SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO…

En la intimidad de la última Cena, la tarde del Jueves Santo, Jesús dice a los discípulos palabras misteriosas que estos fueron comprendiendo poco a poco después de su Resurrección… “yo vivo y vosotros viviréis”… Jesús va hacia la muerte y habla de vida…

Es que Juan, testigo de la Resurrección, escribe ese Sermón y nos lo entrega, diciéndonos lo que había dicho Jesús, pero diciéndolo desde la certeza que él tenía de que se había cumplido lo que Jesús había dicho en la Cena: “Aquel día, vosotros comprenderéis que Yo estoy en el Padre, vosotros en Mí y Yo en vosotros…”

Entrar en el misterio que estas palabras de Jesús encierran es entrar en lo que constituye el motivo del verdadero gozo del cristiano, de su felicidad… Yo estoy en vosotros… Jesús no está solo con nosotros, sino en nosotros.

Nadie puede decir: estoy en el otro, realmente. Sólo Jesús Resucitado puede decir: “Estoy en vosotros”. El convencimiento de esta realidad, incomprensible humanamente, puede brotar solamente de la experiencia de fe que el Señor nos regala y que nosotros pedimos con sencillez de corazón. Así podemos compartir la alegría de Jesús de estar en cada persona humana.

Por eso, sigue diciendo, “os alegraréis de que Yo me vaya”... ¿Cómo puede decir a sus amigos que se van a alegrar de que se vaya? Ellos no entendieron… Y es que solamente a esta luz se puede entender... “Os alegraréis de que Yo me vaya, porque si Yo me voy y resucito, y vengo a vosotros de otra manera, entonces estaré con vosotros, dentro de vosotros, siendo vuestra alegría y teniendo Yo mismo la dicha de estar en vosotros…”

La Resurrección es un hecho real en nuestra fe, pero es fría si no la experimentamos.

STom+ísQuizás hoy podríamos pedir la intercesión del apóstol Tomás… Él había oído estas palabras, pero no acababa de aceptar lo que los amigos le había dicho: “Hemos visto al Señor” (Jn 20,25). Tomás es incrédulo… “Si no veo en sus manos la marca de sus clavos y no meto el dedo por el agujero, si no meto la mano por su costado, no creeré” (Jn 20,25).

Necesita tocar y Jesús le sale al paso; vuelve otra vez… “Mete aquí el dedo y mira mis manos; trae la mano y métela en mi costado y no seas incrédulo, antes cree” (Jn 20,27).

Agradecemos la incredulidad de Tomás que hizo que brotara de su corazón la más bonita expresión de fe: “Señor mío y Dios mío” (Jn 20,28)… palabras repetidas por los labios y el corazón de tantos creyentes… y otras aún más consoladora para nosotros, para cada uno de los que creemos en Él: “Dichosos los que crean sin haber visto” (Jn 20,29).

Todo el que tenga fe es bienaventurado, se hace discípulo del Señor, aunque no lo haya visto con los ojos del cuerpo… La visión de fe es el único modo de entrar en contacto con ÉL, vivo y resucitado.

Siéntete dichoso porque crees sin haber visto… Goza con la presencia VIVA y llena de AMOR de Aquel en quién crees.

2-Reyes-Eliseo-panes-cebadaTe pedimos, Señor, ser capaces de decir nuestro “sí” también a este nuevo modo tuyo de presencia. No es todavía la presencia de la libertad de nuestro cuerpo, de la libertad de la gloria de los hijos de Dios, pero es tu presencia cierta, que nos vivifica, que nos es suficiente.

Te damos gracias, Señor, por este pan cotidiano de tu presencia, que nos das en la Eucaristía y en todas las experiencias de Iglesia. Te pedimos, por intercesión de tu Madre, abrir los ojos a estas experiencias de vida resucitada, a no empeñarnos en querer cosas distintas, a reconocer con alegría que Tú estás ya con nosotros y en nosotros.

