“¿NO ESTOY YO AQUÍ QUE SOY TU MADRE?”…

Flota en el aire como una ráfaga de nostalgia…

La vivencia del mes de mayo nos ha acercado más a María, la Madre de Jesús, nuestra Madre, y ha dejado en el corazón el deseo de ahondar más en la certeza de que nuestro Dios es un Dios que, por María, ha entrado en nuestra historia, camina con nosotros, cuenta con nosotros, a cada uno ama y llama por su nombre… Nos ama personalmente…

Siempre que acaba una experiencia se queda como un extraño temor de que se vaya desdibujando lo vivido, de que la rutina vuelva a empobrecernos, a alejarnos del Jesús en quien creemos…

Y como siempre sale al paso María… con las mismas palabras con las que alentó al indio Juan Diego, en un diálogo tierno y portador de seguridad…

“No te asustes ni te inquietes… ¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”…

GUADALUPEMiro hacia adentro de mí y una luz va inundando poco a poco mi ser… una luz que toma cuerpo… Es MARÍA DE NAZARET…

“¿Por qué temes? Las palabras de Jesús son realidad… «He aquí a tu madre», dijo… Y desde entonces no me alejo de ninguna persona humana amada y salvada por Él… Estoy a tu lado… soy para ti la que te recuerda cuanto tú CUENTAS para Dios…

Yo sé bien lo que tú significas para Dios… «Tanto te amó que entregó a su Hijo por ti”… El Hijo que yo engendré, que en mí asumió tu humanidad, es Aquel que te salva, te sana, te hace feliz… es Aquel al que tantas veces has mirado, en el que tantas veces has puesto tu confianza…

Yo, tu Madre, estoy aquí para seguir recordándote cuánto Él te ama, cuánto ha dado por ti… cuánto CUENTAS para Él… Y estoy aquí para ayudarte a anunciar, a los que te rodean, el amor que Dios les tiene. Y porque CUENTAS para Él, no puedes dejar de CONTAR las maravillas que Él hace en el corazón humano…

Canta tú también tu Magníficat… es una manera de CONTAR esa historia de amor que es tu vida…

CUENTA al mundo la historia de un Dios que se hizo hombre por ti,

                                                                   que murió y resucitó por ti,

                                                                   que vive por ti, y en ti, en el mundo…

CUENTA lo que CUENTAS para Dios, lo que el mundo CUENTA para Dios…

Yo estaré siempre a tu lado, sosteniendo, alimentando tu fe con la mía…”

 

“¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”… Es el mensaje lleno de amor y ternura que María quiere grabar en nuestro corazón… Es la certeza en la que quiere afianzarnos…

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Como María, Madre de Cristo

María es madre de Dios no sólo porque lo ha llevado en sus entrañas físicamente, sino porque lo ha concebido antes, en su corazón, con la fe… Nosotros, naturalmente no podemos imitar a María en el primer sentido, pero podemos imitarla en el segundo sentido, que es el de la fe.

El mismo Jesús pone en evidencia este aspecto cuando dice: “mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la cumplen” (Lc 8,4; Mc 3,31ss; Mt 12,49).

En palabras de san Agustín, “ciertamente podemos tener la osadía de llamarnos madres de Cristo… Os he llamado sus hermanos y ¿no podría llamaros sus madres? No puedo negar lo que afirmó Cristo”.

xx (4)San Ambrosio antes había afirmado: “Cada alma que cree, concibe y genera el Verbo de Dios… Si una sola es la Madre de Cristo según la carne, según la fe, todas las almas generan a Cristo cuando acogen la palabra de Dios”.

Y acudiendo a otro gran Santo, Francisco de Asís, encontramos algo que tiernamente, como es él, nos hace saborear esta realidad… “somos madres de Cristo cuando lo llevamos en el corazón y en nuestro cuerpo por medio del amor divino y de la pura y sincera conciencia; lo engendramos a través de obras santas que deben resplandecer como ejemplo para los demás. ¡Como es santo, como es querido, agradable, humilde, pacifico, dulce, amable y deseable sobre toda realidad, tener tal hermano y tal hijo, el Señor nuestro Jesucristo!”.

Nos viene a decir el Santo que nosotros concebimos a Cristo cuando lo amamos en sinceridad de corazón y con rectitud de conciencia, y lo damos a luz cuando realizamos obras santas que lo manifiestan al mundo… Es un eco de las palabras de Jesús: “así resplandezca vuestra luz ante los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria al Padre vuestro que está en los cielos” (Mt 5,16) (Cantalamessa).

¿Cómo convertirse en “madre de Cristo” según la palabra de Jesús?… Escuchando la Palabra y cumpliéndola, traduciéndola en obras.

 María,

Tú escuchaste y acogiste la Palabra… la hiciste tuya… la encarnaste en tu           vida

Tú sabes de nuestra debilidad… A veces escuchamos sin que la Palabra de Dios tome cuerpo en nosotros.

Tú sabes que nuestras obras, aun cuando son buenas, no vienen del corazón, del amor a Dios y de una intención recta, más bien son fruto de la costumbre, de la búsqueda de la propia gloria, del propio interés o sencillamente de la satisfacción que nace del hacer.

