¿Quién viene? ¿Para qué viene?

¿QUIÉN VIENE? ¿PARA QUÉ VIENE?

¡Viene el Señor!
Para encontrarse con todos los hombres
¡Viene el Señor!
Para darnos luz y calor
frente a un mundo oscuro y frío
¡Viene el Señor!
Para levantarnos y darnos vida
cuando caemos y nadamos en permanente muerte
¡Viene el Señor!
Para ofrecernos horizontes y futuro
ante una realidad sin sentido y tan vacía
¡Viene el Señor!
Para colmar nuestras aspiraciones e ideales
Para traernos el amor inmenso que Dios nos tiene
¡Viene el Señor!
Para que seamos valientes y decididos
y, con su mano, recuperemos la alegría de vivir
¡Viene el Señor!
Para anunciarnos que Dios es Padre
que no estamos solos
¡Viene el Señor!
Para ofrecernos paz y verdad
Para servirnos y que descubramos el amor de Dios
en el rostro de un Niño
¡Viene el Señor!
Para que esperemos y no desesperemos
Para que vivamos y no muramos
Para que caminemos y no nos detengamos
¡Viene el Señor!
Para ti y para mí, por ti por mí,
Por el mundo y para el mundo
Para todo ser humano que, saltando al camino,
busque y quiera ir más allá de lo efímero.
¡Viene el Señor!
Y, porque viene,
no tenemos derecho al desencanto o al pesimismo.
El nos acompañará y nos salvará
Iluminará las noches más trágicas de nuestra historia
¡Viene el Señor!
Y, porque viene,
hemos de de situar nuestra vida
con la luz y a la luz de la verdad
¡VIENE EL SEÑOR!


De los sermones de san León Magno, papa

Reconoce, cristiano, tu dignidad

(Cf. Oficio de lecturas, Natividad del Señor)

 

Hoy, queridos hermanos, ha nacido nuestro Salvador; alegrémonos. No puede haber lugar para la tristeza cuando acaba de nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad, y nos infunde la alegría de la eternidad prometida.

Nadie tiene por qué sentirse alejado de la participación de semejante gozo, a todos es común la razón para el júbilo: porque nuestro Señor, destructor del pecado y de la muerte, como no ha encontrado a nadie libre de culpa, ha venido para liberarnos a todos. Alégrese el santo, puesto que se acerca a la victoria; regocíjese el pecador, puesto que se le invita al perdón; anímese el gentil, ya que se le llama a la vida.

Más

NOVENA DE NAVIDAD

Canzone di San Giuseppe

COLOQUIOS POR EL CAMINO

Por el camino a Belén van José y María “como unos de tantos”, en una caravana de gentes que recorren la misma senda… Pero ellos encierran un MISTERIO sin igual, misterio de VIDA, el misterio de DIOS; un tesoro de FE y de ESPERANZA, un tesoro de AMOR…
Deja que te envuelva ese MISTERIO, que te enriquezca ese TESORO… ¡Eso quiero hacer yo! Y cada día iré compartiendo contigo mis coloquios por el camino.

Día 1º – 16 de diciembre

​María, necesito acudir a ti para mantenerme en el clima del adviento, para salir de todo lo que me tiene atrapada y fijar el corazón en la salvación que viene en la persona de Jesús tu Hijo, cuya venida cumple todos nuestros anhelos.
​Pienso en el hombre de ojos perfectos que profetizó… ¿Qué veía? “Como valles espaciosos, como jardines a la vera del río, como áloes que plantó el Señor, como cedros a las corrientes de las aguas” (Nm. 24,6); imágenes de belleza inspiradoras de paz mesiánica en la que tú estás envuelta.
​Dios te contempla así, resumen de toda belleza y lugar donde encuentra cobijo la Palabra.

​María, sabes que quiero acoger la salvación, que me siento necesitada de salvación… ¡Necesito ser salvada de tantas cosas! Y creo que el Hijo que traes en tus entrañas me salva; aunque yo me sienta atrapada en miseria, sé y creo que Jesús me salva.
​María, madura mi fe, caldéala junto a la tuya, que la fe me haga mirar más allá de todo.
​María, hoy quiero concentrarme en el día que comenzabas tu viaje hacia Belén… Cerrabas tras de ti la puerta de tu casa, José cerraba el taller, y comenzabais vuestro viaje, tan distinto a los viajes cómodos que tanta gente de hoy planifica, y tan parecido al de muchos forzados a afrontar penalidades en condiciones dolorosas.
​Pero el valor del viaje a Belén no lo da la falta de comodidades, sino vuestra obediencia, vuestro sí al Dios en quien creéis, a quien amáis como a Aquel que rige vuestro destino. El valor de tu viaje se cifra en tu pertenencia al “pueblo pobre y humilde que confía en el Señor”, el resto de Israel que se abandona a su Dios.

​María, me hace bien sentirte así, experimentarte así; como también a José, tan profundamente unido a tu destino; así de pobre, con una pobreza “especial” que no sé definir, pero que siento, saboreo y admiro; es esa pobreza sinónimo de humildad radical, esta pobreza es la quiero para mí.

​María… ¡contágiamela!

Día 2º – 17 de diciembre

​María, lleváis un día de camino. Tú y José os paráis, como todos y con todos, a descansar un poco… Os contemplo inmersos en una presencia continua que os ilumina, os da valor; y a la vez estáis atentos a lo que pasa alrededor: atentos a las necesidades de los demás, atentos al paisaje que os rodea… Quisiera asomarme al misterio que encierra esa presencia.
​María, acércame a ti, dime cómo vives la presencia del Dios encarnado en ti, cómo sientes las implicaciones de la Encarnación del Verbo que llevas en tus entrañas…
Lo primero es que te sientes identificada con Él… Es tuyo, obra del Espíritu en ti, y esta pertenencia te transforma en lo que es Él.
“Yo, el Señor, lo he hecho todo…” (Is 44,24)
​Él, tu Dios, ha hecho brotar la salvación, ha abierto la tierra, tu tierra, tu ser, y a la vez la tierra que le quiere recibir.

¿Qué hago yo frente a este misterio en mi vida? ¿Cómo vivo sus implicaciones?

María, ayúdame a acoger a Dios, para que Jesús se encarne en mí…Háblame de pobreza y humildad, tierra que Dios privilegia…
¡Concédeme pobreza y humildad!

Día 3º – 18 de diciembre

María, apareces en mi contemplación, sentada, descansando a la orilla de un riachuelo… El camino se hace largo, José duerme plácidamente, con la cabeza apoyada en tus rodillas. Tú le miras y descubres en él la bondad, la ternura, la fidelidad al Señor…
Tus ojos acompañan el correr del agua cantarina, hay silencio alrededor, estás como bañada en Dios, inmersa en su presencia… En tu seno se mueve a ratos el niño que llevas dentro, y esto te saca de la contemplación de la naturaleza para sumergirte en otra: la contemplación del Salvador que llevas contigo, que está en ti… Estás segura de que Él cumplirá las promesas de Dios.

María, tú eres la portadora del amor de Dios hecho carne. Tu tienda se ha ensanchado para acoger al Hijo de Dios, y en Él a toda la humanidad… Tú, como tu Hijo, aunque de manera distinta, haces tuyos los dolores, la opresión de tu pueblo, y ofreces tu tienda a Dios para que su Hijo entre en ella. Así colaboras en la salvación.

María, ayúdame a pasar el día al calor de tu mirada, introdúceme en el conocimiento de Jesús, Verbo encarnado del Padre… ayúdame
• a dejarme llenar por Él
• a dejarme amar
• a dejarme enamorar …

“Buscándole yo dentro de mí”, como decía Santa Vicenta María.

Día 4º – 19 de diciembre

María y José, sigo acompañándoos en medio de mis “ruidos”, “luchas”, “dudas”… Con vosotros me siento consolada, segura y serena. Cuando os siento dentro, en mi corazón, a veces pienso que es un espejismo, fruto del deseo de tomar contacto con vuestros sentimientos, de vivir como vosotros la fidelidad a Dios… ¡Sólo Él!… Deseo tener esa limpieza de corazón, vuestra mansedumbre y alegría.
Viene en mi ayuda la fe y creo que vosotros pertenecéis a mi mundo, sois una realidad en mi vida; en estos momentos la realidad más sanante, más bella, más veraz.
María y José, compartís por el camino el misterio divino que encierra la venida de Jesús, el Salvador… Compartís vuestras anunciaciones:

• A ti, María, se te ha dicho que reinará para siempre sobre la casa de Jacob… “Vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin” (Lc. 1,31-33).
• A ti, José, que salvará al hombre de sus pecados… “No temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt. 1,20-21).