Haz, Señor, que en la ambigüedad de nuestras experiencias, sepamos poner el dedo y los ojos allí donde Tú te manifiestas a nosotros en tu verdad. Transfórmanos, Señor, en esta verdad y haz que te busquemos con amor, con afecto, con simplicidad de amistad, con humildad y entrega.

 

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Encuentro de Jesús con María… PARA SIEMPRE

Es el amanecer del primer día de la semana… Es muy de mañana…

María, te ha rendido el sueño… Tu respiración es serena, todo tu cuerpo respira paz, tu sueño tranquilo hace pensar en las palabras del salmista “en paz me acuesto y enseguida me duerno porque Tú sólo, Señor, me haces vivir tranquilo…” ¡Tú sólo Señor! Es Él, María, que infunde paz a tu vida, te envuelve en seguridad; tu sueño de hoy después de lo vivido, terriblemente doloroso, es el mismo sueño al que te rendías después de haber dormido a Jesús Niño, o después de un día de trabajo en Nazaret, o un día cargado siempre de interrogantes sobre la suerte de tu Hijo… te dormiste envuelta en una espera contemplativa cargada de recuerdos, con el dolor hondo de tu corazón, matizado por la consolación del Señor que te viene de la fe en las promesas de Dios…

RESUCTUn viento suave, fresco, te acaricia primero el rostro, luego un estallido de vida en este amanecer alegre, perfumado, que casi brota en tu mismo ser, te hace incorporar y levantar… ES JESÚS… es la luz de Jesús vivo que te envuelve, hecho abrazo tierno, largo, gozoso, alegre, de Hijo que viene a visitarte resucitado… a Ti, María, la primera…

Y te llama MADRE, con el cariño con el que siempre lo ha hecho, con agradecimiento por tu fidelidad y amor infinito, como el amor con que Dios te cubrió al elegirte, con la alegría de ESTAR EN TI… Sí, de estar en ti, de manera distinta a como lo estuvo encarnado, pero igualmente real… Él ha estado siempre contigo… Ahora para siempre ESTÁ EN TI VIVO…

Y te llama SEÑORA… Y te dice: “si mi Padre me ha constituido SEÑOR para su gloria, tú también eres SEÑORA porque eres mi madre. Porque has compartido conmigo el poder del servicio, de la humillación, de la obediencia, del anonimato, del escondimiento, ahora compartes el poder de la gloria… A ti, MADRE, el Padre entrega el poder de la mediación, el mismo que tuviste conmigo… para mi fuiste el medio, el lugar en el que mi cuerpo de hombre se fue haciendo. Fuiste la mediación de mis crecimientos y aprendizajes como hombre… Ahora tienes ese poder de mediación con tus hijos, los que te he dejado…”

“¡Reina del cielo, alégrate, aleluya!”… Quizás es el primer canto a María que resuena en la historia y es cantado por Jesús… No importan las palabras… Lo que importa es la alegría agradecida del HIJO que glorifica a la Madre, la mujer fiel que ha sabido acompañarle, testigo silencioso, atento…

¿Qué pasa en ese encuentro en el que todo es luz, armonía, belleza amor pleno y puro?…

Que cada uno nos pongamos a la escucha… Que del corazón de cada uno brote la súplica humilde:

María, ahora más Madre que nunca, acércanos a Jesús y a su misterio pascual, y ayúdanos a vivirlo en nuestra vida… Que ÉL sea para cada uno de nosotros el amigo, el hermano, pero sobre todo EL SEÑOR, de nuestras vidas…

 

María de la Resurrección, RUEGA POR NOSOTROS.

 

A María en un Sábado Santo

María, esta mañana de sábado santo mi corazón te mira…

Es como si quisiera escudriñar el tuyo…

A la vez tengo la sensación de que todo lo tengo pensado y rumiado acerca de Ti, de cómo vives este día. Tonta de mí que todavía no me acostumbro a la “novedad” que tu existencia terrenal puede ofrecerme cuando estoy contigo, a los matices de novedad que los hechos de tu vida me ofrecen.