Dibujo2 (4)María,

tu fíat, expresión de tu fe, creó en tu vida un nuevo estilo… Tu vida fue síntesis de fe y obras… acogiste y cumpliste… Fuiste así el gozo de Jesús que te sintió MADRE en el cuerpo y en el espíritu…

María,

haz que sepamos acoger la Palabra, darle entrada en nuestro ser para que se asiente en él y vaya creciendo como creció en el tuyo…

Contágianos tu fe… contágianos tu humildad, obediencia, pobreza, alegría… Que sea realidad en nuestras vidas acoger y cumplir la palabra.

MARÍA, LA MADRE DE DIOS

El título de “María, Madre de Dios”, además de hablarnos de Dios, nos habla de María… Ese título basta por sí sólo para fundamentar la grandeza de María y para justificar el honor que se le tributa.

Muchas veces se ha oído que es excesivo el honor e importancia que se atribuye a María, sobre todo entre los fieles de la Catolicidad… En parte -hay que reconocerlo- esto puede ser justificado, pues hay devociones que se centralizan en Ella, como separándola de Jesús, el Hijo, olvidando que Él es la fuente primera de su grandeza.

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Sin embargo, los padres del Concilio de Éfeso no dudaron en llamar a María “MADRE DE DIOS”, “porque de Ella nació el sagrado cuerpo dotado de un alma racional, al que el Verbo es unido hasta formar con él una sola persona” (S. Basilio).

Dice Lutero: “El artículo, que afirma que María es Madre de Dios, es vigente en la Iglesia desde los comienzos y el Concilio de Éfeso no lo ha definido como nuevo, porque ya es una verdad sostenida por el Evangelio y en la Sagrada Escritura. Estas palabras (Lc 1,32; Gal 4,4) sostienen con mucha firmeza que María es verdaderamente la Madre de Dios”.

El Hijo de Dios ha querido vivir la historia humana en su realidad completa… Charle Péguy, en una obra poética suya, pone en boca de Dios unas palabras llenas de verdad y ternura a la vez: “Se habla muchas veces de la imitación de Jesucristo, que es la imitación, la fiel imitación de mi hijo por parte de los hombres… Pero no hay que olvidar que mi hijo había empezado con aquella singular imitación del hombre… Una imitación fiel, que llega a la identidad perfecta… cuando tan fiel y perfectamente imitó… el nacer… sufrir… vivir… morir…”

En el principio, el aspecto más difícil de aceptar de esta imitación del hombre, por parte de Jesucristo, fue precisamente el ser concebido y nacer de una mujer… Tertuliano, a un herético que rechazaba la idea de un Dios que recorre el camino de crecimiento en el útero de una mujer, respondía que “Cristo ha amado al hombre y junto con el hombre ha amado su modo de venir al mundo”, y añadía “tú desprecias este objeto natural de veneración que es el nacimiento de un hombre y el dolor de una mujer en el parto, sin embargo ¿tú como has nacido?”…

S. Ignacio de Antioquia, con toda sencillez, como sin darse cuenta de la dimensión hacia la que proyectaba una criatura humana dice: “Jesús es de Dios y de María”, o quizás con una traducción más exacta: “desde Dios y desde María”… Y Dante Alighieri, el gran poeta italiano del Medioevo, teólogo y místico, encierra la paradoja del ser María “Virgen y Madre” y “madre e hija” en un sólo verso: “Virgen Madre, hija de tu Hijo”.

Volviendo otra vez a Lutero, con una bellísima imagen afirma que “llamándola Madre de Dios, se ha comprendido todo su honor; nadie puede decir de Ella o a Ella cosa más grande, aunque tuviera tantas lenguas como hojas de hierba, las estrellas del cielo y la arena del mar… También nuestro corazón tiene que reflejar lo que significa ser Madre de Dios”.

 

MARIA, glosando unas palabras de S. Agustín te decimos: maria 222

Tú, que llevaste a Jesús en el vientre,

ayúdanos a llevarlo en el corazón;

Tú que, Virgen, fuiste fecundada

en la Encarnación por el Espíritu,

haz que nuestro corazón sea fecundado por la fe en Cristo;

Tú que pariste al Salvador,

ayúdanos a alumbrar la salvación

y la alabanza…

Que nuestras almas no sean estériles, sino fecundas para Dios.

 

 

 

 

 

 

MARÍA, LA MADRE DE DIOS

El titulo de María Madre de Dios nos habla también de Dios, nos habla sobre todo de la humildad de Dios… Dios ha querido tener una madre.

¡Qué raro suena esto para el actual pensamiento humano!… En palabras de alguien conocedor del corazón humano, y con experiencia de estudioso y filosofo, ¡cuántas personas encuentran hasta extraño y casi ofensivo para el ser humano haber tenido una madre, porque esto significa depender radicalmente de alguien, no haberse hecho por sí mismo, no poder fabricar enteramente solos la propia existencia!…

Alguien también dijo que el hombre desde siempre busca a Dios arriba; intenta construir, con sus esfuerzos ascéticos o intelectuales, una especie de pirámide, seguro de que en su cima encontrará a Dios o su equivalente, que en algunas religiones es la nada.V_Maria_adviento

No nos damos cuenta de que Dios ha bajado y ha dado la vuelta a la pirámide y se ha colocado en la base para llevar sobre sí todo y a todos.

