Tanto amò Dios al mundo…

… que entregó a su Hijo para salvarlo!

…Sí, creemos que ha nacido Jesús, el Hijo de Dios, en Belén, en un pesebre. El nos habla de la Ternura de Dios, del Amor y la Verdad de Dios, de la Fidelidad de Dios, de la Humildad de Dios…

 

Es el gran misterio que la fe puede desvelar a nuestro corazón…Es el misterio del que participamos todos hoy y aquí…donde quiera que estemos…Por que hoy nosotros recibimos el mismo anuncio que recibieron los pastores en Belén

 

“Hoy os ha nacido el Salvador…”… ¡Que hay en Belén hoy…! Así nos lo cuenta alguien “anónimo” que nos hace participe de su “contemplación”…

María tiene en sus brazos al Niño, nos lo está ofreciendo. Presenta el Misterio que el Espíritu de Dios ha obrado en sus entrañas: la encarnación del Hijo de Dios. En su seno, durante nueve meses, se ha hecho realidad el sueño inmemorial de Dios. Dios se ha hecho, niño.

 

La Madre presenta el fruto de su vientre: el Misterio en la carne de un niño; Dios hecho don absolutamente accesible, absolutamente amable, absolutamente tierno; Dios hecho don para todos.

 

Algo nuevo había empezado a ocurrir. En un niño, Dios aprendía a ser hombre, y el hombre aprendía a ser Dios. Y ese Misterio del Niño Dios es un misterio llamado a prolongarse en nosotros. En la carne de Jesús aprendemos cuál es el designio de Dios sobre la humanidad, sobre cada uno de nosotros. Hoy no recordamos simplemente un hecho histórico acaecido hace mucho tiempo; hoy queremos hacer una especialísima memoria de una realidad de la que el cristiano vive cada día; hoy nos centramos y contemplamos las entrañas del ser cristiano.

 

Por el don del Espíritu, Cristo no es sólo Enmanuel, es decir Dios con nosotros, sino también Dios en nosotros. Por el don del espíritu, Cristo viene continuamente a nosotros, nace continuamente en nosotros, porque el espíritu nos configura con Él, para que nosotros seamos también encarnación de Dios en este mundo, para que seamos presencia de Dios gracias a nuestra frágil carne que el Espíritu Santo configura a Cristo.

 

No sólo queremos evocar un hecho histórico, sino que deseamos confesar con nuestra vida el don de Dios ofrecido a todos: nuestra carne está llamada a ofrecer a Cristo, a ser presencia suya en la noche gélida de los pastores o en la búsqueda inquieta de los magos de Oriente. No sólo nuestras palabras, sino nuestra manera de hablar, nuestra forma de reir, nuestras relaciones, nuestra jovialidad, nuestra agudeza, nuestra simpatía, nuestro carácter, nuestro ser y nuestro obrar, si responden al don del Espíritu, han de ser presencia del amor de Cristo encarnado en nuestra humanidad y ofrecido a todos.

 

Belén es la inaudita locura de Dios, que quiere ver como ven los hombres, oir como oyen los hombres, sentir como sienten los hombres, hablar como hablan los hombres…para que un día los hombres vean como ve Dios, oigan como oye Dios, sientan como siente Dios, hablen como habla Dios.

 

Belén es un clamor. Dios quiere hacernos ver cómo lo más grandioso sucede en lo pequeño, en lo sencillo, en lo desapercibido para el fasto y el boato mundanos, incluso en lo despreciable y desechable para tantos y tantos. Belén nos reclama convertir nuestra manera de mirar y considerar la realidad, convertir nuestra forma de atender a las personas y a los acontecimientos, convertir nuestros criterios para valorar lo que nos rodea, convertir muestra actitud ante cada una de las acciones que hemos de afrontar: en todas ellas quiere nacer Jesús, hacerse presencia para todos. No hay nada en nuestra vida que no esté llamado a ser Navidad, porque todo nuestro tiempo está llamado a ser sagrado.

