24 de Diciembre

“…vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús” (Lc 1,31)

María, ya has llegado a Belén… ya ha llegado la hora… “vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús” (Lc 1,31)… Tu cuerpo está cansado… tu corazón espera con todo el amor que cabe en él, el que Dios te regala para que ames infinitamente, con su medida, al NIÑO que está para nacer, SU Hijo y TU Hijo…

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María, ayúdame a creer que Jesús nace hoy y aquí, a acoger a Jesús que viene… viene siempre… Y viene en la normalidad… la normalidad de un niño cualquiera, gestado en ti, carne de tu carne… Viene en la normalidad de unos días envueltos en la rutina de una existencia sencilla, la de los pobres… unos días que no tienen nada de espectacular, marcados por el ritmo de un trabajo sin brillo… en la normalidad de los vaivenes de los sentimientos…

Él viene así, sencillamente… Y quiere que yo le reconozca y descubra así, no como sueño que venga o como me gustaría que viniera…

María, ponme con Jesús… Enséñame a amar el silencio, el silencio de la Noche Buena en el que sólo resuene el canto de los Ángeles y el asombro de los pastores… Enséñame el saber estar con tu Hijo como TÚ, acogiéndolo y mostrándolo a los que desean conocerlo.; en la “normalidad”, que es la garantía de la verdad de su venida a mi corazón…

EN CAMINO HACIA BELEN – DIALOGOS CON MARIA

¿Qué pasaría si estos días que preceden la fiesta de Navidad dedicáramos algunos momentos  a contemplar a María y José en su camino hacia Belén?…

Contemplar es “estar”… dejarse alcanzar por los sentimientos de la persona a quien miramos… ¿Por qué entonces no nos ponemos a tiro de María y José que viven una situación  especial, la de unos pobres que afrontan un viaje con lo justito, para obedecer a un decreto no fácilmente comprensible?…

Lo que contemplamos no pertenece al pasado… Es el “eterno hoy” que cala en la historia y nos alcanza a cada uno, en la situación en la que cada uno se encuentra, para envolver en eternidad nuestro fragmento de espacio y de tiempo…

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16/12

“Regocíjate, hija de Sion, grita de alegría… ” (Zac 9,9) María, HOY comienza, según la tradición de la Iglesia, tu viaje a Belén… Es un momento de contradicción, de dolor, de preocupación para ti y José… Pero en los preparativos del viaje, sencillos -¡tenéis tan pocas cosas para llevar!- aunque pesados para ti, te acompaña la palabra del profeta: “Regocíjate, hija de Sion, grita de alegría… ” (Zac 9,9) María esta palabra es para ti… es el eco de la palabra del Ángel “¡Alégrate!…” Y el motivo del gozo es claro: el Señor ha cancelado la condena del pueblo… Ya no hay motivo de temor, Él trae la salvación y la trae en ti, María. Eres Tú la portadora de la salvación, del hijo de Dios que viene a salvar el pueblo y ha encontrado en ti la tienda donde acampar y prepararse antes de mostrarse al mundo… Realmente DIOS, nuestro Dios, se complace en ti, María. Ha pensado desde siempre en ti para ser la Madre de su Hijo… Realmente puedes escuchar, como dichas para ti, estas otras palabras proféticas: “Dios se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como un día de fiesta” (Sof 3,17-18). El cansancio del trabajo se desvanece. Tu alma canta de gozo, todo tu ser, envuelto en gozo, ilumina tu entorno, tu quehacer… María, hazme gustar la alegría de la presencia del DIOS SALVADOR que Tú traes… Tú quieres que yo también viva la alegría de la entrega de la presencia del Señor Jesús en mí… Y el apóstol nos dice especialmente en estos días: “Estad alegre porque el Señor está cerca”… y nos habla de oración, de súplica y de acción de gracias (cf. Flp 4,4-6)… María, llena mi corazón de AGRADECIMIENTO Y CONFIANZA.