De hecho, esta mañana, he tenido la percepción, como nunca, que hoy, cuando Jesús físicamente se oculta, TU PERSONA ocupa literalmente el escenario del mundo, y los cristianos miramos hoy, de manera especial, a Ti, como en aquel entonces te miraban los discípulos.

Ellos esperaban anhelantes una palabra, un gesto de esperanza, la que ellos no tenían, fruto de tu fe recia, sólida, que a ellos les faltaba.

Ellos te miraban y sabían que la muerte de Jesús no había matado en Ti la esperanza de que volvería.

Ellos sabían que la cruz, la que había definitivamente acabado con la vida de Jesús, de alguna manera había estado presente a lo largo de toda tu vida.

maria 1Quizás hoy es cuando te alcanzan a ver en toda tu grandeza… Ellos recuerdan las palabras de Jesús: “si el grano de trigo no muere”… “el que quiera venir en pos de mí, que tome su cruz y me siga”…

Ahora, al contemplarte serena, fuerte, mansa, imagen viva de Aquel que como cordero fue llevado al matadero, sin proferir palabra, rebobinan en su mente y en su corazón lo que saben de Ti… y reconocen en Ti la verdadera y única, hasta ahora, discípula de Jesús en su vida terrena, la que ha sabido morir a sí misma…

Ellos ahora se dan cuenta de tu estar siempre en segundo plano, de tu ser una de tantos cerca de Jesús. Recuerdan las palabras de Jesús en Caná o cuando le ibas a visitar… Palabras que no subrayaban para nada un papel de privilegio como MADRE… Y se dan cuenta de tu saber desaparecer, lleno por otro lado de ternura hacia tu Hijo, de seguridad en SU AMOR.

Ellos han oído contar algo de la Anunciación, de tu cántico profético, de los vaivenes del viaje a Belén, de la huida a Egipto, de la profecía de Simeón… y de la total normalidad de la vida de Nazareth… Eso de ser la esclava del Señor hoy les está sonando distinto, como todos los acontecimientos de tu vida.

Ellos se dan cuenta que, antes de que Jesús les hablara de su cruz, Tú habías ya cargado con ella, te habías adelantado en vivir pequeñas o grandes muertes en la cotidianidad de tu existencia… Y comprenden ahora que ya te habías asociado a la muerte de Jesús. Por eso, aunque el sacrificio cruento de Tu Hijo te superaba, te taladraba como los clavos taladraban los miembros de Jesús, te hacía vivir en tu piel su dolor, Tú podías permanecer firme en tu fe… Porque desde que dijiste, por inspiración del Espíritu, “he aquí la esclava del Señor”, te comprometiste a compartir la suerte del HIJO-SIERVO.

Hoy, mientras Jesús está en el sepulcro, Tú ofreces la esperanza que viene de tu fe… esa fe que a lo largo de tu vida te ha hecho acoger incluso las palabras más duras de Jesús como palabras de vida, de real triunfo sobre el mal.

Por eso Tú ofreces a tus discípulos destellos de tu “CONSOLACIÓN EN EL SEÑOR”, esa consolación de la mente, del corazón, de la vida, que es fruto de tu CONFIADO ABANDONO en el Señor, de la CERTEZA del triunfo de Jesús, que te viene de haber acogido en tu vida la PALABRA.

La tuya es una consolación que nada quita a la hondura del dolor por el Hijo muerto… El dolor sigue, pero está bañado en la certeza de una PRESENCIA, extraña sí -porque escapa a los sentidos corporales y es de otra manera- pero VIVA porque parte de la certeza de la fidelidad de las promesas de Dios.

Por eso los hermanos de Jesús, que además han oído de labios de Juan lo que Jesús dijo acerca de Ti: “mujer ahí tienes a Tu Hijo”, se dan cuenta que en Ti pueden encontrar lo que necesitan ahora. Para ellos eres lo que fuiste para Jesús, eres alguien que de alguna manera prolonga la presencia física de Jesús… y ¿quién mejor que Tú, cuya existencia se le va desvelando hoy en lo que tiene de plena adhesión al plan de Dios sobre Jesús, puede sostener su fe y su esperanza?

