JESÚS HA RESUCITADO

TÚ ERES EL CRISTO, HIJO DE DIOS VIVO!

Tú eres el Cristo, Hijo de Dios vivo.

Tú eres el revelador de Dios invisible,

el  primogénito de toda criatura,

el fundamento de todas las cosas.

Tú eres el maestro de la humanidad.

Tú eres el Redentor.

Tú has nacido, has muerto,

has resucitado por nosotros.

Tú eres el centro de la historia y del mundo.

Tú eres el que nos conoce y nos ama.

Tú eres el compañero y el amigo de nuestra vida.

Tú eres el hombre del dolor y de la esperanza.

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Tú eres el que debe venir,

el que debe ser un día nuestro juez,

y, así esperamos, nuestra felicidad.

No terminaría nunca de hablar de ti:

Tú eres la luz, la verdad, más aun,

eres “el camino, la verdad y la vida”.

Tú eres el pan, la fuente de agua viva

para nuestra hambre y nuestra sed.

Tú eres el pastor, nuestra guía,

nuestro ejemplo, nuestro consuelo,

nuestro hermano.

(Pablo VI)

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La Soledad de Maria.

Con María en un sábado santo.

María, en tus oídos y en tu corazón resuenan las palabras de tu Hijo: TODO ESTÁ CUMPLIDO”…. Tú las repites varias veces por dentro… Te golpean como gota de agua en una roca… Porque así has quedado Tú: firme, fuerte, apoyada -o mejor dicho- metida en la Voluntad del Padre, que ha sido siempre tu roca, el PADRE a quien con tanta ternura Jesús ha entregado SU ESPÍRITU.

Sin embargo hay algo dentro de ti que se mueve y te ilumina… Te das cuenta de que, para ti, TODO NO ESTÁ CUMPLIDO… Empieza un nuevo camino.

Para ti al pie de la cruz ha habido una nueva ANUNCIACIÓN… MUJER he ahí a tu hijo”... Son las palabras de tu Hijo que dan lugar a un nuevo nacimiento, el de los nuevos hijos que Jesús ha incorporado a sí mismo y que al morir te ha entregado.

Via Crucis 2

Es por esto, MARÍA, que yo me acerco a ti… Tú estás sola ante la cruz, estás elaborando en tu corazón -mejor dicho- dejas que el Espíritu que Jesús te ha enviado, desde la cruz, elabore esta nueva experiencia de maternidad… Tú has dicho otra vez, sobreponiéndote a tu dolor: HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR, hágase en mi según  SU PALABRA…” Y ya vas acogiendo a tus hijos en tu corazón.

Así lo siento y así, como hija, me acerco a ti en este momento de soledad y siempre… Yo también quiero ofrecerte mi casa… quiero que mi corazón, que todo mi ser, sea tu casa… No me importa como esté, ni como es, porque tú no desdeñas lugares hasta indignos de la Madre del Señor (pienso en la gruta de Massabielle)… Sé que tú la tomas… entras en ella… Soy yo la que tengo que ofrecértela de otra manera, con toda la fe de la que soy capaz, como el lugar donde tú puedas sentirte a tus anchas, desde donde tú puedas llegar a evangelizar a otras personas, y donde tú puedas hablarme de Jesús.

Porque sí, María, nadie como tú me puedes hablar de Él, de cómo era, de cómo vivía, nadie como tú puede ayudarme a desentrañar su evangelio para hacerlo vida…

Yo sé, María, que tú aceptas mi casa y que me ayudarás a tomarme en serio tu presencia, tu palabra, tu ejemplo…

Tú escuchas mis palabras… Incluso vas más allá de lo que yo digo, porque intuyes hasta lo que yo no veo de mí misma, ni sé… Tú aceptas mi ofrecimiento, y con él aceptas también los vaivenes de mí generosidad, mis olvidos, mis entusiasmos, mis descuidos para contigo…  porque sabes de mi debilidad, de mi vulnerabilidad.