Es Jesús, el Salvador que reina… Deseo que me salve y reine en mí, que mi corazón sea su trono desde donde pueda reinar…

María y José, contagiadme vuestra fe… ¡Me siento tan necesitada de salvación! Siento necesidad de prolongar mi estar con el Señor, el Señor escondido en el seno de María; deseo estar a solas con Dios, “el Dios con nosotros” (Mt 1,23).

Señor, sálvame… “¡Qué bueno es esperar en silencio la salvación!” (Lam. 3,26).

María, todo es silencio en ti y a tu alrededor. Enséñame el silencio como lugar de presencia; silencio de mi yo como lugar de escucha del TÚ, del Señor…

Día 5º – 20 de diciembre

María, te dejas acompañar en tu caminar por la Palabra de Dios, esa palabra que va explicándote, una a una, las páginas de tu existencia a la luz de la voluntad divina… Y vas comprendiendo poco a poco el obrar de Dios a lo largo de los siglos, en los que ha ido madurando la realización del designio de Dios, que en ti se concreta ya…

María, sólo Él puede preparar para su Hijo, el descendiente de David, una morada digna de su santidad, y esa morada eres tú, una mujer sencilla y humilde, más parecida a la tienda que a un templo grandioso. Tú eres esa casa de Dios donde va a bajar, para ser “Dios con nosotros”, el Hijo de Dios hecho “como uno de tantos” (Flp 2,7).

María, sigues tu camino al compás del querer de Dios, fijo tu ser en el tesoro que llevas dentro. No te preocupas de lo que pasará, no te asustan dificultades ni penurias. Para ti tiene más sentido que nunca la palabra del Ángel: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1,28).
Sientes al Padre cobijándote en su voluntad santísima, que es lo mismo que cobijándote en su amor; al Espíritu, que crea en ti su obra maestra, el cuerpo de Jesús, el Verbo, la Palabra del Padre que en ti y de ti recibe todo lo que necesita para ser hombre.

María, ayúdame a saber estar en ti con Jesús, para aprender tu saber estar en Dios y su designio, con humildad y a la vez activamente.

María, haz que este misterio me transforme, me lleve a sentir y a obrar al unísono contigo y con José, en sencillez, humildad, obediencia.

Día 6º – 21 de diciembre

María, quiero seguir acompañándote en tu camino a Belén, al compás de la Palabra de Dios, pero la mente y el corazón me llevan muchas veces a mis cosas, a lo inmediato, lo superficial, a los reclamos de mi yo… Déjame repetir contigo:
“Mi alma glorifica al Señor, y se alegra mi
espíritu en Dios mi salvador” (Lc 1,46-47)

Tú lo repites con José, que se une a este cántico como a algo que forma parte de su vida, porque viviendo contigo comparte todo lo tuyo… Vas caminando en medio de penalidades, pero lo único que te importa es Dios… Yo, en medio de dificultades, incomprensiones, obstáculos, no siempre puedo liberarme del todo de su repercusión en mí para tener los ojos fijos en el Señor y proclamar su grandeza en mi vida; reconociendo que también en mí hace cosas grandes.

Ayúdame, María, a vivir hoy en actitud de alabanza y agradecimiento por todo lo que Dios ha hecho y hace en mí, por todo lo que quiere hacer, pese a mis debilidades e infidelidades.

Contemplo a Jesús en la Eucaristía y, cerrando los ojos, me parece ver a Jesús escondido en María, la primera custodia del mundo; y sigo escuchando el Magníficat, no sólo como himno de alabanza al Señor, sino también como himno al nuevo mundo de valores que María y José van compartiendo y comunicando por el camino, como anticipación del modo de vivir de Jesús.

María, apoyada en ti, me siento cobijada… Deseo que esto no sea un consuelo pasajero, que yo me quede arrimada a ti, siempre, para aprender a vivir la humildad, la pobreza, la obediencia de Jesús.

María, enséñame a dar gracias a Dios, cada día, y a esperarlo todo de Él.

Día 7º – 22 de diciembre

María, te vas acercando a Belén, y vas percibiendo en tu ser cómo el hijo que llevas dentro ya no necesitará de tu respiración para respirar, de tu sangre para vivir, de tu vida para existir… Sientes algo de pena por perder esta unión tan vital, y a la vez deseo de contemplarlo ya niño, de estrecharlo en tus brazos, de mirarte en sus ojos, de arrullarlo y besarlo. Deseas contemplarlo ya existente por sí mismo, aunque siempre necesitado de ti… ¡Tu Dios hecho niño! Te cuesta entender, pero crees que Dios es fiel a sus promesas.
“Mirad la Virgen está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel: Dios con nosotros” (Mt 1,23).

Por siglos se ha leído este versículo de la Palabra que ha alimentado la espera del pueblo y ha fortalecido la fe en el amor gratuito de Dios… En Él todo es gratuidad, todo es DON…
En ti, María, en el Hijo que vas a dar a luz, se concreta y realiza la promesa… El Verbo se hace Dios con nosotros, porque tú a la gratuidad respondes con la total acogida y generosidad.
Estas maravillas hace Dios, y tú puedes proclamar su grandeza porque sientes, tocas, lo que es capaz de hacer su amor en ti, su esclava, humilde joven nazarena.

María, cuanto más se acerca el momento de dar a luz, más te acercas, con tu corazón, a tu Dios que hace maravillas en ti.

María, ¿y yo quéTodo para mí y en mí es gracia, y sin embargo me apodero muchas veces hasta de lo que claramente es regalo de Dios, porque brota en una tierra seca y agostada.

María, me siento débil… Y tú me empujas con amor a creer en lo que Dios hace y quiere hacer en mí. Pongo en tu corazón, en tu ser, al lado de tu Hijo, toda mi fragilidad, para que Él la toque y transforme… Deseo vivir en acogida, en agradecimiento, en pobreza, en humildad, en obediencia… Sé, María, que lo puedo hacer sólo por “contagio”. No permitas que me aleje de ti, de la contemplación del misterio que -junto con José- estás viviendo estos días.

“Imitar a la Santísima Virgen en el trato con su Hijo”, proponía Santa Vicenta María; y es lo que quiero yo también… Enséñame, María, que tú mejor que nadie puedes hacerlo

Día 8º – 23 de diciembre

María, falta poco para que veas cara a cara al Hijo de Dios, abraces su cuerpo de niño, veas el color de sus ojos, beses su carita, acaricies su cabecita, lo aprietes contra tu corazón… Deseas este momento, a la vez que sientes el desgarrón de la separación de esa misteriosa y tan cercana unidad que se ha dado entre tú y tu hijo… Sabes que esa UNIÓN será siempre entrañable, pero distinta; y te dejas envolver por el silencio que te rodea, saboreando el misterio que encierra esa UNIÓN; misterio de sencillez y de grandeza…
Jesús va a nacer como un niño cualquiera, pequeño, vulnerable… ¡Y es Dios! Ha crecido en tu cuerpo, se ha alimentado de ti… ¡Y es Dios! Necesita de ti, de tu calor, de tu vida toda… ¡Y es Dios!… Tú eres consciente de ello y dejas que esta realidad te toque profundamente, transformándote.

Tu hijo no es un niño cualquiera, es el Hijo de Dios, es Dios mismo, que ha venido a cambiar el mundo; y tú eres la primera que se deja transformar por Él.

María, yo no puedo acercarme al pesebre, aun vacío sin Jesús, como a la cuna de un niño cualquiera… No me basta compartir tu ternura, tu gozo de madre; necesito caer de rodillas, hundir mi corazón en el corazón del Dios, “Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Ef 1,3), para llegar a acogerle en mi vida y hacer que broten, como frutos riquísimos, los valores que se desprenden de ese corazón que Jesús, el Hijo, nos revelará: la misericordia, la humildad, la bondad, la mansedumbre.

María, no dejes que me aleje de ti hasta que se hayan grabado en mi ser las actitudes del Hijo que va a nacer.

