Creo en un solo Dios…

Dios a Israel se reveló como el Único. “Escucha Israel: el Señor nuestro Dios  es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza”(Dt 6,45) Jesús confirma esta revelación hecha al pueblo elegido:” Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es uno solo.Amarás al Señor, tu Dios con todo tu corazón con toda tu alma con toda tu mente con todas tus fuerzas”(Mc12,29-30). A la vez da a entender que El mismo es el Señor:”Jesús es el Señor”. Este anuncio es lo nuclear de nuestra fe cristiana. Es una afirmación que no contradice la fe en el único Dios…Así como no introduce ninguna división en el Dios único el creer en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida. (cf.CIC 201-202).

Alguien dijo que los cristianos creen que Dios es trino, es decir uno en tres personas, porque creen que Dios es amor. ¿Qué se quiere decir con esto? Que Jesús, al revelarnos a Dios como amor, nos ha llevado a descubrir y reconocer a la Trinidad. La Trinidad no es una invención humana.

“Dios es amor”, dice la Biblia (1Jn 4,8). Si es amor debe amar a alguien ¿A quién ama Dios para que podamos decir de Él que es Amor?…

Y he aquí la respuesta de la revelación cristiana: Dios es amor en sí mismo, antes del tiempo, porque desde siempre tiene en sí mismo un Hijo, el Verbo, a quien ama con un amor infinito, esto es, en el Espíritu Santo. En todo amor hay siempre tres realidades o sujetos: uno que ama, uno que es amado y el amor que les une.

El Dios de la revelación cristiana es uno y trino porque es comunión de amor. Nuestro Dios es un Dios único en tres personas divinas. Este misterio es la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es inalcanzable por la mente humana, sin la luz de la fe. Leemos en San Agustín:

“paseando por la playa vi a un niño que, en la orilla del mar, había hecho un gran agujero en la arena y con un cubo lo iba llenando de agua que recogía del mar.”¿Qué haces?” le pregunté “Quiero vaciar el mar para  llenar este pozo que he hecho en la arena.” “¿Pero, cómo… No comprendes que esto es imposible?” “Más imposible es lo que intentas hacer tú: explicar con tus razonamientos el misterio de la Trinidad”

Poniendo los ojos en estas tres personas, desde la poca o mucha experiencia que tengamos de Ellas, podemos descubrirlas como modelo de cualquier grupo o comunidad humana: desde la más sencilla y elemental, que es la familia, hasta la Iglesia universal. Ellas nos muestran cómo el amor une en la diversidad: unidad de intenciones, de pensamiento, de voluntad, de características…

En el Nuevo Testamento, leyendo con atención,  podemos contemplar y descubrir cómo se aman y cómo se relacionan entre sí estas tres divinas personas: Cada una de las tres no habla de sí, sino de la otra; no atrae la atención sobre sí, sino sobre la otra. Cada vez que el Padre habla en el Evangelio lo hace siempre para revelar algo del Hijo”Este es mi Hijo, el predilecto”. Jesús, a su vez, no hace sino hablar del Padre” Nadie puede venir a mi, sino lo atrae el Padre que me ha enviado” (Jn 6, 44). El Espíritu Santo, cuando llega al corazón de un creyente, no enseña a decir su nombre, que en hebreo es «Rûah», sino que enseña a decir «Abbà», que es el nombre del Padre. “Cuando venga El, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena” (Jn 16,13)

Intenta pensar y preguntarte, en lo más profundo de tu corazón, ¿qué produciría esta especie de “regla”, este estilo, si se transfiriera a la vida de relación en el ámbito humano, personal?… Si este estilo fuera imitado en nuestras relaciones humanas, éstas llevarían el reflejo de la Trinidad en la tierra, serían “espacios” donde la ley que rige todo es el amor…

Este Dios amor te ama…como El sabe amar… ¿Qué piensas? ¿Qué sientes frente a esta realidad de amor única?…

LA FE… ¿POR QUÉ CREER?

Acaba de comenzar el “año de la fe”; tiempo que el Papa quiere sea dedicado a profundizar en  nuestra fe, aprovechando el confluir de dos fechas significativas: la apertura del Concilio V.II, del que se celebran los 50 años, y la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, hace 25 años.  El Papa lo anunció en una carta con el título “la puerta de la fe”.

Estas primeras reflexiones quieren ser una respuesta a las preguntas: “¿Qué es la fe?… ¿Por qué creer?…

El Papa comienza su libro “El credo, hoy” haciéndose una pregunta que más o menos suena así. Si el amor es la esencia del cristianismo, si seremos juzgados por el amor, si el amor es el contenido de la existencia cristiana, si ser cristiano significa tener amor… ¿Para qué la fe? Y el Papa, con su acostumbrada lucidez y profundidad, nos hace caer en la cuenta que nosotros no amamos como Dios ama -que es lo que Dios nos pide- que nuestro yo entorpece, frena, ahoga a veces nuestro amor y todo lo que le acompaña de bondad, justicia, verdad… Cuando tocamos toda nuestra debilidad, “el mensaje grande y liberador del amor, como contenido único y suficiente del cristianismo, puede resultar algo opresor”… Aquí interviene la fe, que nos dice que este déficit de amor que todos padecemos es colmado por el amor de Jesús que se derrama en nosotros, que Dios mismo ha derramado en abundancia su amor sobre nosotros, que Dios dándonos su amor nos hace capaces de amar como Él ama.

La fe es un regalo de Dios, es un don, es una gracia, es una virtud sobrenatural infundida por Él. «Para dar esta respuesta de la fe es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con los auxilios interiores del Espíritu Santo, que mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede “a todos gusto en aceptar y creer la verdad”» (DV 5).

El rasgo más profundo de la fe cristiana es su carácter personal… La fe cristiana es personal. El cristiano, a través de su fe, se encuentra con una persona, Cristo Jesús… El cristiano cree en ALGUIEN, la persona del hijo de Dios, que entra en el mundo, se hace historia, se hace DIOS CON NOSOTROS…

“a través de Él, el Dios Intangible se ha hecho tangible, el Distante se ha hecho cercano… Es la presencia del Eterno mismo en medio de este mundo”… es ALGUIEN que “se nos entrega como amor que me ama a mí también y, con el regalo tan incomprensible de un amor no amenazado por caducidad ni ofuscamiento egoísta, hace que la vida sea digna de ser vivida. El sentido de la vida es el tu, pero ciertamente solo aquel tu que no es una pregunta abierta, sino el fundamento del todo que no necesita otro fundamento”.

La  fe me lleva a encontrarme con un TÚ que me sostiene y que, pese a mi debilidad, imperfección, límites… me sigue amando y me promete un amor que me hace eterna; me lleva a vivir la certeza de que este TÚ, que es el Sentido de mi vida, me conoce y me ama, y a Él me puedo encomendar “como un niño en brazos de su madre”

Creo en ti, Jesús, en ti… En tu rostro humano he descubierto el rostro de Dios… Pero el Papa nos lanza un reto, el de reflexionar, el de preguntarnos:

“¿Eres Tú de verdad?… ¿Creo de verdad en ti, Jesús de Nazaret, como sentido del mundo y de la vida?”