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17/12

“…el Señor Dios le dará el trono de David, su padre” (Lc 1,32) María, tu imagen de mujer en camino con José me enternece… Os habéis parado en una nueva posada, solos, tranquilos… Habéis tomado algo… Me he dado cuenta de que José quería comentarte algo, algo relacionado con el Niño, con el anuncio… El Niño que heredará el trono de David su padre, el Niño que va a nacer es Hijo de Dios y tuyo humanamente, exclusivamente tuyo… Pero se enlaza con la casa de David por José… Es por él que el niño se entronca históricamente en la descendencia de David. ¡Es un misterio pero es así!… Tú le ofreces todo… tu carne será la suya, tu sangre la suya, tu vida correrá por sus venas… El Niño es todo tuyo, todo… Y José lo sabe, pero es por él que será descendiente de David. Es José quien garantiza que el trono que heredará Jesús es el trono de David su padre… “Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin” (Lc 1,32-33) María, tu vives el misterio de ser madre virgen… Milagrosamente Tú experimentas el misterio de la vida del Hijo de Dios en TI… José, tú también lo vives… María y José, que yo acoja el misterio del Verbo encarnado en mi vida y que adore al Verbo de Dios en este misterio, como vosotros lo hicisteis.   JOR3

18/12

“Oh Dios, Tú eres mi Dios” (Sal 62,2) María, te acompaño en el camino… quiero ayudarte, salir al paso de dificultades que podáis encontrar. Pero Tú eres muy joven y pese a tu estado eres ligera, ágil… Te sientas en una piedra, apoyada al tronco de un árbol… Me siento a tu lado y escucho… Me cuentas lo duro que fue para ti el momento de explicar a José tu estado de gestación… viste su asombro, su dolor, su inquietud… Se alejó de ti… Él no quería dar paso en su corazón a la duda, pero no podía evitar las preguntas: ¿estoy ante el misterio? ¿Dios qué quiere de mí?… Te quedaste sola y con mucho dolor… por él, por el niño. Te echaste en el colchón para descansar pero el sueño no llegaba… La noche recogía tu plegaria, la plegaria rumiada en el corazón: “Oh Dios, Tú eres mi Dios” (Sal 62,2)… “llevo tu ley en mis entrañas” (Sal 40,9)… ”Nada es imposible para Ti” (cf. Lc 1,37)… Te dormiste, María, y despertaste con la primera luz del día y a la vez con la percepción de una presencia, la de José, que en el umbral de la puerta esperaba… Le abriste y entró… Te miró y acogió entre sus brazos. Su abrazo expresaba el abrazo de Dios. José te abrazaba y, al abrazarte, abrazaba el misterio que le había sido revelado en sueños… Al abrazarte se adhería plenamente al plan de Dios, como Tú… Los dos para Dios y nada más que para ÉL… Y entre vosotros, con vosotros, el Hijo… Con vosotros “el Señor, nuestra justicia” (Jer 23,6), porque el Hijo es Aquel que viene a salvar al pueblo de sus pecados… María, aún te emociona el recuerdo de aquel momento. Te emociona la grandeza y la humildad de José… María, ayúdame a adorar el misterio que llevas dentro de ti… el misterio del “DIOS CON NOSOTROS” (Mt 1,22).