Como hiciste con  Juan de vuelta del sepulcro, esta tarde te diriges a mí con la misma comprensión y con el mismo deseo de infundirme seguridad:

“Yo estaré contigo… yo te cuidaré… yo te hablaré de mi Hijo… te acercaré a su mundo interior, te ayudaré a conocerle por dentro, pues sé que esto es lo que deseas, aunque a veces te entorpezcan los impedimentos que levanta tu mismo corazón, envuelto en afectos que te estorban…

Te acercaré a su obediencia de niño, de adolescente, de joven, madurada con el paso del tiempo pero siempre determinada y orientada por la búsqueda del querer del Padre… y te diré cómo esa búsqueda era fruto de la unión de corazón que mantenía con el Padre, y que se alimentaba en los largos ratos de silencio y de oración…

Y te hablaré de sus escapadas, aun niño y adolescente, para encontrarse a solas con su Dios… paseándose por los campos, zambulléndose en la belleza de la creación, en la que veía  el sello del corazón del Padre, o para ir al templo junto con su pueblo…

Y te ayudaré a asomarte al misterio de su humildad, de su mansedumbre, de su capacidad de perdón… que iba creciendo al compás de su conocimiento de los hombres, y de su respeto por todo lo humano, esa maravilla salida del corazón de Dios como proyección de su amor y que Jesús hizo suya, totalmente suya…

Y te hablaré de su amor hecho de gestos sencillos, orientados siempre a generar amor, felicidad… te hablaré de ese amor que ha ido creciendo hasta llegar a la entrega total… la que hoy se ha consumado.

Y te hablaré de Él siempre que tú estés dispuesta a escuchar, a acoger mis palabras de Madre que sabe hasta dónde llega el amor del HIJO por ti, por cada persona…

Y tantas cosas haré por ti… porque así lo quiere Él… Él quiere que haga por ti y por todos lo que he hecho por Él…

Pero sobre todo y siempre te pediré algo muy importante y clave para adentrarte en el conocimiento de Jesús: déjate amar por Él… déjate lavar los pies por Él… aprende a recibir, dejando tu corazón abierto a la gratuidad de SU AMOR…

¿Sabes? Lo  más costoso para una madre es dejar que su hijo muera por ella… Esto he vivido yo… ¡cuántas veces hubiera querido sufrir y morir en su lugar…! Pero Yo necesitaba de su Salvación… por Él soy Inmaculada… y lo más grande que he recibido de mi Hijo ha sido precisamente su ofrenda, su sacrificio por mí.

Yo he aprendido a dejarme amar por Él, aunque he tenido que caminar paso a paso en este aprendizaje, a través de pequeños o grandes despojos, hasta llegar a la experiencia consumada de su sacrificio en la Cruz… Yo también puedo decir con razón “Me amó y se entregó por Mí”

Déjate amar por Él, acoge su amor… yo estaré contigo para ayudarte en este camino. “.

 

Vídeo

JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Aquí, el llanto por tu muerte,

aquí, el culto de tus llagas,

aquí, la piedad por tu cuerpo inmolado,

¡oh Jesús!

XTO

Dame, ¡oh Señor!

la devoción a tu Pasión;

hazme comprender la Cruz;

deja que una saludable conmoción

me haga participe del drama

de la muerte redentora

del Verbo encarnado.

Yo sé que no habré entendido nunca

suficientemente este misterio,

y nunca lo habré compartido y amado bastante.

No obstante, la naturaleza tiembla

ante tu cadáver;

se rasga el velo del templo,

se sacude la tierra,

las piedras se parten,

las tumbas se abren.

Conmueve, por fin,

¡oh Señor!

mi espíritu,

y deja que, mudo, me acerque

a la Madre Dolorosa

y aprenda a llorar.

