30 de Junio

Consagrarnos al Corazón de Jesús

Jesús, hemos hecho un camino contigo en este mes y nos hemos sentido a gusto… Nos has hecho vivir el bien-estar con Alguien, Tú, que siempre estás disponible para mirar y amar… ”Lo miró y lo amó”… Sí, así has hecho y haces con nosotros… Nos miras y nos amas…

A través de los signos que realizaste en tu vida dejando que por tus sentidos humanos pasara tu amor por el hombre, amor de perdón, de sanación, amor de entrega, has puesto en nuestro corazón el deseo de darte algo…

Todo lo que tenemos es tuyo… Sin embargo a veces nos olvidamos de esto y sentimos y vivimos todo como propiedad exclusivamente personal. Pero al contemplar algo de tu modo de vivir has despertado en nosotros el deseo de ofrecerte un amor cordial, de donación, de sacrificio, un amor fuerte afectivo y efectivo.

Y esto quizás puede ser el sentido de lo que se llama “Consagración al Corazón de Jesús”… Algunas la hemos hecho tantas veces, rezando una oración, otros solo han oído hablar de ello… Entiendo que el sentido de la Consagración es “dejarte espacio en nuestro corazón” para que TÚ puedas ir fraguando en él un amor cada vez más semejante al tuyo. Tú nos has amado tanto que te has hecho como nosotros para que seamos cada vez un poquito más TÚ… Pues esto te ofrecemos hoy, al final de este mes que la Iglesia dedica a repensar en tu amor para entrar más en su misterio.

Te ofrecemos el deseo de saber acoger tu amor, de saber cuidar ese “pedazo de Dios” que hay en nosotros… y así cada vez más entrar en el aprendizaje que tú nos pides ”Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Jesús, gracias por haberte manifestado tan “humano” y tan “Dios” y gracias por el deseo que nos dejas de crear en nuestro corazón un pequeño espacio consagrado a TI solo, donde TÚ puedas hacer en nosotros tu labor evangelizadora… donde puedas poco a poco transformarnos en evangelio vivido. No hay cosa más grande que ser evangelizados directamente por TI.

Este es un modo de vivir la consagración al Corazón de Jesús… Es un modo sencillo para los pobres que desean seguirle desde su pobreza y limitaciones…

Gracias, Señor, por tener un corazón de hombre, crecido al ritmo del latido del corazón de tu Madre María.

Gracias porque con tu Corazón de hombre nos revelas todo el amor que hay en el Corazón del Padre.

Gracias porque nos dejas tu “Respiración” que es el Espíritu Santo, Espíritu de Amor que estuvo en ti, Verbo hecho hombre, para aprender a estar con nosotros tus hermanos los hombres… Gracias, Jesús, por todo…

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29 de Junio

Gustar como Jesús

Jesús, Tú has venido para que se hiciera realidad en nuestra vida aquello del Salmista “Gustad y ved que bueno es el Señor, dichoso el hombre que se acoge a Él”(S 34,9)… Nos llevas poco a poco a gustar la bondad y el amor del Padre, nos haces sentir la verdad de que los mandamientos son “más dulces que la miel de un panal que destila”(S 19,11)…

Pero para que lleguemos a gustar todo esto necesitamos acoger tu amor manifestado en tu oferta, la de un pan y un vino que, en su sencillez, superan a los manjares suculentos, porque son tu “cuerpo y tu sangre”… Eres Tú que preparas la mesa, que te sientas a nuestro lado y nos llamas amigos… Eres Tú, en un acto de amor inconcebible humanamente, que sustituyes los alimentos con tu propia presencia. Eres Tú que te ofreces como pan para la vida del mundo… Y cuando Tú ahora, crucificado resucitado, presides la Eucaristía, sacerdote y victima a la vez, nos invitas a comer de Ti… ¡Qué bella la palabra “tomad”!… Es una invitación contundente… Es como si nos dijeras “No tengáis miedo, soy yo… Soy yo que os digo tomad”.

“Tomad y comed”… Es la primera palabra que pronuncias en aquella sala donde celebras “la cena del amor”… “Tomad… tocad con vuestras manos y comed”… Es una palabra clave, anterior a cualquier otra que pueda expresar adoración, agradecimiento, bendición… Solo “tomad”, “comed”… quiero hacerme célula de vuestro cuerpo, respiración de vuestra alma, pensamiento, sentimiento de vuestro corazón… quiero transformarme en ti y transformarte a mi imagen.