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19/12

“…mis planes no son vuestros planes” (Is 55,8) María, en el camino fluyen a tu corazón los recuerdos… Los quieres compartir… Son recuerdos que rezuman el calor, la belleza de la presencia providente de tu DIOS Y SEÑOR… Recuerdas todo lo que le sucedió a Isabel tu prima… fue el acontecimiento del anuncio a Zacarías que ella te contó en sus pormenores, pues Tú sabías sólo lo que el Ángel te había dicho… Escuchaste de su boca lo que ellos habían sufrido por la esterilidad de Isabel, por el deseo no realizado de tener un hijo… Tú la habías escuchado extrañada… En ti no había ningún deseo de un hijo… Tu corazón y sus deseos iban por otros derroteros, los derroteros del querer de Dios… No había asomado a tu corazón el anhelo de la maternidad. Tu vinculación a Dios te hacia vivir en la atmosfera de lo desconocido… de lo que es de ÉL y se escapa a los humanos… en palabras suya: “mis planes no son vuestros planes” (Is 55,8). Comprendiste el gozo de Isabel cuando comenzaste a vivir el milagro de tu maternidad, comprendiste, cuando el Espíritu Santo te visitó, lo que significa dar vida… Y entonces te sentiste más vinculada a Dios que te hacía generadora de vida, porque éste era su plan… Zacarías vivió un silencio obligado, por su desconfianza… Tú viviste el silencio de la confianza, del abandono al misterio, hasta que pudiste hablar con tu prima, recibir de ella la confirmación de la palabra recibida, hasta que ya José recibió la confirmación de Dios… Todo esto queda atrás, es experiencia pasada… Ahora queda el gozo de lo que vives cada día, de la VIDA que late en TI y que será VIDA para la humanidad entera… Y Tú ya sientes la PLENITUD de esta VIDA que ha empezado a existir en la historia desde que tu corazón dijo el “HÁGASE” (Lc 1,38)… eco del “HÁGASE” de la creación (cf. Gn 1,3ss)… María, introdúceme en el saboreo de tu gozo, de tu paz… María, ayúdame a adorar la VIDA que llevas en TI, a mi SALVADOR…

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20/12

“…eres la llena de gracia” (Lc 1,28) María, hoy es el Sagrario el que me lleva al camino de Belén… Se me hacia algo difícil contemplar, situándome en el hoy. Sin embargo, mirando al Sagrario siento que en Jesús Eucaristía se actualizan todos los misterios de su vida, que en él se salva la distancia espacio-temporal entre el ayer y el hoy. Se me hace más fácil creer que “nos ha nacido un Salvador” (Lc 2,11)… creer en el hecho de la presencia del acontecimiento salvífico del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, con todo lo que lo rodeó, hoy y aquí… Así, María, te sigo en tu camino escuchando tus recuerdos… La voz de Dios que te sacudió de tu silencio, de tu normalidad, despertándote a lo nuevo e inesperado…Y la palabra: “Alégrate” (Lc 1,28)… Antes que nada sentiste la fuerza de una invitación al gozo… ¿Por qué?… “porque has encontrado gracia ante Dios” (Lc 1,30), no sólo… porque “eres la llena de gracia” (Lc 1,28), que es mucho más… Aún sientes el asombro frente a esa palabra, pese a que el Niño que llevas dentro de TI te hace tocar la GRACIA… Él ES LA GRACIA… Aquel “el Señor está contigo” (Lc 1,28) hoy adquiere otro sentido, mientras sigues, ya cansada, tu caminar hacia Belén… María, El SEÑOR está en TI… ES TUYO… TUYA ES LA GRACIA… Pero Tú la vives en “desprendimiento” porque todo es de Dios; tu Hijo también es TUYO, pero es de DIOS… María, ayúdame a escuchar la GRACIA que está en ti, que está en mí… que invade el mundo.

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21/12

“…mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador” (Lc 1,46-47) María, en la soledad de una Iglesia, ante un Sagrario, al que tantas veces miro con fe, o pidiendo aumento de fe, hoy me es fácil… ¡no sé por qué! franquear la puerta y hacerme presente al misterio de tu caminar hacia Belén, primer sagrario viviente de la historia. María, me pregunto si mis sentimientos frente al misterio que vives son frutos de vivencias acumuladas en la vida, expresión de ternura humana ante un hecho que suscita en cualquiera este sentimiento, o expresión de una fe honda en el misterio de un Dios que realmente se abaja, desciende, ME SALVA, haciéndose carne EN TI… que el Hijo que Tú llevas y está para nacer es realmente el Hijo de Dios… María, concédeme el gozo de creer que tu Hijo Jesús es el que me atrae, con la nueva lógica que trae, aunque yo no la viva… que me atrae su manera de hacerse al hombre siendo hombre, de hacerse semejante a los que ama… que me atrae Él, tu Hijo e Hijo de Dios. María, haz que como a Juan, en el seno de Isabel, a mí también me llene de gozo Él, tu Hijo, el Hijo de Dios que viene a salvarme… ¡Eres feliz, María, porque has creído que se cumplirían las cosas que te fueron dichas de parte del Señor! (cf. Lc 1,45)… Contigo y como Tú quiero proclamar: “Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador” (Lc 1,46-47).

