo de sus motivos económicos, sino también de aquellos otros valores que lo encauzan hacia un fin más noble.
Queremos finalmente saludar desde aquí a todos los trabajadores del mundo y señalarles al gran modelo, al hermano divino, al defensor de todas sus causas justas, es decir: a Cristo nuestro Señor. (S. Pablo VI)

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10º Día-25 Is 9,1-3.5-6

María, quiero que mi ser sea tu pesebre… que yo viva unida a ti, para que me enseñes cómo tratar a Jesús, cómo vivir con Él. Siempre te he ofrecido “mi casa”… ahora que este lugar sea el “pesebre”… Quiero estar contigo contemplando… siempre… Haz que la tónica de mis deseos sea contemplar y dejarme contagiar… Sencillez y humildad, la de los pastores… Acoger el mensaje de los Ángeles… Dar gloria a Dios, recibir la paz y vivir de la certeza de la salvación que Dios me da porque me ama.

“Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor”

9º Día-24 2º Sam 7,1-5.8b-12.14ª

Ya se acerca el momento, María… Tu espera está impregnada más que nunca de paz… Hay una atmósfera que sobrecoge. Pasa ante tu corazón la película de tu vida. Dios, siempre Dios está en ella, y Tú hoy lo sientes más cercano que nunca… Él también espera… espera poder contemplar finalmente en el mundo Alguien que sea imagen perfecta suya, reflejo de su ser… DIOS PADRE espera… Tú también esperas, de otra manera… Ya está para llegar el momento en el que tu Hijo deje la “casa” en la que se ha ido haciendo, tu ser bendito, para “tocar la tierra”, esa tierra mirada con tanto amor por la Trinidad y que, desde esta noche bendita, será la casa del Hijo del hombre… Pero Tú, María, seguirás siendo la “casa” en la que tu Hijo siempre encontrará amor… Y con cuánta razón podemos decir de ti, con San Francisco:
Ave Señora, santa reina,
Te saludo, palacio suyo,
Te saludo, tienda suya,
Te saludo, casa suya,
Te saludo, vestidura suya,
Te saludo, madre suya
María, qué grande eres para Dios y que grande es Dios en TI…

9º Día-24 2º Sam 7,1-5.8b-12.14ª

Ya se acerca el momento, María… Tu espera está impregnada más que nunca de paz… Hay una atmósfera que sobrecoge. Pasa ante tu corazón la película de tu vida. Dios, siempre Dios está en ella, y Tú hoy lo sientes más cercano que nunca… Él también espera… espera poder contemplar finalmente en el mundo Alguien que sea imagen perfecta suya, reflejo de su ser… DIOS PADRE espera… Tú también esperas, de otra manera… Ya está para llegar el momento en el que tu Hijo deje la “casa” en la que se ha ido haciendo, tu ser bendito, para “tocar la tierra”, esa tierra mirada con tanto amor por la Trinidad y que, desde esta noche bendita, será la casa del Hijo del hombre… Pero Tú, María, seguirás siendo la “casa” en la que tu Hijo siempre encontrará amor… Y con cuánta razón podemos decir de ti, con San Francisco:
Ave Señora, santa reina,
Te saludo, palacio suyo,
Te saludo, tienda suya,
Te saludo, casa suya,
Te saludo, vestidura suya,
Te saludo, madre suya
María, qué grande eres para Dios y que grande es Dios en TI…

8º Día-23 Malaquías 3,1-4.23-24

María, el camino se va acortando aunque la espera se hace larga… El profeta habla en términos fuertes de purificación… ¿qué hay en ti que purificar? Tú la Inmaculada, la llena de gracia, que además has dado CARNE a la GRACIA, llevas en tu ser el dador de la gracia.
Sin embargo, vas intuyendo que tu Hijo, al hacerse uno de tantos, un hombre cualquiera, hará el camino de los hombres… y Tú ya lo vienes haciendo, ya vives las dificultades de toda mujer, y las vives como algo normal y las aceptas como venidas de Dios para que se cumpla su plan. Esta es la purificación que Tú vives… y así te vas abriendo a compartir el destino del Hijo… Así vas entendiendo el alcance del modo de amar de Jesús. El suyo es un amor humilde… “Humildad es la palabra revolucionaria de la Navidad”.
En Belén, desde tu vientre, luego en tus brazos, Dios empieza un nuevo camino en Jesús. El camino de un Dios que no se impone, que tiene necesidades, de un Dios eterno que se hace tiempo. “El Dios creador no crea ya al hombre con polvo de la tierra desde fuera, sino que se hace el mismo polvo plasmado, niño de Belén y carne universal” (Ronchi). Y Tú, María, entras de lleno en esta tarea de Dios y eres el cauce de realización de ese proyecto de amor humilde de Dios.
María, enséñame a vivir con adhesión al plan de mi Dios y Señor.