María, yo estoy como los discípulos… yo necesito que Tú me digas CÓMO SE ESPERA… cómo se espera con todo el corazón… cómo se pueden liberar los rincones más recónditos del ser de dudas, recelos, inquietudes…

Yo necesito que Tú me ayudes a no dejar que la pena, el dolor, la duda… me alejen del Señor, encerrándome en mí misma, y a vivirlos con la paz, que es fruto de la acogida del querer de Dios.

María, préstame tu mirada limpia, tu corazón lleno de fe, esperanza y amor, para vivir mis sábados santos, los sábados santos de nuestra historia, en los que me parece que Jesús se ausenta, con la certeza de la fidelidad de las promesas de Dios, con la certeza de la PRESENCIA de Jesús que triunfa siempre.maria 2

Ahora comprendo, María, porque el sábado santo -si bien recuerdo es una experiencia de todos los sábados santos- huele a primavera que estalla, aunque llueva… porque la flor de los almendros me remite al gozo de la Encarnación, aunque estemos en Semana Santa… porque Tú, María, con tu SÍ -el primero y el último- engendras a AQUEL que trae la VIDA SIEMPRE, CUANDO NACE Y CUANDO MUERE…

GRACIAS, MARÍA

 

LA BELLEZA QUE SALVA

Es el título que el Cardenal Martini dio a una catequesis cuaresmal.

Es una expresión que aplicada a la cruz, y ya utilizada por el escritor ruso Dostoievski, estremece un poco…

¿Qué hay de BELLO EN LA CRUZ?

Sí, acepto que la cruz me trae la salvación… pero… ¿Cómo descubrir su belleza?

A una semana de los días en los que la liturgia celebra el misterio pascual de Jesús, es bueno dirigir la atención del corazón a la Cruz de Jesús que será el centro de estos días, así como lo serán las procesiones que por las calles de nuestras ciudades van ofreciendo a la contemplación devota de las personas que se apiñan para ver, en los “pasos”, los episodios que acompañan la muerte de Jesús en la cruz.

Las palabras de Pablo nos iluminan… “la predicación de la cruz, para aquellos que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios”(1 Co 1,18)” “Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo para el mundo” (Ga 6,14) Todo el orgullo de Pablo está en la cruz de Jesús, el Mesías, el Salvador, en su muerte y sacrificio por amor, en participar en ella y predicarla como único medio de salvación… He aquí el secreto del misterio: la cruz es el sacrificio por amor… sólo el amor de Dios por el hombre da sentido a la cruz.

Señor Jesús, 

no pFFFFFFuedo mirar

una cruz vacía,

no puedo hablar 

de gloria,

menos de belleza

de la cruz,

si en ella no está  clavado

tu cuerpo entregado.

No, Jesús, sin Ti ninguna cruz

tiene sentido, porque sólo

cuando te veo crucificado,

y sé que es por AMOR,

siento la certeza de ser amado incondicionalmente por Dios,

de que mis pecados son lavados en tu sangre,

de que Tú ofreces tu cercanía y compasión en mis pruebas,

de que me sostienes desde ahí, dándome la valentía de sufrir por TI.

Señor Jesús, es tu AMOR que da BELLEZA a tu cruz.

Tu amor que es ternura, misericordia verdad, compasión, fidelidad… que es BELLEZA.

Señor Jesús, ayúdame a reconocer en mis cruces de cada día,

pequeñas, insignificantes, trocitos de la tuya.

Ayuda a los que sufren grandes penas, a levantar sus ojos hacia Ti, CRUCIFICADO,

para encontrar los tuyos llenos de ternura, de bondad, de amor, de fortaleza…

y sentir TU FUERZA

Ayuda a aquellas personas de nuestro mundo que vuelven las espaldas

al misterio de TU AMOR, hecho CRUZ,

a encontrar sentido a las cruces de sus vidas en la tuya.

Haznos descubrir a TODOS LA BELLEZA DE LA CRUZ, la BELLEZA QUE SALVA…