 

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22/12

“Engrandece mi alma al Señor…” (Lc 1,46) María, necesitas descansar… te paras a la orilla del camino, en un descampado amplio. Te cobija la sombra de un árbol… A medida que se acerca el día del nacimiento del NIÑO, la apertura de tu corazón a Dios se hace más grande… A tus labios afloran las palabras del Magníficat… La grandeza del Señor aparece en toda su belleza y magnitud, porque tocas las maravillas que se realizan en ti… tocas la presencia del Hijo de Dios en ti… su dependencia total de ti… Y esto es asombroso… Y no cabe otra palabra ni otra actitud que ésta: “Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre” (Lc 1,46-49) A la vez tocas tu pequeñez… una pequeñez engrandecida, y la tocas de verdad…Yo soy la que veo tu belleza, tus dones, tus privilegios… y a distancia de tiempo, la fuerza de la devoción y amor hacia TI, consolidada en los siglos, hace que tu grandeza nos y me vislumbre… Y me dificulte a veces trasladarme a tu realidad de criatura que vive en situación de contemporaneidad los maravillosos sucesos que llena tu vida…Tu sentías de veras tu pequeñez, tu humillación…y la veías perdida en la asombrosa bondad de tu Dios que te había escogido como madre de SU Hijo… y más veías lo asombroso, extraordinario de lo que te sucedía, más tocabas tu pequeñez, tu creaturalidad… María, hazme tocar mi “ser nada” y el TODO de Dios. María, haz que yo sepa saborear tu Magníficat, descansar en mi insignificancia que El dignifica… María, me es difícil esta tarde encontrar en el misterio de la Eucaristía el acontecimiento que tú vives, tu espera del Niño…Es como si me diera pena el no poder “tocar” la realidad física del acontecimiento…Pero Tu María me sales al paso con tu paz, con tu realismo…Tu quieres que yo me abra al misterio total. HOY y AQUÍ estás TÚ esperando al NIÑO… Quieres que yo viva la otra secuencia del Magníficat, que yo pase adelante… que yo diga, COMO TU, Sí a la pobreza, a la humildad, como lo hiciste Tu, en la FE y ENTREGA a tu Dios… ¡Hazme capaz de ello!…

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23/12

“Él será nuestra Paz…” (Miq 5,5) María, ¿cómo no recordar pasajes proféticos, al acercarse el día del Nacimiento de Jesús?… ¿Cómo no pensar en ti escuchando este pasaje lectura de Miqueas?: “Mas tú, Belén Efratá, aunque eres la más pequeña entre todas las familias de Judá, de ti me ha de salir Aquel que ha de dominar en Israel, y cuyos orígenes son de antigüedad, desde los días de de la eternidad. Por eso, Él los abandonará hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel. Él se alzará y pastoreará su rebaño con el poder del Señor, con la majestad del nombre del Señor su Dios. Se asentarán bien, porque Él será grande hasta los confines de la tierra. Él será nuestra Paz…” (Miq 5, 2-5). Te acercas a Belén, una pequeña aldea… todo es pequeño para Él y para ti. Todo tiene que hablar de pequeñez y humildad y a la vez todo remite a ti… Eres el centro de la profecía, “la que ha de dar a luz”… Y los pueblos vuelven a Dios por el poder de Aquel que pastoreará con la fuerza del Señor… Y habitarán tranquilos porque Él se mostrará grande hasta los confines de la tierra, y “Él será nuestra paz”… María, el Niño que llevas me salva de mi “mundillo interior”… Contigo, con Él y con José siempre vuelve la paz a mi corazón. María, tú aún no sabes hasta dónde puede y va a llegar la entrega de Jesús, Verbo del Padre, que con su ENCARNACIÓN en ti, se ha hecho semejante a los que ama. Pero sabes y experimentas la bajada de todo un Dios en ti, “pequeña y humilde”… Así te has definido en la verdad que vives y sientes de ti misma… Sabes que Jesús, tu Hijo, ha trastocado el orden “lógico” de valores religiosos y humanos. Sabes que algo está pasando de grande en el mundo de lo sagrado judío… Sientes que ya nada valdrán sacrificios y holocaustos, porque Dios encarnado en ti, viene a anular todo sacrificio… Ahora lo que vale es SU ENTREGA. Tú vas rumiando las profecías, la historia de tu pueblo… y la PALABRA que crece en ti hecha carne va proyectando su calor y su luz a tu ser… Tú no puedes entender mucho, pero sí experimentas la certeza de lo nuevo y asombroso que ha empezado contigo y por ti… María, hazme caminar siempre en la certeza de la fe…

