Sagrado Corazón de Jesus

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Con Jesús, en el misterio de Su Corazón que ama y se entrega
​Iluminados por las reflexiones de S.Juan Pablo II

El mes de junio está dedicado, de modo especial, a la veneración del Corazón divino. No sólo un día, la fiesta litúrgica que, de ordinario, cae en junio, sino todos los días. Con esto se vincula la devota práctica de rezar o cantar cotidianamente las letanías al Sacratísimo Corazón de Jesús.
Las letanías del Corazón de Jesús se inspiran abundantemente en las fuentes bíblicas y, al mismo tiempo, reflejan las experiencias más profundas de los corazones humanos. Son, a la vez, oración de veneración y de diálogo auténtico. Hablamos en ellas del corazón y, al mismo tiempo, dejamos a los corazones hablar con este único Corazón, que es “fuente de vida y de santidad” y “deseo de los collados eternos”. Del Corazón que es “paciente y lleno de misericordia” y “generoso para todos los que le invocan”.
Esta oración, rezada y meditada, se convierte en una verdadera escuela del hombre interior: la escuela del cristiano.
La solemnidad del Sacratísimo Corazón de Jesús nos recuerda, sobre todo, los momentos en que este Corazón fue “traspasado por la lanza” y, mediante esto, abierto de manera “Visible” al hombre y al mundo.
Al rezar las letanías – y en general al venerar al Corazón Divino -conocemos el misterio de la redención en toda su divina y, a la vez, humana profundidad. Simultáneamente, nos hacemos sensibles a la necesidad de reparación. Cristo nos abre su Corazón para que nos unamos con El en su reparación por la salvación del mundo. Hablar del Corazón Traspasado es decir toda la verdad de su Evangelio y de la Pascua.
Tratemos de captar cada vez mejor este lenguaje. Aprendámoslo.(S.Juan Pablo II)

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31. “Su madre conservaba estas cosas en su corazón” (Lc 2,51)

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“Su madre conservaba estas cosas en su corazón” (Lc 2,51)

En el último día del mes en el que hemos acompañado a María en dos momentos claves de su vida: La Anunciación y la Visitación, queremos traer a la memoria alguna de sus actitudes que nos han interpelado y que deseamos -en el fondo- que iluminen nuestra vida. Porque María como fue educadora de Jesús lo es también nuestra…
Jesús, a lo largo de su vida en Nazaret, creció a la sombra y al calor del amor de María… se dejó conducir por Ella, de Ella aprendió mucho de lo que luego enseñaría a sus discípulos.
Como Jesús queremos crecer a la sombra y al calor del amor y cuidado de María… Mirarla… y aprender… sencillamente dejarnos guiar. Que nos diga:
→ cómo se tiene el corazón fijo en Dios, acogiendo el amor infinito que Él derrama en cada uno, agradeciendo los dones que dispensa a manos llenas en la vida de cada persona
→ cómo se “está” ante Dios, ante los hermanos… María nos enseña el “saber estar”… “Aquí está la esclava del Señor”…” Estaba junto a la cruz”… Son los momentos claves de su vida en los que nos habla de cómo hay que “estar”… con el corazón abierto, disponible, humilde, generoso… para escuchar, acoger y responder
→ Cómo se ama… sin esperar nada, dando amor a quien necesita, desinteresadamente, en una actitud de servicio humilde …
→ Cómo se vive en el silencio del anonimato, huyendo de todo lo que es apariencia, cultivo de la imagen… Su vida es el signo más claro del escondimiento, de la falta de brillo aparente… Hasta a Jesús se le llamará “el hijo del carpintero”… y luego, “¿no es su madre María?”… una desconocida.
→ Cómo se ora… viviendo en atención a la presencia de Aquel que está donde nosotros estamos, escuchando su palabra y cumpliéndola…
Y… tantas y tantas cosas más que Ella misma sugiere a cada uno.

