Visitar a los presos

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Jesús… tu no has conocido más prisión que tu cruz donde te han clavado, quitándote toda libertad de movimiento…
Y esta cruz es la que te aprisiona por amor al hombre… “Doy la vida porque quiero” dijiste…Y tu palabra la vemos hecha realidad…Es la libertad que madura en el amor la que voluntariamente te hace estar atado de manos y pies… En esta “prisión” no hay nadie que te visite ni te acompañe…más que tu Madre, tu discípulo predilecto y un puñado de fieles mujeres que han comprendido todo el alcance de tu entrega…
Voluntariamente estás allí… El juez, Pilato, ha declarado abiertamente y casi a gritos para dejarse escuchar por la muchedumbre enfurecida “que no ve culpa en este hombre”…Y sin embargo te condena…Te atan manos y pies…pero no te quitan la libertad…La libertad del Hijo de Dios que ama entrañablemente su misión y por eso ni siquiera habla para declarar su inocencia…
Quisiste compartir la suerte de aquellos que viven la experiencia de la perdida de la libertad…justamente o injustamente condenados…Porque para ti no hay diferencia. Tú cargas con el dolor de cualquiera, con el del preso, víctima de su codicia, de su violencia, de su pecado o del preso inocente que sufre una condena injusta…
Jesús quiero acompañarte contemplándote atado a tu cruz, entregado por la salvación de todos los presos del mundo a los que me invitas a visitar con mi recuerdo, oración, compasión, MISERICORDIA, cuando no tengo otro modo de hacerlo…

Pobreza del corazón

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“Es necesario conocerme y conocer mi pasado
Soy lo que soy lo que soy a los ojos de Dios
Pero es muy importante para la gente conocer a los pobres. La pobreza material siempre se puede satisfacer con lo material
los despreciados, los no amados, los no cuidados, los olvidados, los solos… Esta es una pobreza mucho mas grande. Hoy la pasión de Cristo es revivida en cada uno d nosotros, de otra manera. La soledad de Jesús, el dolor y el sufrimiento de Jesús en Getsemaní que hizo que Jesús sudara sangre, creo que es mucho más grande que la crucifixión misma. La crucifixión fue temporal en la carne, pero la agonía de la soledad y la agonía de ser rechazado, de haber sido abandonado, hizo que sudara sangre. Y creo que vemos hoy esas soledad revivida en muchos pases ricos. Su gente sufre la tortura de no ser queridos, de ser rechazados. Y creo que ese es el sufrimiento más grande, y la pobreza más grande hoy día. Pero creo que la forma más simple de mostrar el amor de Dios y que Dios nos ama, es con lo que Jesús vino a enseñarnos, es ese amor del uno con el otro… No es cuanto hacemos o lo “grande que es” lo que hacemos, sino cuanto amor ponemos en lo que hacemos, porque somos seres humanos y para nosotros se ve muy pequeño, pero una vez que le entregamos lo que hacemos a Dios, Dios es infinito y esa pequeña acción se trasforma en una acción infinita…. porque Dios es infinito y para El no hay medida. Y eso es muy importante para todos, no solo para nosotras las religiosas, sino para todos, cualquiera sea su forma de vida.
Debemos encontrar la santidad en el trabajo que Dios nos ha encomendado al darnos un “regalo especial”. A cada uno de nosotros nos ha dado un don especial, a lo mejor lo único que sé hacer es pelar papas pero debo s pelarlas hermosamente, ese es mi amor por Dios en acción. No es cuanto hacemos, sino cuanto amor ponemos en lo que hacemos, eso es mucho más importante para Dios…. y para nosotros también.”(S.Teresa de Calcutta)

Jesus,llena mi corazón de misericordia, para que sepa acercarme a todas las pobrezas que llenan nuestro mundo…que sepa visitar desde la humildad de corazón a todos los que de palabras o en silencio piden consuelo….que “donde no hay amor ponga amor para sacar amor”

“No es el siervo más que su amo”