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24/12 “…vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús” (Lc 1,31) María, ya has llegado a Belén… ya ha llegado la hora… “vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús” (Lc 1,31)… Tu cuerpo está cansado… tu corazón espera con todo el amor que cabe en él, el que Dios te regala para que ames infinitamente, con su medida, al NIÑO que está para nacer, SU Hijo y TU Hijo…

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YO SOY LA INMACULADA CONCEPCION

 

YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN

 

Era el 8 de diciembre del año 1854… La Iglesia universalcantaba alabanzas a María, la Inmaculada… Los templos católicos del mundo entero hacían resonar sus campanas…Un rayo de luz traspasaba las nubes de un cielo romanogris y, filtrándose a través de las vidrieras, cruzaba el lugar donde el Papa, reunido en la Basílica de San Pedro, con los Obispos que pudieron acudir, declaraba el dogma de la INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA.

Ese gozo de la Iglesia, que alcanzaba los lugares del “orbe católico”, llegaba seguramente hasta un rincón de los Pirineos franceses, en una ciudad pequeña, Lourdes…Pero quizás encontraba allí, totalmente ajena a tan gran acontecimiento, a una jovencita pobre, enfermiza, que ese día, como tantos otros, pastoreaba sus ovejas en Bartrés. Lejos, muy lejos, estaba ella, Bernardita Soubirous, de pensar que era la elegida de Dios para ratificar la declaración, hecha por la Iglesia, de que María, la Madre de Jesús, había sido “concebida sin mancha de pecado”.

 

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Cuatro años después, efectivamente, la misma Madre de Jesús, se acercaba físicamente a esta niña…Después de unos encuentros en una cueva sucia, desangelada, donde se refugiaban los cerdos, se daba a conocer con estas palabras que eran para el mundo una definición clara y sorpréndete sí misma: “Soyla Inmaculada Concepción”…

La niña, después de haber recibido el mensaje, fue repitiendo por el camino esta frase misteriosa eincomprensible para ella, temerosa de olvidarla… No estaba a su alcance entender el sentido de tal expresión.Para ella todo seguía igual, nada cambió… Las personasque la rodeaban estaban desconcertadas, pero para ellaaquella mujer que se le aparecía en la gruta, pese a haberse declarado así, “la Inmaculada”, seguía siendosiempre “la Señora”… Y desde entonces sigue siendotambién nuestra Señora…

La declaración oficial del dogma estuvo revestida de solemnidad ritual, de grandeza eclesial… La confirmación experiencial del mismo se nos dio en una cuevaabandonada…

Cuando María se apareció a Bernardita el cielo tocó la tierra… Pero esta experiencia no fue limitada a ese fragmento de tiempo. Aquello del cielo que toca la tierra sigue ahora en Lourdes… En cada momento, en cadapersona que se acerque a aquel lugar hay un poco de cielo que María hace brotar… Gestos, silencios, palabras, seimpregnan de este pedazo de cielo que Dios ha dejado caer en este rincón de los Pirineos. El cielo sigue tocando la tierra a través de esta presencia misteriosa y viva de MaríaInmaculada, la Madre de Jesús que sigue diciendo al corazón de sus hijos: “Él está vivo”… “pedid y se os dará”… “haced lo que Él os diga”…