Se ha pasado el tiempo de adviento; fugazmente como todo…Y necesito dar gracias a Dios porque para muchas personas ha sido un tiempo vivido con María en la que han encontrado a su Hijo, su Verbo hecho carne…Con Ella han esperando en silencio la salvación…

Día 9º – 24 de diciembre

María y José, llegáis hoy a Belén y estáis cansados del camino. Os contemplo entre el ir y venir de tanta gente… Nadie os espera, nadie os acoge, no hay sitio para vosotros; pero no perdéis la paz, ni la alegría, porque vuestra confianza está firme en el Señor… Y tenéis que conformaros con el lugar más pobre, un establo en las afueras del pueblo.
Vuestra capacidad de alegría se colma con la presencia del Niño… ¡Un gozo indecible! “Una luz grande” (Is 9,2) lo ilumina TODO, puesta ahí como luz de las gentes, para que la salvación de Dios alcance hasta los confines de la tierra (cf. Is 49,6).
Con el llanto del Niño se mezclan los cantos de los ángeles y las voces de los pastores que van llegando… Todo es armonía, todo es paz y ternura.

Gracias María, gracias José… Con cariño me entregáis al Niño, recién nacido, lo ponéis en mis brazos confiadamente; y me decís:
«Es tuyo, ha nacido para ti, no estás sola, Él está donde tú estás, Él está contigo, Él está en ti… Y tú estás en Él, es tu Redentor, tu Salvador… Y en Él está la humanidad entera, cada persona… En Él todo recobra su autenticidad, porque “Todo fue creado por Él y para Él” (Col 1,16)».

María, haz surgir en mi corazón el milagro de un amor total hacia Jesús, en una entrega a Él de todo mi ser. Hazme consciente de que hoy nace Jesús por y para mí… No puedo permanecer insensible a este acontecimiento-misterio.

María, Jesús todavía no habla, pero el lenguaje de su despojo, de su “descenso”, está claro. Explícame, Madre, mi camino de humildad, los hitos de este camino en lo cotidiano de la vida. Oriéntame cuando me alejo de los caminos de Dios, cuando rehúyo de la generosidad en la acogida del querer de Dios.
¡Cuánto silencio y obediencia viviste TÚ, vivió Jesús contigo, vivió José…!

María, que no quede yo insensible ante el misterio del Dios que, hecho hombre, hoy nace por mí; que los sentimientos que ahora surgen en mí se consoliden en actitud de adhesión al modo de ser de Jesús.

Con Vicenta María, que también encuentro aquí contigo, “deseo imitar a mi Jesús en la obediencia, humildad y pobreza que en su nacimiento me enseña…”
Ante Jesús Eucaristía siento la necesidad de pedir vivir a fondo los dones que el Señor me regala y así poder descubrir cada día y entregarme con generosidad a realizar el proyecto de Dios sobre mí.

¡Feliz NAVIDAD!… a ti que has acompañado a María y José por el camino a Belén; a ti que en el Niño recién nacido ves ahora cumplidas las promesas de Dios… Deposita a su lado, como el mejor regalo, tu pequeñez, tus ilusiones, tus dificultades… Y acoge toda la VERDAD , la LUZ, y el amor que te llegan de su corazón divino.

VIGILIA DE LA INMACULADA

Para descargar en otros idiomas:

Vigil to the Immaculate2

Vigilia Imaculada[1] em PORTUGUÊS

VEILLEE IMMACULEE doc def

VIGILIA DELLA IMMACOLATA

 

 INTRODUCCIÓN

 Esta noche, víspera de la fiesta de nuestra Madre, María, la Inmaculada, deseamos ofrecerle algo de nuestro tiempo, para, sencillamente ESTAR CON ELLA, dejar fluir de nuestro corazón los sentimientos que le  embargan que, por ser difícilmente expresables, confiamos en parte a las palabras de aquellos hermanos nuestros que tan bien supieron tejer en palabras y música su alabanza…

El himno AKATHISTOS, leído y cantado a estrofas alternas, será el filtro de nuestros sentimientos. También escucharemos lo que María nos quiere decir de su experiencia…Jesús, su Hijo, nos guía en este deseo de contemplar a su Madre y acoger lo que de su vida se desprende, como luz para la nuestra.

El Espíritu Santo que la cubrió con su sombra venga en ayuda de nuestra debilidad y cree en nuestro corazón actitudes de pobreza, sencillez, humildad.

HIMNO AL ESPÍRITU SANTO  ( Veni, Creator Spiritu)

 Silencio

 El himno Akathistos a la Madre de Dios es el poema mariano más célebre de la Iglesia bizantina, obra maestra de literatura y teología, altísima expresión contemplativa y de alabanza a la Virgen.

Ha brotado del corazón de la Iglesia que le ha dado un nombre que es un mandato: Akathistos, que significa estando de pie, es decir que debe ser cantado y escuchado de pie, como signo externo de reverencia.

Las estrofas van alternando cuadros marianos y temas cristológicos, fundiendo a la vez al Hijo y a la Madre, y se cierran con una solemne ovación: “Salve, Virgen y Esposa”. Escoge dos palabras clave, Aleluya y Salve, para expresar el júbilo y alabanza del misterio del Verbo en el cual vive la Virgen, misterio que compendia la salvación: donde la humanidad de Cristo es fuente de vida, allí está María que le ha dado la carne.

No se sabe bien quien es el autor de este espléndido himno, que se supone es de finales del siglo V. Ciertamente debió de ser un gran poeta, un teólogo insigne, un contemplativo consumado y tan humilde que ha querido desaparecer en el anonimato. Su nombre sólo lo conoce Dios, el mundo lo ignora. Así el himno es de todos, porque es de la Iglesia y es un puente de unión con la Iglesia ortodoxa.

Silencio

Lectora: Comenzamos nuestra alabanza fijándonos en el saludo: SALVE. Es algo que los cristianos venimos repitiendo desde hace muchos siglos y que esta noche quisiéramos llegara al corazón de María, con toda la carga de nuestro cariño.

¡SALVE…ALEGRATE! Que nos alegremos también nosotras porque Dios nos invita al gozo del cielo que se abre para el mundo por María.

1 estrofa AKATHISTOS –  CANTADA

 Salve, por ti resplandece la dicha;
Salve, por ti se eclipsa la pena.
Salve, levantas a Adán, el caído;
Salve, rescatas el llanto de Eva.

Salve, oh cima encumbrada a la mente del hombre;
Salve, abismo insondable a los ojos del ángel.
Salve, tú eres de veras el trono del Rey;
Salve, tú llevas en ti al que todo sostiene.

Salve, lucero que el Sol nos anuncia;
Salve, regazo del Dios que se encarna.
Salve, por ti la creación se renueva;
Salve, por ti el Creador nace niño.

Salve, ¡Virgen y Esposa!
Salve, ¡Virgen y Esposa!

 Palabras de MARIA: Gracias por vuestra alabanza….Está dirigida al Señor…Una vez más, proclama mi alma su grandeza…Por El, pude llevar en mí al que todo sostiene…Por El,  en mí se hizo carne el Verbo….

Yo también quiero deciros algo esta noche. En mi corazón guardo todo lo que en esta Capilla se ha vivido estos días, todo lo que desde aquí ha llegado al corazón del mundo. He acogido todo lo que de cada persona me llegaba… He gozado con el cariño que todas me habéis demostrado…Hermanas, personas mayores, familias, jóvenes, adolescentes, niños. Todos han sabido emprender un camino de acercamiento  a mi corazón y a mi vida, cada uno desde sus necesidades.

Hay quien ha despertado en mi, compasión; quien, sonrisa; quien, esperanza; quien, ilusión…De todos, llevo aquél “algo” que necesitan…Gracias…

Silencio    

2 estrofa AKATHISTOS – LEÍDA

 Salve, tú guía al eterno consejo;
Salve, tú prenda de arcano misterio.
Salve, milagro primero de Cristo;
Salve, compendio de todos los dogmas.

Salve, celeste escalera que Dios ha bajado;
Salve, oh puente que llevas los hombres al cielo.
Salve, de angélicos coros solemne portento;
Salve, de turba infernal lastimero flagelo.

Salve, inefable, la Luz alumbraste;
Salve, a ninguno dijiste el secreto.
Salve, del docto rebasas la ciencia;
Salve, del fiel iluminas la mente.

Salve, ¡Virgen y Esposa!
Salve, ¡Virgen y Esposa!