PABLO VI

Vídeo

JESÚS AMA HASTA EL EXTREMO

Dejamos que algunas de las palabras de Jesús, pronunciadas tal día como hoy se graben en nuestro corazón y nos vayan introduciendo en su misterio de amor…

“Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros…”  (Lc 22,15)

Señor, es tu amor que anhela ofrecer el DON total de ti mismo… En la Eucaristía encuentro tu Ser con todo lo que ha dado de bondad, comprensión, amor substancial…

Allí te encuentro, Jesús, sanando, curando, amando… Tu AMOR realiza el milagro de tu presencia… Tú estás siempre con nosotros… Tú estás siempre conmigo… aquí te encuentro, te siento… ¡Gracias Señor!

lavar los pies

“¿Tú, Señor, lavarme los pies a mí…?” (Jn 13,6)

Me siento, como Pedro, incapaz de dar el salto a tu lógica…

Tú, Señor, me amas así, a mí… Tú me amas al punto de entregarte por mí… Y yo tengo tanta dificultad a dejarme amar, porque me resisto a ser como Tú…

Señor, ¡lávame!… no hace falta que te lo diga, hazme creer en tu amor absoluto e incomprensible por mí… ¡Llena de esta entrega mi corazón…!

Vosotros estáis limpios…” (Jn 13,10)

Yo estoy limpio, Señor, porque me amas… No es mi arrepentimiento, ni mi oferta de propósitos, ni mis peticiones de perdón… ¡qué poco es todo esto! Tu Amor es el que se adelanta y me hace capaz de bondad, belleza, confianza… Tu Amor, Señor, llevado hasta el extremo… Tu amor humilde…  

Jesús, creo en tu amor… Quisiera gustarlo hoy…

Creed también en Mí” (Jn 14,1)

Señor, hazme capaz de acoger tu humilde invitación: Creed en Mí, en lo que os he dicho, en lo que he hecho de bien, de milagro… Pero creed también en el misterio de mi entrega, de mi cruz, de mi amor hasta el extremo…

Creo, Jesús, en el misterio de tu amor… Creo que Tú vives por mí

Señor, soy yo quien necesita que Tú pases por todo esto, soy yo quien necesita que mi fragilidad, mi infidelidad… sea redimida por ti; por ti, que asumes las consecuencias del pecado y las vives hasta las últimas consecuencias: soledad, abandono, angustia, dolor, muerte…

Creo en tu amor que triunfa en la Cruz… Tú eres glorificado en la Cruz y glorificas al Padre en la Cruz, porque en la Cruz manifiestas el Poder del AMOR… “Tanto amo Dios al mundo que entregó a su Hijo” (Jn 3,16). Así manifiestas la gloria del Padre que es “que el hombre viva”, y el hombre vive por tu Cruz

“Permaneced en mi amor…” (Jn 15,19)

Señor, quisiera responder a tu invitación pero solo no puedo… Te lo pido en tu nombre mismo y por tu nombre… ¡Jesús, que yo permanezca en tu amor, guardando tu Palabra!

“Por ellos te ruego…” (Jn 17,9)

Por mí, Señor… Tú sigues orando por mí Tú, Jesús, intercedes por mí, cerca del Padre, para que Él me cuide y Él me envuelva en su Amor, me sostenga en su fidelidad, me guarde en su alianza eterna…

Por Ti, Jesús, por tu intercesión, porque en ti fui hecha… Dios me ama y me cuida

Tú deseas que hoy me preocupe sólo de dejarme amar, de acoger tu amor…

¿Por qué me es tan difícil dejarme amar por el Señor que tanto ha hecho por mí?… ¿Acaso no acabo de entrar en el misterio de lo que ha hecho por mí: Encarnarse, hacerse esclavo, quedarse hecho Pan…?

Señor, ayúdame a aceptar tu amor que me purifica; ayúdame a aceptar tu perdón, a aceptar que sólo Tú puedes santificarme… Yo, en el fondo, a pesar de mis intentos y fracasos, sigo pensando, creyendo, que puedo crecer sola en el amor, en la santidad… y no acabo de convencerme de que mi santificación, mi amor, es sólo obra de tu amor llevado hasta el extremo, de que lo bueno en mi puede brotar sólo de un corazón que ha gustado el amor del Señor.

Señor, hazme gustar, sentir y creer en tu amor infinito por mí…

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