LAS APARICIONES DEL RESUCITADO…

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“María Magdalena y las santas mujeres, que iban a embalsamar el cuerpo de Jesús (cf. Mc 16,1; Lc 24, 1), enterrado a prisa, en la tarde del Viernes Santo, por la llegada del Sábado (cf. Jn 19, 31. 42), fueron las primeras en encontrar al Resucitado (cf. Mt 28, 9-10; Jn 20, 11-18). Así las mujeres fueron las primeras mensajeras de la Resurrección de Cristo para los propios Apóstoles (cf. Lc 24, 9-10). Jesús se apareció en seguida a ellos, primero a Pedro, después a los Doce. Pedro, llamado a confirmar en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22, 31-32), ve por tanto al Resucitado antes que los demás, y sobre su testimonio es sobre el que la comunidad exclama: “¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!” (Lc 24, 34).(CIC 641)

Los relatos evangélicos nos presentan unas características comunes a algunas apariciones

  •  El Cristo Resucitado es un Cristo que quita el miedo“no temáis…” (Mt 28,10)

Él siente la alegría de quitar el miedo a sus discípulos que están con las puertas cerradas y no se atreven a salir. Los únicos descarriadillos son Tomás, que sale y se marcha de ahí, y los dos de Emaús; pero los demás están apiñados porque  el miedo les atenaza… Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con vosotros!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor” (Jn 20,19-20).

Cristo Jesús libera del miedo, ensancha los corazones, da la esperanza de su cercanía, e invita hasta a palpar sus llagas para que se quite el miedo y se fortalezca la fe… “Luego dijo a Tomás: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe”” (Jn 20,27).Hoy Jesús vivo, resucitado sigue dirigiéndonos la misma invitación: “no temáis”; quiere liberarnos del miedo que nos quita la paz.

  • El Cristo Resucitado es un Cristo que se fía de las personas.

Él se sigue fiándose de los que le habían abandonado, les infunde confianza, y desde esta confianza, da la misión: “Seréis mis testigos…” (Lc 24,48)  “Id, pues, y haced que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo os he mandado. Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo” (Lc 28,19-20).

Recuerda las preguntas a Pedro: Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?” Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”. Le volvió a decir por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le respondió: “Sí, Señor, sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas”. Le preguntó por tercera vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: “Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas”” (Jn 21,15-17)… A Pedro no le hace volver sobre sus faltas, sino sencillamente le dice que se va a fiar de él.

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  •  El Cristo Resucitado es un Cristo que ayuda

Ayuda a entender que no ha habido ningún fracaso con su muerte… ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?” Y comenzando por Moisés y continuando con todos los Profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él” (Lc 24,26-27)… Después les dijo: “Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos”. Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: “Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día” (Lc 24,44-46).

Ayuda a sus discípulos en la pesca, es decir, les ayuda en una faena que no habían logrado realizar ellos por sí solos… Jesús les dijo: “Muchachos, ¿tienen algo para comer?”. Ellos respondieron: “No”. Él les dijo: “Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán”. Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla” (Jn 21,5-6).

Les ayuda a creer.  Les ayuda, mandando su Espíritu, dándoles su Espíritu… sopló sobre ellos y añadió:”Reciban el Espíritu Santo” (Jn 20,22)… “Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto” (Jn 24,49)… Y goza ayudándoles porque los ama.

  • El Cristo Resucitado es un Cristo que da la paz“La paz esté con vosotros” (Lc 24,36)

“Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con vosotros!” Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con vosotros!… Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con vosotros!” (Jn 20,19-21a. 26)

Infunde en el corazón de sus discípulos la misma paz que les había prometido en el Sermón de la Cena; esa paz que no es la que da el mundo, ni una paz que se derrumba fácilmente, porque Él mismo es la paz sustancial.

  • El Cristo Resucitado es un Cristo que envía, da la misión

Y este envío está unido a la confianza… “Id, pues y haced que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo” (Mt 28,19-20). Envía después de haber llamado al enviado por su nombre. Siente la alegría de Jesús cuando llama por su nombre a María Magdalena. Jesús le dijo: “¡María!” Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: “¡Raboní!”, es decir, “¡Maestro!”Jesús le dijo: “No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: “Subo a mi Padre, y vuestro Padre; a mi Dios, y vuestro Dios”. María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras…Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, yo también os envío a vosotros”. (Jn 20,16-18.21)

  • El Cristo Resucitado es un Cristo que “se disfraza”

Con los de Emaús… ¡No parecía que era el Señor! “Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran”(Lc 24,15-16) Es  este un reto para los creyentes, un desafío, a reconocer a Cristo “disfrazado”.

  • Cristo Resucitado es el mismo Jesús de Nazaret pero es distinto

Se manifiesta de manera diferente, según las circunstancias en las que los demás están metidos, para facilitarles la comprensión de los hechos… Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él… Jesús les dijo: “Venid a comer”. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres?”, porque sabían que era el Señor” (Jn 21,4.12).  A los de Emaús se aparece como peregrino. Ellos, después, descubren en la fe, en sus palabras y en el partir el pan, que es Jesús Resucitado. “Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24,30-32)

  • El Cristo Resucitado es un Cristo siempre nuevo

Es un Cristo que se nos revela en una faceta nueva… Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu…Mirad mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tocadme y ved. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer… Pero Jesús les preguntó: “¿Tenéis aquí algo para comer? Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; él lo tomó y lo comió delante de todos” (Jn 24,37-43)

Justo cuando creemos que le hemos conocido y que le conocemos, se manifiesta de otra manera, nos revela otra faceta; sencillamente para que nosotros vayamos caminando poquito a poquito en asimilar, en vivenciar todas las facetas de su ser.