A esta jovencita que Dios destinó para que el mundo se asomara al misterio mariano de la vida de Jesús, cuyos comienzos se pierden en la eternidad del pensamiento de Dios y que la Escritura nos relata… “una mujer aplastarátu cabeza”; a esta jovencita que no entendía el sentido de la palabra recibida, se le concedió el privilegio de ser “formada por María”, de ser conducida por Ella en el corazón del misterio cristiano…

Lo más importante de las apariciones para Bernardita fuela enseñanza silenciosa de María. Pocas fueron sus palabras, quizás palabras clave, pero grande el mensaje vital transmitido. Una corriente de comunicación se estableció entre las dos… Tiempos de silencio sin más palabras que un rosario desgranado, a veces sin ser nipronunciado… Y en esos tiempos la fe, la obediencia, el servicio, la disponibilidad, la humildad, en definitiva la vida de María contagiaron la personalidad de Bernardita que se convirtió en evangelio vivo de Jesús…

María no desdeñó aparecerse en una cueva de cerdos para ratificar la verdad sobre su misterio. Su ser inmaculado entraba en lo más sucio y repugnante, así como entra en el corazón de tantos hijos que necesitamos limpiarnos de nuestra pecaminosidad.

A la pequeña Bernardita sólo le importaba la belleza de la Señora y lo que de Ella se desprendía… Lo que toca su corazón es que “la Señora” la trata como persona… “Me mira como una persona mira a otra persona”.

HOY todo sigue igual en la fe… Cada persona se siente mirada por María, la imagen es la misma, pero más allá de la imagen cada quien encuentra la persona de María, tal como su fe la ofrece a su corazón. Es la persona que abre su ser vacio, su espacio habitable, para que quien lo desee entre hasta allí, se deje formar por Ella y entre en contacto con el Hijo.

Ha pasado mucho tiempo… María sigue allí, en la gruta de Massabielle, ofreciendo la contemplación de su misterio de Inmaculada a miles de personas que acuden a Ella de todas las partes del mundo… Cada uno lleva ante Ella y deja en su Corazón su propio misterio y recibe la respuesta que necesita… Más allá de todo racionalismo crítico que puede poner en tela de juicio la “coherencia” o la “verdad” o la “oportunidad” de gestos, palabras, acciones de los peregrinos, hay una verdad: Allí ante María, la Inmaculada, la “agraciada” de Dios, la Madre de Jesús, crece la fe, la bondad, la limpieza de corazón, la solidaridad, la confianza, la oración, el abandono, la penitencia como camino de conversión, la humildad, la pobreza y la centralidad de Dios… Porque María siempre sabe estar en su sitio y encaminar a las personas hacia elAutor de la gracia, hacia Aquel a quien Ella misma, agradecida, dice: “por ti, Jesús, soy Inmaculada”…

Hoy, mucha gente irá con el corazón a Lourdes recordará… y rezará…

“María, casi siento el frio de la roca en mi frente”

​​Virgen de la roca, fortalece mi fe, la de los jóvenes, del mundo entero

“María, casi siento el ruido del río”

​​Virgen del Gave, haz que mi vida se deslice siempre bajo tu mirada

“María, no me cuesta ver tu imagen iluminada por las velas en la noche”

Virgen de la luz, ilumina lo oscuro de mi conciencia, aquello que todavía para mi es misterio

“María, casi percibo el frescor del agua”

​​Virgen del agua, llévame de tu mano a saborear y gustar el agua viva

“María, gozo al sentirme a tu lado miembro de un pueblo numeroso”

Virgen de las muchedumbres, haz que no me olvide de ser hermana de ese gran pueblo que es la humanidad

“María, me es fácil oír el murmullo de las súplicas de la gente”

Virgen de la oración, transforma mis oraciones en oración gratuita, desinteresada, abierta a las necesidades de los demás

“María, afloran a mi corazón las necesidades palpables de la gente”

​​Virgen del consuelo, concédeme la consolación para consolar