“Dios se hace presente sigilosamente en las entrañas de una mujer… Dios baja al corazón mismo de la materia, porque madre, mater, deriva de materia, en el sentido más noble de la palabra que indica concreción y realidad…” (Cantalamessa).

El Dios que se hace carne en el vientre de una mujer es el mismo que se hace presente después en el corazón de la materia del mundo, en la Eucaristía… Es una única economía y un único estilo. San Ireneo tiene razón en decir que quien no entiende el nacimiento de Dios de María tampoco puede entender ni siquiera la Eucaristía.

Todo esto proclama también, y mejor que las palabras, que el Dios cristiano es gracia; que se alcanza por el camino del don y no de la conquista.

Eligiendo este camino materno para revelarse a nosotros, Dios ha proclamado que todo es puro; ha proclamado la santidad de las cosas creadas por Él… Ha santificado y redimido no sólo la naturaleza en abstracto sino también el nacimiento humano y toda la realidad de la existencia.

Sigue Cantalamessa diciendo que sobre todo Dios ha revelado la dignidad de la mujer como tal… “Cuando llego la plenitud de los tiempos Dios mando a su Hijo nacido de mujer” (Ga 4,4). Si Pablo hubiese dicho “nacido de María”, hubiera dado sólo un detalle biográfico; habiendo dicho “nacido de mujer” ha dado a su afirmación un cariz universal e inmenso…

María es la MUJER, aquella que ha anclado a Dios a la tierra y a la humanidad, aquella que con su divina y humanísima maternidad ha hecho para siempre de Dios el “Emmanuel”, el “Dios con nosotros”… Ha hecho de Cristo nuestro hermano.

 

María, Madre de Dios,MariaJesus

sal al paso de cuantas personas

se resisten a acoger en su corazón el misterio

del Dios Amor que escapa a su lógica humana,

hazte la encontradiza con ellas…

Que tu ternura, tu bondad y tu HUMILDAD

derribe el muro de su orgullo.

Convéncelas, como sólo tú sabes hacerlo,

de que no es tan difícil conjugar razón y fe,

doblar ante el misterio las rodillas y el corazón,

cuando éste es alcanzado y atraído

por el amor HUMILDE DE UN DIOS QUE DESCIENDE.

Llévalas de tu mano hacia tu HIJO…

 

 

 

La fiesta de la MADRE

Un alegre y florido domingo de mayo nos trae la “fiesta de la madre” que, en el mes dedicado a María, nos remite a Ella, la Madre de Jesús y de la humanidad creyente en Cristo.maria11

“Alégrate, llena de gracia”… Dios se acerca a Ella con una invitación a la alegría, antes de presentarle su oración humilde… “¿Quieres ser madre de mi Hijo?”

Porque Dios no impone su querer a María, dialoga con Ella, le habla del Niño que va a nacer… el Santo, el Rey, el Mesías, el Hijo de Dios, el Salvador… El asombro se apodera de María hasta que recibe la garantía: “Nada es imposible para Dios”, una garantía que no está en sus poderes, sino en Dios, aquel que todo lo puede.

A María le basta, para que se desencadene el PODER DE SU FE, la fe que la lleva a decir: “He aquí la esclava del Señor”, y que la convierte en Madre del Mesías, del Hijo de Dios… La fe de María se expresa como un consentir confiado a lo que Dios le revela y le irá revelando en toda su vida…

María queda sola con su misterio… Dice la palabra de Dios: “el Ángel dejándola se fue”…

Se queda sola con su Dios… y con el latir de una vida que germina en su ser… y con el estallido de alegría que ha dejado en el cosmos entero la llegada de Dios al mundo…Todo se ha realizado en el silencio de una habitación pobre, sencilla… nadie se ha apercibido de ello, pero sí en el cosmos entero han quedado misteriosas huellas del Dios que desciende…

“Ángeles del Señor, bendecid al Señor; cielos, bendecid al Señor; astros del cielo… lluvia y rocío… universo entero, bendice al Señor…”

maria112Bendecid al Señor por esta jovencita nazarena, por su fe expresada sencilla, humilde y valientemente; que se ha convertido en Madre del Verbo de Dios y Madre de los hombres… que lleva en su ser a Aquel que trae la salvación, que devuelve a la humanidad lastimada por el pecado la belleza, la armonía, la paz, la verdad, la bondad…

María, hoy mucha gente celebra la fiesta de la MADRE…

Tú, la MADRE por excelencia,

Madre de Dios y Madre nuestra,

bendice a todas las madres del mundo,

y a las que se preparan a serlo,

llena su corazón de gozo, de paz, de bondad…

   Concédenos, Madre, sentir la alegría de ser tus hijos.