 Silencio….La que desea repite, como eco, alguna frase de la estrofa o algún sentimiento

Una canción para escuchar  

 Silencio

 3 estrofa AKATHISTOS – CANTADA

 Salve, oh tallo del verde Retoño;
Salve, oh rama del Fruto incorrupto.
Salve, al pío Arador tú cultivas;
Salve, tú plantas quien planta la vida. 

Salve, oh campo fecundo – de gracias copiosas;                                    Salve, oh mesa repleta – de dones divinos.
Salve, un Prado germinas – de toda delicia;
Salve, al alma preparas – Asilo seguro.

Salve, incienso de grata plegaria;
Salve, ofrenda que el mundo concilia.
Salve, clemencia de Dios para el hombre;
Salve, del hombre con Dios confianza.

             Salve, ¡Virgen y Esposa!

 Palabras de María. Todo lo que habéis cantado me remite a la predilección de Dios para conmigo. Después del anuncio, cuando el Ángel se marchó-no hubo más ángeles en mi vida- en mi soledad hacía una lectura del paso de Dios en mi historia..

Sentía como una realidad en mi vida aquello de la  Escritura…” El Señor me creó como primicia de sus caminos, antes de sus obras, desde siempre. Yo fui formada desde la eternidad, desde el comienzo, antes de los orígenes de la tierra. Yo nací cuando no existían los abismos, cuando no había fuentes de aguas caudalosas. Antes que fueran cimentadas las montañas, antes que las colinas, yo nací, cuando él no había hecho aún la tierra ni los espacios ni los primeros elementos del mundo. Cuando él afianzaba el cielo, yo estaba allí; cuando trazaba el horizonte sobre el océano, cuando condensaba las nubes en lo alto, cuando infundía poder a las fuentes del océano, cuando fijaba su límite al mar para que las aguas no transgredieran sus bordes, cuando afirmaba los cimientos de la tierra, yo estaba a su lado como un hijo querido y lo deleitaba día tras día, recreándome delante de él en todo tiempo, recreándome sobre la faz de la tierra, y mi delicia era estar con los hijos de los hombres” (Prov 8,22-31).( Pausa)

Experimentaba mi pertenencia a Dios…Recordaba cómo en la Creación encontraba su huella…Cómo me atraía la  contemplación del cielo tachonado de estrellas, del horizonte que  marcaba el limite a los campos cuajados de espigas o de hierba mojada salpicada de flores sencillas….Y siempre, una Presencia, una Presencia que ahora podía tocar en mi…

El Dios que yo conocía y amaba era el Dios fuerte, el poderoso, libertador de mi pueblo Israel. Aquél cuyo nombre no se podía pronunciar, ante quien había que cubrirse el rostro o descalzarse, era el mismo que yo sentía… Apoyada en mi fe le preguntaba a Dios… “Dios, mi Dios, ¿acaso Tú has cambiado?  ¿Tú te has hecho débil, insignificante, tan pequeño como para entregarte a una joven pobre y sencilla?…Todo era tan asombroso y nuevo…Alguien dentro de mi  me hacia crecer en la certeza de que el Dios fiel a sus promesas es el mismo Dios que vivía en mi…Dios, para salvar al hombre que quiso ser como Dios, entraba   en mí para hacerse en todo semejante al hombre. Ese misterio que Dios me había llamado a compartir con El me sobrecogía y, a la vez, me llenaba de gratitud… Así iba acompasando los pasos de mi existencia a la de mi Dios e hijo, Jesús. Para  mi no fue fácil…Yo, aún en la oscuridad, caminaba de certeza en certeza, peregrina de la fe…

Sé que esto no es fácil tampoco para ti…Por eso, quiero acompañarte en tu peregrinar hacia la comprensión del misterio de la Encarnación que sobrepasa toda lógica humana. Tú también estás llamada a compartir este misterio. Necesitas ser de los pequeños y sencillos que saben adorar en silencio, acoger la propia fragilidad en silencio, dejar entrar a Dios en la propia vida, saliendo de toda vanidad, mundanidad, superficialidad, egoísmo, ceguera humana…Mi ayuda no te falta.

 Silencio

 4 estrofa AKATHISTOS – LEÍDA

 Salve, Nutriz del Pastor y Cordero;
Salve, aprisco de fieles rebaños.
Salve, barrera a las fieras hostiles;
Salve, ingreso que da al Paraíso.

Salve, por ti con la tierra – exultan los cielos;
Salve, por ti con los cielos – se alegra la tierra.
Salve, de Apóstoles boca – que nunca enmudece;
Salve, de Mártires fuerza – que nadie somete.

Salve, de fe inconcuso cimiento;
Salve, fulgente estandarte de gracia.
Salve, por ti es despojado el averno;
Salve, por ti revestimos la gloria.

             Salve, ¡Virgen y Esposa!

 Silencio….La que desea repite, como eco, alguna frase de la estrofa o algún sentimiento

Una canción para escuchar 

 Silencio

 5 estrofa AKATHISTOS – CANTADA

 Salve, oh Madre del Sol sin ocaso;
Salve, aurora del místico Día.
Salve, tú apagas hogueras de errores;
Salve, Dios Trino al creyente revelas.

Salve, derribas del trono – al tirano enemigo;
Salve, nos muestras a Cristo – el Señor y el Amigo.
Salve, nos has liberado – de bárbaros ritos;
Salve, nos has redimido – de acciones de barro.                            
Salve, destruyes el culto del fuego; 

Salve, extingues las llamas del vicio.
Salve, camino a la santa templanza;
Salve, alegría de todas las gentes.

            Salve, ¡Virgen y Esposa!

  Palabras de María… ¡Cuánta verdad encierra vuestro canto!…La verdad del amor de Dios que, para salvar al hombre, se sirve de mí como su instrumento…Vuestro canto es casi  una glosa de aquel que el Señor me  inspiró después de haber recibido la alabanza de Isabel… Mi corazón estaba lleno del deseo de cantar el amor de mi Dios que tanto ama al mundo y envía a su Hijo y lo hace de un modo desconcertante….Yo cantaba lo que  había tocado en mí….Aún ahora, cuando en todos los rincones del mundo, en el rezo del atardecer del día, los cristianos os reunís para alabar a Dios, yo sigo prestándoos mis palabras, sigo apoyando vuestra oración e impulsándoos a crecer en ese amor nuevo que Dios ha venido a traer… Yo os invito a creer que Dios no se avergüenza de la bajeza del hombre. Entra dentro de ella, elige criaturas humanas como su instrumento y hace maravillas allí donde uno menos se lo espera.,Dios está cerca de las bajezas, ama lo que está perdido, lo que no es considerado, lo insignificante, lo marginal, lo débil, abatido…Donde los hombres dicen “ perdido”, El dice” encontrado”;donde dicen “ juzgado”, El dice “ salvado”; donde los hombres dicen “no”, El dice” sí”. Allí donde los hombres vuelven la mirada para no ver y pasar de largo con altanería o indiferencia, El pone su mirada llena de amor incomparable. Donde los hombres dicen  “despreciable”, allí Dios exclama “bienaventurado”.Cuando los hombres  caen en situaciones de las que sólo pueden avergonzarse ante Dios, ante los demás, ante si mismos y piensan que también Dios tendría que avergonzarse de ellos…Cuando se sienten lejos de Dios como nunca en la vida… justo allí, Dios está cerca como no lo ha estado nunca, allí hace sentir su acercarse para que comprendan el misterio de su amor y su gracia…

Dios mira la pequeñez, lo débil, lo pobre…Cuántas nuevas pobrezas vivís en vuestro mundo y ante ellas a veces se pasa de largo.

Esta es la palabra revolucionaria, apasionada del Adviento: Dios viene en la pobreza, en la sencillez, en la humildad, en la insignificancia…

Acoged y guardad en el corazón esta palabra.

 Silencio

 6 estrofa AKATHISTOS – LEÍDA

 Salve, levantas al género humano;
Salve, humillas a todo el infierno.
Salve, conculcas engaños y errores;
Salve, impugnas del ídolo el fraude.                                                    
Salve, oh mar que sumerge – al cruel enemigo; 

Salve, oh roca que das de beber – a sedientos de Vida.
Salve, columna de fuego – que guía en tinieblas;
Salve, amplísima nube – que cubres el mundo.