Jesús, éste es tu deseo o más bien necesidad de comunión con nosotros, sin obstáculo, sin miedos, sin secundas intenciones… Tú, Dios, en mí: Tú absorbes mi corazón, yo absorbo tu corazón y somos una cosa sola… ¿Puede haber milagro más grande? Sin embargo Tú me invitas a gustar este milagro… “Este es mi cuerpo”: Dios parte del hombre, el hombre parte de Dios y nadie puede separarnos… Tú me invitas a gustar el encuentro contigo como don y jubilo, intensidad y ternura, fecundidad y fidelidad.

Jesús, presente en la Eucaristía, en cada persona, concédeme la gracia de gustar todo lo que viene de Ti… Tu amor, tus señales que orientan mi vida, me gusten o no, y todo lo que tu Padre me invita a acoger como su Voluntad de amor…

Jesús, lléname de los sentimientos de tu Corazón, para llegar a gustar el amor que de Dios recibo.

28 de Junio

Oler como Jesús

El clásico relato evangélico que nos habla del olor que emana del ungüento derramado sobre Jesús, es el de la unción de Betania… (Mc 14,3-9)

Una mujer entra en la casa de Simón y puesta a los pies de Jesús quiebra el frasco y derrama todo el perfume… Ella da a Jesús su don en la totalidad, no en pequeñas cantidades… Jesús sabe del amor que hay en el corazón de esta mujer, la defiende y con claridad explica el profundo sentido del hecho: esta mujer está haciendo ahora lo que no podrá hacer cuando Él esté muerto… Y añade que este gesto hará que se hable de ella allí donde se proclame el evangelio….

La casa se llena del perfume de nardo, pero más allá del perfume se impregna de lo que hay de tras de él, del amor que hacia Jesús manifiesta esa mujer…

Tú, Jesús, eres el “ungido de Dios”, el elegido y sellado por Él con un aroma especial, divino. Los que entren en contacto contigo podrán oler entonces el perfume de Cristo, un elixir sanador, reconfortante y reconstituyente… A la vez el cristiano atrapado por Ti está llamado a ser irradiación de tu fragancia, fruto de tu conocimiento y amor.

Jesús, haz que en mi vida no haya espacio para aquellos perfumes que sean expresión de mi compromiso con una sociedad consumista, hedonista… Haz que mi vida se embellezca con el perfume del perdón, del encuentro, que sepa romper mis frascos de perfume para que salga de mí lo mejor de mí misma… Concédeme la capacidad de detectar la fragancia de bondad, verdad, belleza… que emana de la vida de tantas personas sencillas que pasan por el mundo haciendo el bien. Haz que haya jóvenes en el mundo capaces de olfatear, en su vida y en el mundo, tu presencia oculta, silenciosa, pero llena de amor…

Jesús, llena mi corazón de los sentimientos del tuyo, para que me lleven a acoger la gracia de amar como Tú, para ser “buen olor de Cristo” en el mundo.

27 de Junio

Tocar como Jesús

“Creer en Cristo es tocarle; por eso decía dentro de sí la mujer que padecía flujo de sangre: Si tocare la orla de su vestido, quedaré sana. Tocóla con fe y obtuvo la salud. A fin pues de hacernos ver qué sea tocarle, dijo el Señor a sus discípulos: “Quien me tocó? La muchedumbre, respondieron, te aprieta por todas partes y preguntas: ¿Quién me tocó? Alguien me ha tocado, repuso Él. ¿No es esto como decir: La multitud me aprieta, más la fe me toca?” (S.Agustín)

Jesús, nos has conducido en este mes por la ruta del conocimiento del valor de los sentidos como lugares de revelación del AMOR, que es el sentido profundo de tu misión… Nos has llevado a contemplar gestos amasados en compasión, servicio, entrega, alegría… Y hoy es como si nos dijeras: ”toca de otra manera”… que tu toque sea el del amor, de la ternura… Huye de toda violencia, lucha, ironía fraude… Toca con amor. Que tu toque deje una huella divino-humana porque ha pasado por el mío…