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CREO QUE JESÚS HA RESUCITADO Y VIVE

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“Os anunciamos la Buena Nueva de que la Promesa hecha a los padres Dios la ha cumplido en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús” (Hch13, 32-33)

“…La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradición, establecida en los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio Pascual al mismo tiempo que la Cruz:

Cristo ha resucitado de los muertos, con su muerte ha vencido a la muerte.

Y a los muertos ha dado la vida. (Liturgia bizantina: Tropario del día de Pascua)” (CIC 638)

 

En la Pasión, escuchamos el desgarrado grito de desamparo que resuena en los labios de Jesús en cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”(Mt 27,46); grito que resume toda la situación de aflicción de la humanidad. A este grito responde en la noche del sábado santo y en el día dePascua, un gozoso grito de fe y de esperanza: ¡Cristo ha resucitado!… De fe, porque anuncia lo que, por siempre, ha acaecido a Cristo; de esperanza porque anuncia lo que espera a todos los hombres y mujeres de la tierra cuando lo verán resucitado en la plenitud de su gloria deslumbrante.

La certeza de aquel grito de alegría proclama que todo el abismo del mal del mundo ha sido engullido por un abismo de bien; que toda muerte tiene ya su contrapeso de vida; que toda crisis tiene ya su superación y toda tristeza tiene ya su gozo…

Nuestra existencia humana está inclinada a empequeñecer las esperanzas, a reducirlas de día en día, ante las desilusiones; y nuestra tristeza nos lleva, a menudo, a rehusar palabras de consuelo, porque no tenemos una idea exacta de la liberación traída por Jesús Resucitado. Él ha inaugurado, de verdad, un mundo nuevo que entra en medio de nosotros en cuanto que la Pascua es una re-creación, una nueva creación de la humanidad.

La Resurrección de Jesús es un hecho histórico, de significado cósmico, es el comienzo de la transformación global del mundo; es un acontecimiento de significado más allá  de toda época, porque transforma el sentido de la historia e indica su verdadera dirección… Un acontecimiento único y, además, un acontecimientoextraordinario, que revela una espera constante y universal, escrita en el corazón de todo hombre y de toda mujer.

Un acontecimiento único: nunca ha ocurrido un hecho similar de fe en la resurrección definitiva y gloriosa de un hombre, cuya vida, muerte y sepultura está documentada. No ha ocurrido en ninguna otra religión, aunque haya habido jefes religiosos con elevada doctrina espiritual. De sólo Jesús de Nazaret, los discípulos e, incluso los adversarios, han afirmado haberle encontrado resucitado y han creído que vive ahora, en la plenitud de la vida divina, y permanece también con nosotros por el poder de su Espíritu.
Un acontecimiento extraordinario, pero que manifiesta una ley universal. Esto revela que la resurrección de Cristo responde a las intuiciones, a las esperanzas de un destino humano abierto al futuro; que viene al encuentro de nuestro deseo de que la muerte no sea la última palabra de la vida, que el poner la losa de la tumba no sea el último acto de nuestra existencia… El estallido histórico de la noticia de que Jesús ha resucitado y  ha aparecido a los suyos transforma las esperanzas humanas en una luz brillante, permitiéndonos ver, en Él, la primicia de nuestra resurrección, la certeza de una vida que no desaparecerá.

En el Resucitado está glorificado un fragmento de historia, del cosmos, como signo y comienzo del destino del género humano y del entero cosmos, del hombre y de la mujer llamados a formar el gran cuerpo de la humanidad resucitada en Cristo…

La Resurrección de Jesús tiene, por tanto, el sentido de un definitivo estar salvada la existencia humana, como obra de Dios y delante de Él.

Es verdad que en el nuevo horizonte, derivado de la Resurrección de Cristo, todavía está presente el sufrimiento, la hostilidad, la fatiga, la violencia, las guerras… y así nos preguntamos: Pero ¿dónde está el cambio que habría operado el Resucitado? La respuesta es sencilla: la Pascua de Jesús no nos transfiere automáticamente al reino de los sueños; nos alcanza al corazón para hacernos recorrer con gozo y esperanza aquel camino de purificación y de autenticidad, de revisión de nuestro comportamiento, que tiene como telón de fondo la certeza de una vida que no muere más.

La Pascua no nos devuelve a un mundo irreal, sino más bien a una existencia auténtica, una existencia de fe, de esperanza, de amor. Una fe que es fuente de alegría y paz interior; una esperanza que es más fuerte que las desilusiones; un amor que es más fuerte que todo egoísmo… El Resucitado está con nosotros y, junto a Él,somos capaces de vencer el mal con el bien, de sacar del mal el bien mayor. Ésta es la fuerza y la novedad de la Pascua.