 

¡¡Ser Navidad! ¡Se necesita tan poco para serlo! ¡Un pesebre y unas pajas acogieron la gloria de dios hecho Niño! Pero el esperado vino de forma insólita. ¿Y el esperado viene tantas veces en formas tan  desconcertantes. Hay veces en que el desconcierto nos vence, hasta no ver el Don que tanto deseamos. “Señor, ¿Cuándo fue eso?”, diremos. “Cuando lo hicisteis, o no, con uno de estos”, nos dirá el Niño de belén. Dejamos de acunarlo en la fragilidad del hermano que nos escandaliza, en la tristeza del hermano que nos abruma, en la alegría del hermano que nos molesta, en la caída del hermano que nos genera juicio, en el éxito del hermano que nos entristece, en el fracaso del hermano que no lo hacemos nuestro, en el carácter del hermano que nos irrita, en la dejadez del hermano que nos desasosiega, en las carencias del hermano que nos abochornan,…¡Ay, si todo lo acunásemos en el amor…! Quizás los hermanos encontrarían la medicina para su fragilidad, la alegría para su tristeza, la fortaleza para levantarse de su caída, el estímulo para equilibrar su carácter, el ardor para salir de la dejadez, la riqueza para colmar sus carencias; quizás sus alegrías serían nuestras alegrías y sus éxitos serían los nuestros. ¡Hay tantas ocasiones en que nuestro amor no acuna a Jesús que viene en el hermano! Y cuando esto sucede, dejamos de ser carne de Iglesia.

 

En Belén, María nos ofrece a su Hijo, cuyo Espíritu nos capacita para que nuestra carne, configurada a Cristo, haga presente su bien, su belleza y su verdad en medio del mundo, pero sólo será así si sabemos acogerlo y acunarlo en el hermano que , a nuestro lado, con sus carencias, es así mismo presencia de cristo indigente.

 

Misterio de Navidad: Dios encomendado a las manos de los hombres, Dios confiado a las manos de los hombres

 

“DUERMETE”

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Creo en Dios verdad

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riposo

Dios es la Verdad… Sus palabras no pueden engañar. Él es el único que puede darnos a conocer todas las cosas en su realidad, porque Él las creó.

La palabra de Dios nos ofrece la certeza de su Verdad… Mi confianza en Él brota de esta certeza.

Él es el que puede decir: “escuchad, hablo sin rodeos, abro los labios con sinceridad – mi paladar repasa la Verdad y mis labios aborrecen el mal… mis palabras son claras para el que entiende y rectas para el que comprende” ( cf. Pr 8, 6-8)… Los hombres, conforme a su dignidad, por ser personas… ¡tienen el sello de Dios! se ven impulsados, por su misma naturaleza, a buscar la verdad…

Jesús dice de sí mismo: “yo soy la Verdad” (Jn 14,6), y enseña a sus discípulos el amor incondicional a la verdad: “sea vuestro hablar: «Sí, sí »o «No, no»” (Mt 5,37)…

Es en Jesús en quien la Verdad de Dios se manifestó en plenitud, “lleno de gracia y de Verdad” (Jn 1,14)… Así dice Juan del Verbo que se hace carne, que viene a acampar entre nosotros…

Jesús es la Palabra que viene a decirnos todo sobre el amor y la verdad de Dios, que nos dice TODO sobre Dios…

Y esta venida se hace posible por el “SÍ” de una mujer, María… María dice una palabra breve, sencilla… y con su palabra sencilla recibe la PALABRA eterna, que va escribiendo en el ser de la Madre la PALABRA humana: Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María… Palabra viva que habla, a los hombres, de Dios… BUENA NOTICIA para ti, para mí, para el mundo…

¿Qué es la Verdad? Dios está allí para decirnos: “la Verdad soy yo… ¿lo crees?…  ¿y crees que estás llamado a vivir en la Verdad?”…

Maria, obra de amor de Dios

credo mariano 

 

En la fiesta de Maria Inmaculada cabe recordar a Maria como la obra de Dios más bella, preparada para ser Madre de Su Hijo… Unas palabras, cargadas de lirismo, del obispo italiano Antonio Bello, nos ayudan a acercarnos a su misterio de mujer llena de gracia y a la vez plenamente humana.. “si nos atrevemos, aunque sea por un momento, a quitar a María la aureola es porque queremos ver lo hermosa que es al natural. Si apagamos los reflectores que apuntan hacia ella es porque nos parece que así percibimos mejor la omnipotencia de Dios que detrás de las sombras de su carne ha escondido las fuentes de la luz. Sabemos que fue destinada a singladuras en alta mar, pero si la obligamos a navegar a vela próxima a la costa, no es porque queramos reducirla a los niveles de nuestro pequeño cabotaje. Es porque, viéndola tan cerca de las playas de nuestros desánimos, nos pueda salvar la conciencia de que también nosotros hemos sido llamados a aventurarnos como Ella por los océanos de la libertad”

Hoy queremos reafirmar nuestra fe en Dios que en Maria  hace maravillas al compás de estas imágenes…