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Visitar a los enfermos

“No es el siervo más que su amo”…Qué puedo hacer, Señor, para identificarme con tus sentimientos?…Se y creo que solo tu amor y tu gracia pueden realizar este milagro…el milagro de escucharte y dejarme convertir…
Tú me hablas con respuestas sencillas, desde acciones que saben a disponibilidad, cordialidad, inmediatez…
Tu sencillamente hablas de hacerte cargo , marcando una presencia en los momentos de fragilidad y vulnerabilidad del ser humano…misericordia y solidaridad es estar cerca de quien sufre, incluso sin entender la fuerza y la extensión del sufrimiento..
Así me hablas de cercanía, de disponibilidad, de atención a las necesidades de los demás.
Tu evangelio relata abundantemente momentos en que tu acoges, atiendes, socorres y curas los enfermos…A veces te los llevaban al atardecer…casi a escondidas, para que nadie pudiera impedir u obstaculizar tu labor sanadora…Otras veces – recuerdo la curación de la suegra de Pedro- solo te basta saber que la persona está enferma para curarla y devolverle así el gusto de servirte…porque seguramente intuirías que su presencia eficiente era necesaria en aquel momento… Otras veces te dispones a desplazarte hasta la casa del enfermo…
Así sucedió en Cana, después del milagro de la transformación del agua en vino, cuando vino a visitarte un funcionario real para suplicarte que bajaras a sanar a su hijo enfermo…Te paraste a pensar en voz alta…te preocupaba el que para creer la gente necesitaba signos. Pero la angustia del hombre no te dejó indiferente…su suplica conmovió tu corazón…y realizaste el milagro…y gozaste con la fe del hombre que se fio de tu palabra…
Jesús, enséñame a caer en la cuenta del sufrimiento ajeno, a intuir incluso lo que puede haber de tras de situaciones aparentemente normales que por otra parte esconden a veces dramas que se ocultan por pudor…Hazme capaz de entender que la realidad de la misericordia va mucho más allá de la acepción normal de la palabra…encierra toda la riqueza que el amor de tu corazón es capaz de contener…
Que tu corazón me hable de cómo se vive la MISERICRDIA como estilo de vida…

VISITAR A LOS ENFERMOS

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Jesús, tu cruz es la expresión más acabada d e tu misericordia… porque es allí donde terminas de experimentar todo lo nuestro, nuestra debilidad, fragilidad, y finitud. Y es desde allí , trono de misericordia, trono desde donde atraes a Ti a todos -así lo dijiste- sigues invitándonos a ser misericordia para los demás. Y hoy a llevar nuestro amor a los enfermos, a los que sufren, a los que necesitan consolación.
Tu, aún antes de nacer, nos enseñas a acudir al lado de los que algo sufren. Tu Madre que te llevaba en sus entrañas recorrió el camino que la separaba del pueblo de su prima, para llevar consuelo a Isabel. No es que estuviera enferma en el cuerpo, solo necesitaba -en su condición de mujer anciana que vivía el sorprendente milagro de una maternidad en la esterilidad- una palabra de amistad, de consuelo, de confirmación… Y esta palabra se la dio tu Madre con su presencia, y Tu mismo Jesús, que hiciste saltar de gozo en el vientre de su madre a Juan, confirmando así que el hijo de Isabel algo tenía que ver con el Hijo de Dios encarnado.
Tu siempre Jesús, atento a la debilidad de la persona humana , Tu siempre esgrimiendo tu bondad para llegar al corazón del hombre, Tu siempre, aun desde el silencio del anonadamiento, como hiciste en el vientre de tu Madre, como haces desde el silencio del Misterio Eucarístico, llevas el consuelo, la paz, a quien sufre de cualquier dolencia, so solamente necesita la confirmación de tu presencia en su corazón angustiado.
Tu siempre olvidándote de ti y pensando en los demás. Así consolaste a tu Madre y a Juan, en una situación para la que pocos consuelos había, ratificando la vinculación que entre el los tu habías creado.
Jesús, qué me quieres decir? que abra mi corazón a las necesidades de los que sufren y les lleve el consuelo y la ternura de tu corazón… que esto es MISERICORDIA

Acoger al forastero

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Jesús, nos has dejado un mandamiento hecho vida… “Amaos como yo os he amado”…Y nos has mostrado como amas. Así en ese “como” nos invitas a superar nuestro egoísmo y a reconocer como nuestras las necesidades de los demás, a llenar de amor su soledad, a compartir con ellos el camino y a tratar juntos de dar sentido a nuestro camino…
Jesús, tu nos dices a través de tantas situaciones que has vivido en tu vida pública, que la acogida al forastero no es solo una actitud de una comunidad cristiana, sino una dimensión fundamental de la caridad que testimonia y expresa en acción la raíz profunda del “ser cristiano”
La acogida implica apertura y donación, pero también capacidad de escucharle, de hacerle espacio en nuestro corazón…Un espacio en el que se sienta acogido como es…
Jesús preguntaste “quien es su prójimo”, cuando narraste la parábola del buen samaritano. Y para explicar la manera con que el samaritano se hizo prójimo del hombre maltrecho usaste una palabra que expresa la naturaleza del cambio interior necesario para practicar la proximidad: “tuvo compasión”… Dijiste”lo miró” “tuvo compasión” se le acercó” “le curó las heridas con vino y aceite y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuido. Al día siguiente, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del alojamiento”…Y dijo que pasaría a verle…
Jesús, tu nos enseñas que es la misericordia que crea proximidad, cercanía…Que la práctica de la misericordia en la acogida del “forastero” es hoy una fuente de sanación: para quien la practica que podrá curar las heridas del individualismo, redescubriendo la belleza del don y de la relación, y para el forastero herido por la imposibilidad de vivir una vida ´plena…
Jesús ha llegado el momento de redescubrir toda la riqueza de nuestra humanidad, de no pasar de largo ante el dolor de los demás, de reencontrar la belleza y el gozo de la cercanía y de la ternura…
Solo Tu, desde el amor llevado hasta el extremo, puedes atraernos hacia ti, dejarnos entrar en esa escuela de amor que es tu corazón y allí dejarnos “ mover a misericordia” para vivir contigo y como tú las leyes de una acogida que solo Tu puedes llevarnos a vivir…