Es verdad, Jesús, todo lo que tocaste y tocas queda trasformado. Me hace bien contemplar tu primer contacto con lo humano. Al encarnarte lo primero que tocaste fue la tierra virgen y fértil del vientre de tu Madre. Y allí, como cualquier niño gestado en el vientre de una mujer, tocaste y a la vez fuiste envuelto en el cobijo de esa primera cuna humilde, sencilla y divina a la vez. Así sintiéndote amado por una Madre y eternamente amado por tu Padre, devolviste amor, y dejaste en las manos de los pastores, de los magos, con el toque de las tuyas, la dulzura de tu amor, la seguridad de una PRESENCIA por siglos esperada… Y al crecer seguiste llenando tu corazón de carne, tus manos, de amor, de bondad… Y así pasaste “haciendo el bien”, dejando amor al tocar, despertando vida al ser tocado.

Jesús, enséñame a saber tocar… que los sentimientos de tu Corazón arraiguen en mí y yo pueda dejar florecer la paz, la verdad, la justicia, allá donde mi toque llegue. Que yo no deje de saborear tu “toque” cuando entras en mí hecho pan. Que yo sepa vivir estos momentos con amorosa atención para captar y experimentar la fuerza que sale de ti, al entrar en mí…

26 de Junio

Oír como Jesús

Jesús, a lo largo de este mes, te hemos visto escuchando gritos, súplicas, silencios, gestos… Te hemos contemplando llenando de SENTIDO el sentido físico de tu oído y enseñándonos a llenar el nuestro de evangelio.

Eres la Palabra, la Palabra hecha carne, y has hablado a tus hermanos con todo lo que tienes y eres: con tus ojos, con tu boca, con tus gestos, con tus silencios… Y ¡has escuchado tanto! para enseñarnos este arte y hacer de él un vehículo para pasar el amor por el mundo…

Y “el Verbo se hizo carne”, dijo Juan… Desde que entraste en el mundo, como Palabra del Padre, has escuchado… Ya al entrar en el vientre de tu Madre tuviste la suerte de escuchar lo más bello que Ella podía ofrecerte, los latidos de su Corazón. Tu crecer en Ella fue toda una escucha… y al saltar del umbral de esa primera casa a sus brazos, escuchaste físicamente sus cantos, sus palabras de amor, las de José.

Fuiste “infans” el tiempo necesario para aprender a hablar… Lo seguiste siendo ya mayor, porque tus palabras eran el fruto de la escucha de las palabras del Padre.

Jesús, Palabra del Padre, hijo de María, enséñame a hablar después de haber escuchado… Enséñame a escuchar a Dios, a los hermanos, a escuchar los silencios de los que sufren, de los que no saben o no quieren comunicar… los gestos que acompañan las palabras… los sentimientos inexpresados.

Que al despertar cada mañana sepa “sentir” en mis labios y en mis oídos tu gesto, el que devolvió al sordomudo la capacidad de hablar y escuchar… Que resuene en mí todos los días tu “effata” que haga de mi oído y de mi boca un vehículo de amor.

Corazón de Jesús, llena mi corazón de deseos de escuchar y acoger solo lo que conduce a Ti…

25 de Junio

Mirar como Jesús

Estamos llegando al final de este mes y, como dijimos al comienzo, hemos querido contemplar a Jesús haciendo de sus sentidos humanos un cauce para expresar el SENTIDO de su vida, que es el AMOR con que Dios nos ama y que ha venido a manifestarnos.

Hoy agradecemos el habernos mostrado todo el valor, la belleza de su mirada, a veces compasiva, tierna, dulce, firme, pero siempre cargada de amor. Él nos ha dejado la huella de Dios… No hay ninguna otra realidad humana donde Dios se haya manifestado de forma tan nítida… Jesús se nos ha mostrado como el revelador del Padre: “¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre conmigo?” Ver a Jesús es ver al Padre, contemplar su gloria es como contemplar la gloria de Dios… Desde que Jesús se ha encarnado podemos de alguna manera “ver” a Dios… ir a Dios pasando por la humanidad de Jesús… Por Él llegamos al Dios que se abaja, hasta hacerse NIÑO… Nuestros ojos lo ven en el establo de Belén.. Y ¡que ternura da un niño en un pobre establo envuelto solo por la mirada de amor de unos jóvenes esposos!… Y lo vemos peregrino de caminos sin roturar… Y ¡qué vigor expresa su cuerpo joven!… lo vemos clavado en un mínimo trozo de madera, el necesario para recoger su cuerpo, y nos acongojamos… Esta es la humanidad de Jesús que se nos muestra. Y Él nos pide que miremos más allá de ella para ver al Dios que se hace hombre ASÍ.