Gracias, María, porque nos has hecho compañía en este mes… te has hecho más presente a nuestra vida; nos has puesto en sintonía con Dios que te elige para ser Madre de su Hijo, con Jesús que se refugia en tu ser para recibir de ti TODO lo que necesita para ser hombre, con el Espíritu Santo que ha realizado en ti su obra maestra cubriéndote con su sombra…

Contágianos la ALEGRÍA de creer que Dios está con nosotros.

30. “María se quedó con ella tres meses y después se volvió a casa” (Lc 1,56)

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“María se quedó con ella tres meses y después se volvió a casa” (Lc 1,56)

María se quedó con Isabel tres meses, dice Lucas… Tres meses pueden ser largos o cortos según cómo se vivan… ¿Quizás la cercanía de María hacía que a Isabel se le hiciera menos largo el tiempo de la espera? ¿Y para María?… ¿qué pasaría en su corazón?… ¿cómo sería su “tiempo”, Ella que había sido de golpe inmersa en lo eterno que por -otro lado- se estaba haciendo “temporal”? ¿Serían sus sentimientos y percepciones ambivalentes?… Por una parte se le hacía largo porque deseaba volver a su vida normal, pero… ¿qué era ahora lo “normal” para Ella?… Deseaba mirar en los ojos y el corazón de José… decirle… le embargaban temores frente a las legítimas preguntas suyas.
Puede que algo de esto hubiera… pero más me atrae pensar en María viviendo el “aquí y ahora”, entregada totalmente a su misión de acompañar, servir, compartir… Volcada a la escucha del Dios que la llamaba su Madre del Hijo, y atenta a los más pequeños movimientos del Hijo que estaba gestando… tan suyo como de Dios…
El camino de vuelta sería distinto… El paisaje el mismo… Ella lo contemplaba sin embargo de otra manera… Todo lo que la rodeaba: naturaleza, personas… no era algo extraño para Ella, era algo que tenía mucho que ver con “su Niño”, el Hijo de Dios. Su mirada es distinta, su rostro está marcado por aquella sombra de madurez que la maternidad confiere a la mujer.
Su corazón, que late al unísono con el del pequeño que lleva en sus entrañas, ama de distinta manera la realidad que la rodea…
Una sonrisa se dibuja en sus labios… Por fin ve a lo lejos Nazaret… Algo de temor asoma a su corazón, pero le basta recordar: “El Señor está contigo”… y su corazón se pacifica.

¿Qué mensaje nos lanzas, María?… “Aprende a saber estar, a vivir el momento presente en el que puedes encontrar a Aquel que da sentido a cada momento de tu vida… Vívelo a tope… Esto te ayudará a ‘estar en lo que estás’, a echar fuera los agobios y las vanas preocupaciones por el después que aún no ha llegado”…”

María enséñanos a vivir como Tú.

29. “Socorre a Israel su siervo… como prometió a nuestros padres… a favor de su descendencia por siempre” (Lc 1,54-55)

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“Socorre a Israel su siervo… como prometió a nuestros padres… a favor de su descendencia por siempre” (Lc 1,54-55)

Estos últimos versículos del canto de María son un himno a la fidelidad de Dios, a su lealtad, a su misericordia… Ella siente que Dios la integra en este proyecto de su amor y cuidado a su pueblo, como prometió a Abraham… “No cuida de los ángeles, sino de los hijos de Abraham”…
María siente que Dios la cuida, siente toda su ternura volcada sobre ella… “Ha mirado mi humillación” ha dicho.
La solicitud por Israel es una característica de Dios: lo fue efectivamente, en los momentos dramáticos del pueblo judío a lo largo de los siglos y no ha decrecido… Así la siente María sobre Ella, sobre su vida, sobre su destino…
Dios y su fidelidad no terminan, su ternura, su misericordia… llenan el corazón de María y son el núcleo esencial de su canto.

María, ¿cuál es tu mensaje de estos últimos versículos de tu canto?… “Fíate de Dios… Fíate de su amor… apóyate en su fidelidad… abre tu corazón a su gracia… Él lo hace todo en tu vida si tú lo dejas”.