MARÍA LA MADRE DE JESÚS

A las puertas de la celebración de la Navidad, la Liturgia de este domingo cuarto de Adviento nos invita a poner la mirada en María, en la feliz espera del nacimiento de su hijo primogénito, el Mesías, el Señor. Este año, la escena del evangelio de Lucas nos presenta a María en su Visitación a su prima Isabel. El ángel Gabriel cuenta a la Virgen, cuando le anuncia que será la madre de Jesús, que su prima está encinta. María no duda en ponerse en camino para, recorriendo una larga distancia, servir a su prima que, ya de edad avanzada, estaba esperando el nacimiento de Juan, quien bautizará después a Jesús. María nos deja un ejemplo de caridad muy significativo: ella, la madre del Redentor, se pone a servir a su prima. Quien lleva a Cristo en su interior no puede más que servir al prójimo.
En el momento en que María llega a casa de Isabel, Juan salta en el vientre de su madre. Para el evangelio es un signo de aquello que va a suponer la llegada del Mesías al mundo. La presencia de Jesús hará saltar de alegría a muchos, especialmente a aquellos que más sufren: los pobres, los necesitados, los enfermos, los descartados. A otros, más bien, los sobresaltará, pues Jesús nos denuncia en nuestro egoísmo y nos obliga a optar por el evangelio o, al contrario, a rechazarlo. Finalmente, llenará de alegría a quien espera al Señor, a quien se siente necesitado de perdón y de salvación.
María es la llena de gracia. Con estas palabras, su prima Isabel señala la condición de la madre de Jesús, ya que, toda su vida está consagrada por el mismo Dios en virtud de la alta misión que habría de recibir. Al mismo tiempo, María es la llena de fe, puesto que lo que le ha dicho el Señor se cumplirá. También nosotros, por el Espíritu Santo que recibimos nos vamos llenando de la gracia de Dios, de su amor, de su misericordia. Esta presencia de Dios en cada uno de nosotros nos hace poner toda nuestra confianza en él y, por tanto, nos hace esperar que él mismo nos dará aquello que más necesitamos. Su palabra de salvación sobre la humanidad se cumplirá. Esta es la confianza del pueblo cristiano.

7º Día-22 1º Sam 1,24-28

María, el hacer memoria de tu viaje a Belén, a la luz de la palabra que ofrece la liturgia, ilumina el horizonte de mi rutina tan pobre. La luz que se desprende de ti calienta mi casa. Me conforta tu cántico que te recuerda el de Ana que fue a ofrecer a su hijo único, el hijo del favor de Dios, al Señor, como ya haces Tú en tu corazón. Todo lo tuyo es de Dios. ¿Cómo no lo va a ser ese hijo tuyo que Él ha hecho nacer en ti con su Espíritu? Tú Dios está siempre presente en tu corazón.
Me imagino cómo se acompasaría tu viaje al cántico del Magníficat: Proclama mi alma la grandeza del Señor. Todo te habla de su grandeza, el cielo límpido y claro del día, el tachonado de estrellas encubiertas a veces por nubes caminantes, iluminado por la luna o enrojecido por el sol. Los árboles que te dan la sombra que necesitas, los riachuelos que os consienten refrescaros y dar de beber al animal; la hierba que se empapa de rocío o se agosta por el sol al final del día, el pan -aún seco- que sacia algo vuestra hambre, las personas de la caravana que animan el viaje, aunque a veces, estorban vuestro deseo de callar… todo lo de siempre, de cada día, lo rutinario, lo pequeño e insignificante se hace grande, se llena de sentido porque es iluminado por la presencia del Creador que nunca te deja, y a quien nunca dejas. El misterio del Dios creador, poderoso, que mira a la criatura salida de su corazón, con amor, se revela a tu corazón, todas las veces que te diriges a Él desde tu pequeñez agradecida. Tu señor es TU SEÑOR… es grande pero cercano a ti, te muestra su Voluntad y siempre te la muestra como fruto de SU AMOR… y así Tú la cumples.
“Proclama mi alma la grandeza del Señor, y mi espíritu SE ALEGRA EN DIOS”, tu Dios, que es TU SALVADOR, es el DIOS de TU ALEGRIA… ¿Qué te importan las penas del viaje? ¿Qué te importa el trastoque de planes? TU DIOS ESTÁ CONTIGO… ¿Qué te importa ser anónima pese a llevar el “peso” más grande y bello contigo, pero que te desconcierta humanamente? ¿Qué te importa no tener, no poseer, andar con lo pobres y como los pobres, si DIOS, tu DIOS está contigo?… Si al mirarte, el sólo mirarte te hace grande, te ensalza… porque el mirar de Dios es transformador.
María, enséñame a vivir de Dios, a caminar humildemente con mi Dios… que me importe solo cómo me mira Dios.

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