Jesús, da a mis ojos la capacidad de contemplar tu Humanidad, de ver más allá de lo que tu Palabra nos dice, de ver tu corazón humano hecho ascua de amor que envía a nuestros sentidos interiores la luz necesaria para entrar en el misterio… Da a mis ojos la capacidad de encontrarte así, Verbo encarnado, en cada persona que encuentro en el camino, y de ver en ella tu presencia que salva. Da a mi mirada la luz de tu amor tierno, compasivo, misericordioso, alegre, que refleje los sentimientos de tu Corazón. Dame mirada limpia que sepa acariciar el dolor, la pobreza, así como las alegrías y los gozos de mis hermanos…

24 de Junio

”Tú eres el Hijo de Dios”

Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a Él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran. (Mc 3,7-12)

Tanta era la atracción de Cristo en vida que en la playa no había lugar para Él. Sube a una barca para poder enseñarles a todos las cosas del Reino. Cristo desea subir a una barca. Allí hay muchísimas, pero Él sólo subirá a una. Es la primera vez que Cristo hace una cosa semejante. Él quiere hablarle a la gente, pero se encuentra impedido por el poco espacio. Él te pide permiso para subir a la barca de tu vida y desde allí llamar a todos a la felicidad.

La multitud que acude a Jesús desde cualquier región, encuentra en el Señor una esperanza, porque su forma de actuar, de enseñar, toca su corazón, llega al corazón, porque tiene la fuerza de la Palabra de Dios.

El pueblo siente esto y ve que en Jesús se cumplen las promesas, que en Jesús hay una esperanza. El pueblo estaba un poco aburrido de la forma de enseñar la fe de los doctores de la ley de aquella época, que cargaban sobre la espalda muchos mandamientos, muchos preceptos, pero no llegaban al corazón de la gente. Pero, cuando ven a Jesús y escuchan a Jesús, las propuestas de Jesús, las bienaventuranzas… pues escuchan dentro algo que se mueve, es el Espíritu Santo que despierta eso, y van a encontrar a Jesús.

La multitud seguía a Jesús para ser sanada, es decir, buscando el propio bien. Por eso nunca podemos seguir a Dios con pureza de intención desde el inicio, siempre un poco para nosotros, un poco para Dios… Y el camino es purificar esta intención.

¡Jesús salva! Estas sanaciones, estas palabras que llegan al corazón son el signo y el inicio de una salvación… el recorrido de la salvación de muchos que comienzan a ir a escuchar a Jesús o a pedir una sanación y después vuelven a Él y sienten la salvación. ¿Pero lo más importante de Jesús es que sane? No, no es lo más importante. ¿Qué nos enseña? No es lo más importante. ¡Que salva! Él es el Salvador y nosotros somos salvados por Él. Y esto es más importante. Y ésta es la fuerza de nuestra fe.

Él puede cambiar tu vida, como lo hizo con sus apóstoles. Eran rudos pescadores, y terminaron dando su vida por la extensión del Reino. Ahora te toca a ti. Dios te quiere subir a su barca para cambiar tu vida y la de los hombres que escuchen su voz a través del medio que eres tú. No te preocupes si no te sientes apto para ser instrumento de Dios, Él hará todo si tú le das tu sí. Y ya verás cómo serás feliz haciendo felices a los demás.

Jesús, Tú ha sido, eres y serás siempre la respuesta definitiva a los más profundos anhelos y aspiraciones de felicidad, porque sólo Tú tienes palabras de vida eterna, sólo Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida. Si realmente te conociera mi vida sería diferente, para bien. Por eso te pido hoy, Jesús, que no salga de este encuentro contigo sin ser profundamente tocado por Ti, porque sólo si te llevo dentro, podré arrastrar a otros hacia Ti.

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