 

 Salve, nos diste el Maná verdadero;
Salve, nos sirves Manjar de delicias.
Salve, oh tierra por Dios prometida;
Salve, en ti fluyen la miel y la leche.

 

             Salve, ¡Virgen y Esposa!

 Silencio….La que desea repite, como eco, alguna frase de la estrofa o algún sentimiento

 

Una canción para escuchar 

 Silencio

  7 estrofa AKATHISTOS – CANTADA

 Salve, azucena de intacta belleza;
Salve, corona de noble firmeza.
Salve, la suerte futura revelas;
Salve, la angélica vida desvelas.


Salve, frutal exquisito – que nutre a los fieles;
Salve, ramaje frondoso – que a todos cobija.
Salve, llevaste en el seno – quien guía al errante;
Salve, al mundo entregaste – quien libra al esclavo.

Salve, plegaria ante el Juez verdadero;
Salve, perdón del que tuerce el sendero.
Salve, atavío que cubre al desnudo;
Salve, del hombre supremo deseo.

 

            Salve, ¡Virgen y Esposa!

 

 Palabras de María: Todo lo que decís es realidad por más sublime que parezca…Son alabanzas de un hijo que quiso permanecer en el anonimato y    que me amó mucho. El intuyó que, detrás de mi, está Dios siempre obrando maravillas..

Mientras esperaba a Jesús, mientras yo también vivía mi adviento, mi corazón repetía” el Verbo se ha hecho carne en ti”. Mi Señor y mi Dios estaba en mí y nadie se había apercibido de ello…En mi pueblo todo seguía igual…La vida corría en su rutina cansina, quizás para algunos, o llena  de interrogantes para aquéllos que estaban más afectados por la situación del pueblo…

Yo siempre me había unido a las esperanzas y a la espera de nuestro pueblo…Ahora todo lo veía desde otra perspectiva…El “Príncipe de la Paz”( cf.Isaias 9,5) era todavía niño…Se estaba gestando en mi…Nacía en una familia pobre…pero era el Mesías , el Salvador. Las palabras del profeta Isaías, tantas veces escuchadas, tenían el sabor de una realidad distinta a la que se esperaba…El Señor de la historia traía la salvación pero de manera tan difícil…Vislumbraba las dificultades que crearía el mensaje revolucionario de mi Hijo…El traía otra revolución…La armonía, la alegría, la felicidad que anuncia el profeta, la traía este niño… ¿Cómo? Yo seguía  creyendo.. Jesús, este niño, es el Señor, el hijo de Dios.(Pausa)

Quisiera que tú también ahondaras en la fe en la Palabra de Dios: “Jesucristo es Señor”…Cuánto  dolor hay en nuestro mundo…guerras, odio, violencias, falta de amor verdadero…Vosotros a veces teméis… ¿Por qué? Acaso no acabáis de creer que más allá de todo lo terrible que crea una cultura de muerte, ya se ha realizado, y hoy y aquí se realiza la  profecía del Salvador, Jesús, que ha amado hasta el extremo y ha resucitado y  hecho nuevas todas las cosas… (Pausa)

Cuando abrazaba en mi corazón al niño que llevaba en  mí, sentía misteriosamente que este abrazo alcanzaba a todos…a todos los hombres de ayer, de hoy y de mañana…Y que mi Salvador- porque antes que de nadie es mi Salvador- entra en la vida de todos, sin excluir a nadie…El salva a todos porque ha integrado en su ser a todos…En El, yo también abrazaba y abrazo a toda la humanidad.

 Silencio

8 estrofa AKATHISTOS  – LEÍDA

 Salve, mansión que contiene el Inmenso;
Salve, dintel del augusto Misterio.
Salve, de incrédulo equívoco anuncio;
Salve, del fiel inequívoco orgullo.


Salve, carroza del Santo – que portan querubes;
Salve, sitial del que adoran – sin fin serafines.
Salve, tú sólo has unido – dos cosas opuestas:
Salve, tú sola a la vez – eres Virgen y Madre.

Salve, por ti fue borrada la culpa;
Salve, por ti Dios abrió el Paraíso.
Salve, tú llave del Reino de Cristo;
Salve, esperanza de bienes eternos.

 

            Salve, ¡Virgen y Esposa!

 Silencio….La que desea repite, como eco, alguna frase de la estrofa o algún sentimiento

Una canción para escuchar 

 Silencio

 9 estrofa AKATHISTOS – CANTADA

 Salve, sagrario de arcana Sapiencia;
Salve, despensa de la Providencia.
Salve, por ti se confunden los sabios;
Salve, por ti el orador enmudece.

 

Salve, por ti se aturden – sutiles doctores;
Salve, por ti desfallecen – autores de mitos;
Salve, disuelves enredos – de agudos sofistas;
Salve, rellenas las redes – de los Pescadores.

Salve, levantas de honda ignorancia;
Salve, nos llenas de ciencia superna.
Salve, navío del que ama salvarse;
Salve, oh puerto en el mar de la vida.

 

            Salve, ¡Virgen y Esposa!

 Palabras de María. En vuestras alabanzas, descubro vuestro hondo deseo de sencillez, que abre a la ciencia de Dios, al descubrimiento de sus misterios…Así lo dice Jesús…Interioriza su palabra: ” Te bendigo Padre, Señor de cielos y tierra, porque has escondido tus misterios a los sabios de este mundo y los has revelado a los sencillos”(Mt 11,25-30)

Vosotras, especialmente estáis llamadas a vivir la sencillez y la humildad que marcó profundamente la vida de Vicenta María…Esa sencillez y humildad expresada en la obediencia y en la pobreza que mi Hijo quiso vivir también en su nacimiento a cuya celebración os preparáis ya. A José y a mi, no se nos hizo fácil la comprensión del nuevo modo de revelarse de Dios. Recorrimos juntos un caminar en medio de sospechas, incomprensiones, dudas y dificultades. Enfrentamos nuestro viaje en la confianza y seguridad puestas en el Dios que rige los designios de la historia, eso sí, sostenida por el gozo de una maternidad que iba gustando cada día en el silencio de mi corazón y en el compartir con José.

Vosotros, en vuestra piedad, habéis rodeado la celebración del nacimiento de Jesús de mucho encanto, ternura, poesía…Los hubo…porque Jesús Niño lo llenó todo.Pero la realidad no dejaba de ser dura…Nuestra fe fue probada…No nos atrevíamos a verbalizar nuestras preguntas.Sabiamos lo que había en nuestro corazón: ¿Es posible que el Hijo de Dios nazca así y todo es tan normal: soledad, pobreza, rechazo ..? Vimos llegar a los pastores, los más pobres y nos comunicaron el anuncio recibido por ellos. Comprendíamos, poco a poco,  que Jesús nacía  pobre entre los pobres y así realizaba el designio de salvación…Lo que había cantado en mi canto inspirado por el Espíritu Santo, se iba lentamente convirtiendo en realidad.

La preferencia de Dios es por los pobres, los humildes, los sencillos…La implicación en la Navidad de Jesús para los cristianos está en amar lo que amó mi Hijo Jesús el Salvador. Amarle a El en su pobreza, sencillez…

Acoger el reto de la pobreza, de la obediencia, es vuestro  homenaje a Aquél que esperáis en este Adviento… Os aseguro que ésta es la verdadera felicidad…

 Silencio

10 estrofa AKATHISTOS – LEÍDA

 Salve, columna de sacra pureza;
Salve, umbral de la vida perfecta.
Salve, tú inicias la nueva progenie;
Salve, dispensas bondades divinas.                                                      
Salve, de nuevo engendraste – al nacido en deshonra;

Salve, talento infundiste – al hombre insensato.
Salve, anulaste a Satán – seductor de las almas;
Salve, nos diste al Señor – sembrador de los castos.

Salve, regazo de nupcias divinas;
Salve, unión de los fieles con Cristo.
Salve, de vírgenes Madre y Maestra;
Salve, al Esposo conduces las almas.

 

            Salve, ¡Virgen y Esposa

Silencio….La que desea repite, como eco, alguna frase de la estrofa o algún sentimiento

Una canción para escuchar 

 Silencio

 11 estrofa AKATHISTOS – CANTADA

 Salve, oh rayo del Sol verdadero;
Salve, destello de Luz sin ocaso.
Salve, fulgor que iluminas las mentes;
Salve, cual trueno enemigos aterras.