María, enséñanos a fiarnos de Dios… Ayúdanos a decirle, de vez en cuando por lo menos:
​​​​​​Me fío de TI
​​​​​​Confío en Ti
​​​​​​Me confío a Ti…​

28. “A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos” (Lc 1,53)

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“A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos” (Lc 1,53)

María cuando canta su alabanza a Dios lo hace desde lo que Ella siente, experimenta, vive… y lo hace desde la voz del Espíritu que ha tomado posesión de su ser… Ella mira a su alrededor… gente que vive experiencia de pobreza real, quizás de hambre, y a la vez gente que hambrea paz, sencillez, amor, gozo… en fin, que espera con corazón abierto los dones mesiánicos…
Ella misma tiene hambre y sed de Dios… hambre y sed que se ve saciada… Sabe por lo tanto que Dios sale al paso de los hambrientos de pan, de justicia, de paz… y despide a los que cumulan riquezas insaciablemente, aunque espera pacientemente su vuelta y los encara con su pecado y a la vez con su amor para que “se empobrezcan” y se hagan disponibles a su gracia… Porque dirá Jesús a quien le preguntaba si un rico podía salvarse: “Nada es imposible para Dios”…

¿Qué nos dice María?… “Abre tu corazón a la comprensión de la lógica del Evangelio… Con amor a lo pobre, lo sencillo… que es lo que Dios ama”.

María, enséñanos a ”ser” sencillos, evangélicamente pobres; a liberarnos del deseo de acumular riquezas no sólo en dinero, sino en todo lo que es fruto de nuestras capacidades humanas… Que nuestras riquezas no nos hagan serrar nunca el corazón a los demás.

27. “Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” (Lc 1,52)

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“Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” (Lc 1,52)

María hace una lectura profética de la situación en la que se ve metida, Ella que es parte del resto de Israel, “del pueblo pobre y humilde que confía en el Señor”…
Ella canta el trueque de valores que el acontecimiento de la Encarnación trae al mundo… El poder, el verdadero poder, es el de la misericordia, de la humildad, del amor… de ahí que los humildes serán ensalzados… y en Ella, la humilde y sencilla joven de un pueblo pobre, sin recursos, del que “no puede salir nada bueno”, se manifiesta el poder de la humildad…
La imagen de Dios que revela el cántico de María es absolutamente diferente a la imagen de Dios que manejan los poderosos…

María nos invita a revisar nuestra lógica… ¿Nos movemos en lo cotidiano de nuestra existencia desde esquemas de poder?… ¿del “poder” en cualquier aspecto de la vida, que no tiene en cuenta la vulnerabilidad, la debilidad, los límites de otros?…

María, enséñanos el camino de la verdadera humildad.

26. “Su poder se ejerce con su brazo, desbarata a los soberbios en su planes” (Lc 1,51)

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“Su poder se ejerce con su brazo, desbarata a los soberbios en su planes” (Lc 1,51)

María va desglosando en su cántico los trazos exquisitamente bíblicos de Dios, Señor, Poderoso, Santo, Salvador… Es el Dios de su pueblo, en el que ella cree… Reconoce en el Dios que se le revela al Dios de las promesas, el Dios de Abraham y de su descendencia…
Ella ha interiorizado en su contemplación de judía creyente las acciones de Dios… Ahora, con el anuncio y la realización en Ella del misterio de la Encarnación, vive en su propia carne la experiencia de la derrota de los soberbios… Porque Dios ha tomado posesión de su ser… Se ha servido de lo más opuesto a la soberbia que puede haber en este momento histórico… Se ha servido de Ella para afirmar un valor evangélico que constituirá la esencia de la vida de su Hijo Jesús: “pasó por uno de tantos”…

María proclama que la soberbia no es grata a Dios… que no es el lugar de acogida de su presencia y su amor…

María, enséñanos a alejarnos de la soberbia que nos lleva a dar la espalda a Dios.

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