Acoger al forastero

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Jesús, la lanzada que traspasó el costado abrió para siempre tu Corazón. Desde aquel momento ese Corazón traspasado se ha transformado en una casa sin puertas donde todos podemos entrar y permanecer… Nada ni nadie puede echarnos de allí, solo nuestro pecado…Tu que en tu vida publica no tuviste casa propia… “el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza”, ahora por el misterio de tu muerte y resurrección tienes una casa de cabida infinita… Allí acoges a todos…todos los salvados por tu entrega…Y una vez allí, nadie es forastero. Allí todos los que entran son hermanos porque tú, por tu entrega, los has hechos hijos de Dios.
Nadie hay que sea forastero en la casa que tú nos ofreces desde el momento en que consumaste tu sacrificio.
En tu Corazón abierto nos encontramos todos los que necesitamos un hogar donde la atmosfera que se respira está impregnada de amor, de perdón, de MISERICORDIA.
Jesús tú me enseñas a acoger a cada persona que llama a la puerta, en el hogar de mi corazón donde tú, con el Padre y el Espíritu habitas.
Y yo necesito aprender de Ti, el único Maestro, como nos dice hoy la Palabra, a vivir una acogida como la tuya sazonada de respeto profundo, fraternidad, misericordia…
Y yo necesito testimoniar que una acogida así es posible porque tú nos la ofreces primero.
Así , si los cristianos nos dejamos alcanzar por la gracia que brota de tu entrega generadora de AMOR MISERICORDIA, pondremos los cimientos de una casa común donde nadie se sienta forastero, porque su centro aglutinador será tu Corazón
Jesús, nuestro corazón sea siempre lugar de encuentro y de comunión.

CONTEMPLAR

SAMARITANA 13
Doy la vida porque quiero
“La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido de revelar el misterio de amor divino en plenitud. “Dios es amor” (1 Jn 4,8.16), afirma por la primera y única vez en toda la Sagrada Escritura el evangelista Juan. Este amor se ha hecho ahora visible y tangible en toda la vida de Jesús. Su persona no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona y ofrece gratuitamente” (Papa Francisco)
Jesús, es así…Tu persona no es otra cosa sino amor. Y así te contemplamos, así te vemos entregado en gratuidad, entregado en libertad… “Doy la vida porque quiero”, con ese querer libremente vinculado a la Voluntad del Padre que solo quiere la salvación de la humanidad.
Tú lo sigues diciendo hoy y aquí… “doy la vida porque quiero”. Lo dices desde la cruz pero lo has ido diciendo a lo largo de tu vida, cuando quien te oía se quedaba desconcertado frente a las paradojas que manifestaban tus enseñanzas y tus acciones… “perder la vida para salvarla”… “morir para dar fruto”.
Tú, desde la cruz, hablas de coherencia con lo que siempre has dicho…Porque allí estás hablándome de libertad mientras no puedes ni mover un músculo de tu cuerpo, porque estás clavado a un madero….Y sin embargo hablas de la libertad de un corazón entregado, esa libertad que madura en el amor, esa libertad que me invitas a vivir para entregarme a los demás, para huir de la enfermedad humana que tu más temías, la de la dureza del corazón.
Jesús, desde tu cruz me sigues invitando a contemplar tu entrega y a pedirte humildemente: dame un corazón capaz de vivir la paradoja del evangelio…dame la capacidad de no cansarme de realizar aquellas obras de las que tu hablaste cuando dijiste “la obra de Dios es creer en Aquel que ha enviado”…de no cansarme de CREER EN TI, en la fuerza de tu AMOR MISERICORDIA que llega a quien tiene hambre, sed, a quien está desnudo.
Jesús, hazme cauce agradecido de la MISERICORDIA QUE CONTEMPLO Y AMO EN TI…

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