 

Salve, surgieron de ti – luminosos misterios;
Salve, brotaron en ti – caudalosos arroyos.
Salve, figura eres tú – de salubre piscina;
Salve, tú limpias las manchas – de nuestros pecados.

Salve, oh fuente que lavas las almas;
Salve, oh copa que vierte alegría.
Salve, fragancia de ungüento de Cristo;
Salve, oh Vida del sacro Banquete.

 

            Salve, ¡Virgen y Esposa!

 Palabras de María: Habéis dicho “surgieron de ti luminosos misterios… brotaron caudalosos arroyos…” Pues sí, Dios hizo que de mi ser brotaran los resortes para acompañar en su crecimiento a su Hijo y mi Hijo. Por más misterioso que parezca y sea, no deja de ser ésta, una realidad. Mi Hijo quiso recorrer el camino de todo hombre y encontró en mí todo lo que un hijo necesita en el orden humano, psicológico, espiritual…

A mi lado, fue creciendo en la conciencia de lo que El era y en la cálida atmósfera de mi amor de madre, se formó su corazón.

Recuerdo la mirada de sus ingenuos y despiertos ojos de niño, su atención para captar el sentido de nuestras oraciones… Mi tarea, como la de toda madre, era la de enseñar las formas humanas de devoción , las expresiones usadas en el culto.. Así, humilde y sencillamente, yo enseñaba a orar a Aquél que más tarde sería el Maestro de la oración.

Siento revivir en mí la sintonía que había entre su corazón y el mío, en lo que era la tónica de nuestras vidas: la acogida de la voluntad del Padre… la que nos guió siempre en lo pequeño y lo grande… ¡Cómo no recordar la desgarradora oración de Getsemaní…! “que pase de mí este cáliz, pero se cumpla tu voluntad…” (Mt 26,39) pórtico de su SI consumado en la cruz.

A mi lado fue madurando su actitud de entrega y servicio que pude contemplar aún desde lejos, en las delicadas atenciones a sus discípulos… Con qué cariño les improvisaba una comida, con pan y pescado, como hizo a la orilla del Tiberiades… ¡Y qué decir del gesto de ceñirse la toalla y lavar los pies antes de la entrega de su Cuerpo y de su Sangre!… (Jn 13,4-5)

Juntos, en un misterioso intercambio de divino y humano, fuimos entrando en la vivencia de las bienaventuranzas… Yo le ofrecía mi aporte humano, El me entregaba lo que iba aprendiendo en contacto con la realidad y al soplo del Espíritu que moraba en El… Así, se iba desplegando ante mis ojos, la belleza de la pobreza, de la mansedumbre, de la paz, de la justicia, de todas las bienaventuranzas que fueron la carta magna de su mensaje, la síntesis de su vida y la herencia que os dejó…

Así viví yo a su lado, en la cálida atmósfera de Nazaret, donde el amor sazonaba la pobreza, la humildad, donde la cotidianeidad se teñía de la novedad del querer de Dios que siempre es amor, donde su personalidad humano-divina se iba forjando y preparando para afrontar la lucha. Yo estaba con El siempre, aún cuando no estaba físicamente cerca… Dios nos unía… Pude acompañarle cuando todos lo abandonaron  y permanecer de pie junto a su Cruz, porque el Espíritu que me habitaba me llevó a pronunciar nuevamente mi “hágase” junto con el “todo está cumplido” de Jesús (Jn 19,30). Y esperé su resurrección. Fiel a mi nueva maternidad hice con “los hijos” que El me dejó, lo que hice con El. (Pausa)

Y esto es lo que sigo haciendo desde el corazón de Dios… Esto es lo que sigo siendo para vosotros, Madre y Educadora, como lo fui de Jesús. Estoy y estaré siempre con vosotros.

 Silencio

12 estrofa AKATHISTOS – LEÍDA

 Salve, oh tienda del Verbo divino;
Salve, más grande que el gran Santuario.
Salve, oh Arca que Espíritu dora;
Salve, tesoro inexhausto de vida.

 

Salve, diadema preciosa – de reyes devotos;
Salve, orgullo glorioso – de sacros ministros.
Salve, firmísimo alcázar – de toda la Iglesia;
Salve, muralla invencible – de todo el Imperio.

 

Salve, por ti enarbolamos trofeos;
Salve, por ti sucumbió el adversario.
Salve, remedio eficaz de mi carne;
Salve, inmortal salvación de mi alma.

 

            Salve, ¡Virgen y Esposa!

 Silencio… La que desea, repite, como eco, alguna frase de la estrofa o algún sentimiento.

Una canción para escuchar

 Silencio

 ORACIÓN FINAL

             María, al despedirnos de ti esta noche, sólo queremos agradecerte tu SABER ESTAR, haciéndote cargo de nuestra pequeñez, de nuestra incapacidad de expresar todo lo que llevamos en el corazón. Tú que has anclado a Dios la tierra y la humanidad, sigue anclándonos a tu Hijo. Tú, que en tu divina y humana maternidad, has hecho para siempre de Dios el Emmanuel, el Dios con nosotros, has hecho de Cristo nuestro hermano, haz que nuestro seguimiento de Jesús se apoye en tus actitudes.

Acoge en tu Corazón a la “pequeña grey” de Vicenta María y haz que allí donde esté, sepa ofrecerte como modelo y guía especialmente a las jóvenes y a cuantos forman parte de nuestra familia congregacional.

Te lo pedimos por tu Hijo, tu Señor y nuestro Señor Jesús.

 

 

Hacia la fiesta de María

Entramos en los tres días previos de preparación para celebrar a nuestra Madre Inmaculada y lo hacemos con ilusión, esperanza y entusiasmo. Nos centraremos en algunos rasgos esenciales de María

Día primero: sábado, 5 de diciembre

MARÍA,  MADRE…

 

Meditación

 “Traté de encomendarme al Hijo y a la Madre…”

(Sta. Vicenta Mª-EE 1883)

 Vicenta María ve la figura de María inseparablemente unida a la de Jesús y éste es el valor más grande de su devoción mariana… “Este amor y esta devoción a la Santísima Virgen iba creciendo al mismo tiempo con aquella que profesaba a su Divino Hijo”.

 ¿Pero, qué hizo de María la MADRE DE JESÚS? ¿Qué hizo que María entrara de lleno en la historia de la salvación… como protagonista de la misma?

– Su entrega a la voluntad del Padre, su FIAT (Hágase).

El primer SÍ de la historia de la salvación, el de Jesús “he aquí que vengo para hacer tu voluntad”, encuentra un cauce de realización en el SÍ de María. El SÍ de María se enraíza en el SÍ de Jesús y es a la vez el camino por donde Jesús hace realidad su deseo de cumplir la voluntad del Padre… La obediencia de María la constituyó Madre de Jesús y Madre de la humanidad… Este es el gran regalo de María a la humanidad, el fruto de su obediencia, su MATERNIDAD. Ésta es la realidad que nos tendría que hacer gozar, esa realidad misteriosa pero “real”, esa realidad fruto de la adhesión total y sin reservas de María al querer de Dios, en una actitud de fe y obediencia.

Oración

  • Queremos que seas para nosotros lo que fuiste para Vicenta María, un modelo de identificación, un punto de referencia constante… la Virgen de sus días y de sus noches, de su infancia y de su adolescencia, de su juventud y de su edad adulta, la compañera de camino, la testigo silenciosa de sus anhelos de santidad, la Virgen Madre de Jesús.
  • María, esperas a Jesús. Pero en Él esperas a cada uno de nosotros, a todos los hermanos de Jesús, a toda la humanidad redimida por Él… Guárdanos en tu corazón y haznos sentir tu cercanía de Madre…

Día segundo: domingo, 6 de diciembre

MARÍA, VIRGEN DEL DISCERNIMIENTO

  Meditación

 “El señor está contigo… El Espíritu te cubrirá… María discurría que podría ser aquel saludo…”  (Lc 1, 26-38)

“María de la Anunciación”: Dios irrumpe en su vida con una intervención fulgurante y misteriosa… Reflexiona y pregunta, quiere saber el “cómo” de la acción divina. (El peligro no está en hacer preguntas sobre el cómo, sino más bien en no escuchar o no aceptar las respuestas que nos vienen de Dios).

María recibe contestaciones misteriosas, no fácilmente comprensibles, que Ella, sin embargo, acepta y medita en su corazón. Es una meditación que le ayuda a progresar en la fe y en la capacidad de discernir, de ver la presencia de Dios en su vida, en la vida del mundo.

Y María de la Visitación nos ofrece, con su canto del Magníficat, el resultado de su búsqueda, de su discernimiento. María ha descubierto cómo Dios interviene en Ella y por qué y cómo interviene en el mundo. María celebra -porque en su discernimiento en fe lo ha visto- la paradoja de la salvación mesiánica empezada, humildemente, con la concepción de Jesús, nada para los soberbios, todo para los humildes. La Virgen María celebra lo que Dios ha hecho en Ella y, proféticamente, fija para siempre el modo de Dios de intervenir en la historia del hombre. Es la profunda mirada interior de María que la lleva a intuir cómo puede disponerse para que el Espíritu “que la cubre” vaya, sin obstáculos, haciendo crecer al Jesús de la Virgen María.

Oración 

  • También nosotros recibimos anuncios de parte de Dios, y debemos descubrir, desde una fe difícil y oscura, a través de signos  -tan distintos de los esperados- tan extraños para nuestra “sabiduría humana” al Mesías, al Salvador… Necesitamos: pobreza de corazón, humildad, conciencia de nuestra pequeñez y dependencia de Dios, apertura a la VERDAD de Dios y disponibilidad a ella, sensibilidad para captar lo que ES o NO ES de Dios…
  • Virgen de la Anunciación, enséñanos a vivir en ORACIÓN, en atención constante a Dios.
  • En nuestro corazón Dios ha derramado el Espíritu Santo y con Él el tesoro de su caridad que nos hace “nuevos”, capaces de discernir lo que es bueno, lo que es agradable, lo que es perfecto…
  • Virgen de la Visitación, ayúdanos a descubrir las riquezas que el Espíritu de Dios siembra en nuestro corazón, a leer en sus inspiraciones los deseos de un Dios que sigue queriendo, con amor infinito, modelar la obra que Él, desde toda la eternidad acarició en su corazón.

María,  Tú eres el modelo para nuestro discernimiento todo el modelo de una vida en discernimiento o un discernimiento en la vida. Ayúdanos a leer la acción de Dios en nuestra vida y a secundarla con generosidad buscando siempre su mayor gloria.

 

Día tercero: lunes, 7 de diciembre

MARÍA, VIRGEN DE LA ESPERA SILENCIOSA… 

 Meditación

“Cuando un sosegado silencio todo lo envolvía y la noche se encontraba en mitad de su carrera, tu Palabra omnipotente… salió del cielo” ( Sb 18, 14-15)

María, la Virgen de la ESPERA nos acoge a todos, en SILENCIO, un SILENCIO cargado de AMOR, como el SILENCIO que se hizo en el mundo cuando se encarnó la PALABRA.

Ante Ella quizás necesito preguntarle: ¿Quién es para mí Aquel que viene?  Necesito que Ella me ayude a revisar la imagen que yo tengo de Jesús el Salvador, el Verbo que se hizo hombre, que se anonadó, que se entregó por mí desde el momento en que se encarnó. Jesús es para mí Aquél que me AMA y me LLAMA para transformarme, para SER en mí, para ESTAR conmigo, para entrar en mi casa y CENAR conmigo, permaneciendo en MI y desde mí proyectarse hacia los demás como LUZ, VERDAD, VIDA… JESÚS VIENE para salvarme, para salvar el mundo. VIENE para manifestarnos el AMOR del PADRE… ¿Cuál es mi respuesta a ese AMOR?

Ante María, la Virgen de la ESPERA silenciosa y contemplativa, permanezcamos en SILENCIO… y desde el SILENCIO intentemos ESTAR ante el JESÚS que lleva en sus entrañas, para penetrar en el sentido de su venida.

En este adviento, con MARÍA, la Madre Inmaculada, la Virgen  MADRE, aprendamos el SILENCIO  que es la puerta para la contemplación del MISTERIO.

Oración 

  • María, ayúdanos a vivir y gustar el SILENCIO…
  • Un SILENCIO que es PRESENCIA, presencia de Aquél que santifica, que la invade con su Espíritu… María, ayúdanos a vivir y gustar el SILENCIO…
  • Un SILENCIO que es FE, fe recia que se abandona a un Dios sorpresa, a un Dios que va llevando por encima de proyectos personales.
  • María, ayúdanos a vivir y gustar el SILENCIO…
  • Un SILENCIO que es ESPERANZA, esperanza firme en la promesa de un Dios fiel.
  • María, ayúdanos a vivir y gustar el SILENCIO…
  • Un SILENCIO que es CONTEMPLACIÓN, contemplación de la palabra hecha CARNE, contemplación que calienta, transforma, madura, sostiene TU SER de MADRE VIRGEN.
  • María, ayúdanos a vivir y gustar el SILENCIO…
  • Un SILENCIO que es ENTREGA, entrega e todo lo que ES a Dios y a los hermanos de su Hijo.

María, Tú eres SILENCIO

y porque eres  silencio

la PALABRA

te invade, empapa todo tu ser transfigurándote.

Tu CORAZÓN calla, todo tu SER calla

esperando a SU DIOS.

Tu  corazón aguarda en  silencio la salvación.

Y la SALVACIÓN hecha AMOR se encarna en ti

para asumir y salvar a tus hijos los hombres.


 

Bula de la Misericordia (del Papa Francisco) – 3ª parte

 

El misterio de la misericordia es fuente de alegría, de serenidad y de paz…

Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro.

Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida.

Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado.

La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia.

La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo.

Tal vez por mucho tiempo nos hemos olvidado de indicar y de andar por la vía de la misericordia…

Ha llegado de nuevo para la Iglesia el tiempo de encargarse del anuncio alegre del perdón.

Es el tiempo de retornar a lo esencial para hacernos cargo de las debilidades y dificultades de nuestros hermanos.

El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza…

En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea.

¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy!

Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos.

En este Jubileo la Iglesia será llamada a curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención.

No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye.

Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio.

Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad.

Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo.

Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales.

Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos.

Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a  Dios por los vivos y por los difuntos.

No podemos escapar a las palabras del Señor y en base a ellas seremos juzgados: si dimos de comer al hambriento y de beber al sediento.

Si acogimos al extranjero y vestimos al desnudo.

Si dedicamos tiempo para acompañar al que estaba enfermo o prisionero (cfr Mt 25,31-45).

Igualmente se nos preguntará si ayudamos a superar la duda, que hace caer en el miedo y en ocasiones es fuente de soledad; si fuimos capaces de vencer la ignorancia en la que viven millones de personas, sobre todo los niños privados de la ayuda necesaria para ser escatados de la pobreza; si fuimos capaces de ser cercanos a quien estaba solo y afligido; si perdonamos a quien nos ofendió y rechazamos cualquier forma de rencor o de odio que conduce a la violencia; si tuvimos paciencia siguiendo el ejemplo de Dios que es tan paciente con nosotros; si encomendamos al Señor en la oración nuestros hermanos y hermanas.

En cada uno de estos “más pequeños” está presente Cristo mismo.

Su carne se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido… para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado.

La palabra del perdón pueda llegar a todos y la llamada a experimentar la misericordia no deje a ninguno indiferente.

No caigáis en la terrible trampa de pensar que la vida depende del dinero y que ante él todo el resto se vuelve carente de valor y dignidad.

Es sólo una ilusión. No llevamos el dinero con nosotros al más allá.

El dinero no nos da la verdadera felicidad.

Para todos, tarde o temprano, llega el juicio de Dios al cual ninguno puede escapar.

La corrupción es una obstinación en el pecado, que pretende sustituir a Dios con la ilusión del dinero como forma de poder. Es una obra de las tinieblas, sostenida por la sospecha y la intriga.

Para erradicarla de la vida personal y social son necesarias prudencia, vigilancia, lealtad, transparencia, unidas al coraje de la denuncia.

¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida! Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón.

No será inútil en este contexto recordar la relación existente entre justicia y misericordia. No son dos momentos contrastantes entre sí, sino dos dimensiones de una única realidad que se desarrolla progresivamente hasta alcanzar su ápice en la plenitud del amor.

La justicia es un concepto fundamental para la sociedad civil cuando, normalmente, se hace referencia a un orden jurídico a través del cual se aplica la ley.

Con la justicia se entiende también que a cada uno se debe dar lo que le es debido…

La misericordia no es contraria a la justicia sino que expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer.

Si Dios se detuviera en la justicia dejaría de ser Dios, sería como todos los hombres que invocan respeto por la ley.

La justicia por sí misma no basta, y la experiencia enseña que apelando solamente a ella se corre el riesgo de destruirla.

Por esto Dios va más allá de la justicia con la misericordia y el perdón.

https://www.youtube.com/watch?v=l4On60w6q10

Bula de la Misericordia (del Papa Francisco) – 2ª parte

Bula de la Misericordia (del Papa Francisco) – 2ª parte
En la « plenitud del tiempo » (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor.
El Año jubilar se concluirá en la solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, el 20 de noviembre de 2016.
En ese día, tendremos ante todo sentimientos de gratitud y de reconocimiento hacia la Santísima Trinidad por habernos concedido un tiempo extraordinario de gracia.
Con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la Santísima Trinidad.
La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud.
« Dios es amor » (1Jn4,8.16)… Este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús. Un amor que se dona ratuitamente…
Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes llevan consigo el distintivo de la misericordia.
En Él todo habla de misericordia…
Jesús, ante la multitud de personas que lo seguían, viendo que estaban cansadas y extenuadas, pérdidas y sin guía, sintió desde lo profundo del corazón una intensa compasión por ellas (cfr Mt9,36).
A causa de este amor compasivo curó los enfermos que le presentaban (cfr Mt14,14) y con pocos panes y peces calmó el hambre de grandes muchedumbres (cfr Mt15,37).
Cuando encontró la viuda de Naim, que llevaba su único hijo al sepulcro, sintió gran compasión por el inmenso dolor de la madre en lágrimas, y le devolvió a su hijo resucitándolo de la muerte (cfr Lc7,15).
Después de haber liberado el endemoniado de Gerasa, le confía esta misión: « Anuncia todo lo que el Señor te ha hecho y la misericordia que ha obrado contigo » (Mc5,19).
También la vocación de Mateo se coloca en el horizonte de la misericordia. Pasando delante del banco de los impuestos, los ojos de Jesús se posan sobre los de Mateo.
Era una mirada cargada de misericordia que perdonaba los pecados de aquel hombre y, venciendo la resistencia de los otros discípulos, lo escoge a él, el pecador y publicano, para que sea uno de los Doce.
En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia.
Conocemos estas parábolas; tres en particular: la de la oveja perdida y de la moneda extraviada, y la del padre y los dos hijos (cfr Lc15,1-32).
En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona.
De otra parábola podemos extraer una enseñanza para nuestro estilo de vida cristiano.
Provocado por la pregunta de Pedro acerca de cuántas veces fuese necesario perdonar, Jesús responde: « No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete » (Mt 18,22) y pronunció la parábola del “siervo despiadado”. Este, llamado por el patrón a restituir una
grande suma, le suplica de rodillas y el patrón le condona la deuda.

Pero inmediatamente encuentra otro siervo como él que le debía unos pocos centésimos, el cual le suplica de rodillas que tenga piedad, pero él se niega y lo hace encarcelar.
Entonces el patrón, advertido del hecho, se irrita mucho y volviendo a llamar aquel siervo le dice: « ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti? » (Mt18,33).
Y Jesús concluye: « Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos » (Mt18,35).
Jesús afirma que la misericordia no es sólo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos.
Estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia.
El perdón de las ofensas deviene la expresión más evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que no podemos prescindir.
¡Cómo es difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón.
Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices. Acojamos entonces la exhortación del Apóstol: « No permitan que la noche los sorprenda enojados » (Ef4,26).
Y sobre todo escuchemos la palabra de Jesús que ha señalado la misericordia como ideal de vida y como criterio de credibilidad de nuestra fe. « Dichosos los misericordiosos, porque encontrarán misericordia » (Mt5,7)…
También para llegar a la Puerta Santa en Roma y en cualquier otro lugar, cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación. Esto será un signo del hecho que también la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y
sacrificio.
El Señor Jesús indica las etapas de la peregrinación mediante la cual es posible alcanzar esta meta: « No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados.
Dad y se os dará: una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque seréis medidos con la medida que midáis » (Lc 6,37-38).
Dice, ante todo, no juzgar y no condenar. Si no se quiere incurrir en el juicio de Dios, nadie puede convertirse en el juez del propio hermano.
Los hombres con sus juicios se detienen en la superficie, mientras el Padre mira el interior.
¡Cuánto mal hacen las palabras cuando están motivadas por sentimientos de celos y envidia!
Hablar mal del propio hermano en su ausencia equivale a exponerlo al descrédito, a comprometer su reputación y a dejarlo a merced del chisme.
No juzgar y no condenar significa saber percibir lo que de bueno hay en cada persona y no permitir que deba sufrir por nuestro juicio parcial y por nuestra presunción de saberlo todo.
Jesús pide también perdonar y dar. Ser instrumentos del perdón, porque hemos sido los primeros en haberlo recibido de Dios. Ser generosos con todos sabiendo que también Dios dispensa sobre nosotros su benevolencia con magnanimidad.
En el Evangelio de Lucas encontramos otro aspecto importante para vivir con fe el Jubileo…
Jesús, un sábado, volvió a Nazaret y, como era costumbre, entró en la Sinagoga. Lo llamaron para que leyera la Escritura y la comentara.
El paso era el del profeta Isaías donde está escrito: « El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a roclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor » (61,1-2)…
Este Año Santo lleva consigo la riqueza de la misión de Jesús que resuena en las palabras del Profeta: llevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros de las nuevas esclavitudes de la sociedad moderna,
restituir la vista a quien no puede ver más porque se ha replegado sobre sí mismo, y volver a dar dignidad a cuantos han sido privados de ella.
La predicación de Jesús se hace de nuevo visible en las respuestas de fe que el testimonio de los cristianos está llamado a ofrecer… « El que practica misericordia, que lo haga con alegría » (Rm 12,8).
Por su parte, Jesús habla muchas veces de la importancia de la fe, más bien que de la observancia de la ley. Es en este sentido que debemos comprender sus palabras… « Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a
llamar a los justos, sino a los pecadores » (Mt 9,13).
Ante la visión de una justicia como mera observancia de la ley que juzga, dividiendo las personas en justos y pecadores, Jesús se inclina a mostrar el gran don de la misericordia que busca a los pecadores para ofrecerles el perdón y la salvación.
Se comprende por qué, en presencia de una perspectiva tan liberadora y fuente de renovación, Jesús haya sido rechazado por los fariseos y por los doctores de la ley. Estos, para ser fieles a la ley, ponían sólo pesos sobre las espaldas de las personas, pero así frustraban la misericordia del Padre.
El reclamo a observar la ley no puede obstaculizar la atención a las necesidades que tocan la dignidad de las personas.
Jesús afirma que de ahora en adelante la regla de vida de sus discípulos deberá ser la que da el primado a la misericordia, como Él mismo testimonia compartiendo la mesa con los pecadores.
Jesús va más allá de la ley; su compartir con aquellos que la ley consideraba pecadores permite comprender hasta dónde llega su misericordia.
Esta justicia de Dios es la misericordia concedida a todos como gracia en razón de la muerte y resurrección de Jesucristo.
La Cruz de Cristo es el juicio de Dios sobre todos nosotros y sobre el mundo, porque nos ofrece la certeza del amor y de la vida nueva.
El pensamiento se dirige ahora a la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios.
Ninguno como María ha conocido la profundidad del misterio de Dios hecho hombre… La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor.
Elegida para ser la Madre del Hijo de Dios, María estuvo preparada desde siempre por el amor del Padre para ser ArcadelaAlianza entre Dios y los hombres.
Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús.
Su canto de alabanza, en el umbral de la casa de Isabel, estuvo dedicado a la misericordia que se extiende « de generación en generación » (Lc 1,50). También nosotros estábamos
presentes en aquellas palabras proféticas de la Virgen María…

Al pie de la cruz, María junto con Juan, el discípulo del amor, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús.
El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios. María atestigua que la misericordia del Hijo de Dios no conoce límites y alcanza a todos sin excluir a ninguno.
Dirijamos a ella la antigua y siempre nueva oración del Salve Regina, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús.

https://youtu.be/bQDVzyjiF_I