LA MISERICORDIA DE DIOS EN EL MISTERIO PASCUAL

Misericordia de Dios

Jesús, Viviente, derrocha la misericordia del Padre

“Estarías muerto para siempre, si él no hubiera nacido en el tiempo. Nunca hubieras sido librado de la carne del pecado, si él no hubiera asumido una carne semejante a la del pecado. Estarías condenado a una miseria eterna, si no hubieras recibido tan gran misericordia. Nunca hubieras vuelto a la vida, si él no se hubiera sometido voluntariamente a tu muerte. Hubieras perecido, si él no te hubiera auxiliado. Estarías perdido sin remedio, si él no hubiera venido a salvarte. Celebremos, pues, con alegría la venida de nuestra salvación y redención.” Son palabras del gran San Agustín…
«A Dios nadie lo ha visto», escribe San Juan para dar mayor relieve a la verdad, según la cual «precisamente el Hijo unigénito que está en el seno del Padre, ése le ha dado a conocer».
“En Cristo y por Cristo, se hace también particularmente visible Dios en su misericordia, esto es, se pone de relieve el atributo de la divinidad, que ya el Antiguo Testamento, sirviéndose de diversos conceptos y términos, definió «misericordia». Cristo confiere un significado definitivo a toda la tradición vetero- testamentaria de la misericordia divina. No sólo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica. El mismo es, en cierto sentido, la misericordia. A quien la ve y la encuentra en él, Dios se hace concretamente «visible» como Padre «rico en misericordia». (Dives in misericordia)
La dimensión divina de la redención que Jesús realiza con su muerte y resurrección no se actúa solamente haciendo justicia del pecado, sino restituyendo al amor su fuerza creadora en el interior del hombre, gracias a la cual él tiene acceso de nuevo a la plenitud de vida y de santidad, que viene de Dios. De este modo la redención comporta la revelación de la misericordia en su plenitud.
El misterio pascual es el culmen de esta revelación y actuación de la misericordia…Cristo que sufre habla sobre todo al hombre, y no solamente al creyente. También el hombre no creyente podrá descubrir en El la elocuencia de la solidaridad con la suerte humana, como también la armoniosa plenitud de una dedicación desinteresada a la causa del hombre, a la verdad y al amor.
¿Qué nos está diciendo la cruz de Cristo, que es en cierto sentido la última palabra de su mensaje y de su misión mesiánica, aunque no es aún la última palabra del Dios de la alianza? Esa palabra es pronunciada en la alborada de HOY, cuando las mujeres primero y los Apóstoles después, venidos al sepulcro de Cristo crucificado, ven la tumba vacía y proclaman por vez primera: «Ha resucitado». Ellos lo repetirán a los otros y serán testigos de Cristo resucitado.
No obstante, también en esta glorificación del hijo de Dios sigue estando presente la cruz, la cual —a través de todo el testimonio mesiánico del Hombre‐Hijo—que sufrió en ella la muerte, habla y no cesa nunca de decir que Dios-Padre es absolutamente fiel a su eterno amor por el hombre, ya que «tanto amó al mundo-por tanto al hombre en el mundo—que le dio a su Hijo unigénito, para que quien crea en él no muera, sino que tenga la vida eterna».
Creer en el Hijo crucificado significa «ver al Padre», significa creer que el amor está presente en el mundo y que este amor es más fuerte que toda clase de mal, en que el hombre, la humanidad, el mundo están metidos.
Creer en ese amor significa creer en la misericordia. La cruz es la inclinación más profunda de la Divinidad hacia el hombre y todo lo que el hombre—de modo especial en los momentos difíciles y dolorosos—llama su infeliz destino.
La cruz es como un toque del amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la existencia terrena del hombre. Éste es el Hijo de Dios que en su resurrección ha experimentado de manera radical en sí mismo la misericordia, es decir, el amor del Padre que es más fuerte que la muerte. Y es también el mismo Cristo, Hijo de Dios, quien al término—y en cierto sentido, más allá del término—de su misión mesiánica, se revela a sí mismo como fuente inagotable de la misericordia.

Jesús, Hijo de Dios resucitado, Jesús el Viviente, haznos capaces de creer en la misericordia especialmente cuando el dolor y sus irracionales causas atenazan nuestro mundo.

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MARIA…MADRE DE MISERICORDIA

cuarta estación

Con María, en el atardecer del Viernes Santo

María, hoy el calendario hace coincidir la fecha de la Encarnación con la de la muerte de tu Hijo Jesús… ¿Sería así en el verdadero Viernes Santo, primero de la historia?…Quien sabe…Pero para quien se asoma al misterio desde la fe, lo que importa es asomarse a Tu Corazón y dejarse tocar por sus sentimientos. Nada extraño que, mientras sigues a Jesús que va desgranando su pasión momento a momento, paso a paso, consciente plenamente de que ha cumplido todo lo que Su Padre ha puesto en sus manos- la SALVACIÓN DEL HOMBRE, LA NUEVA CREACIÓN-, a tu Corazón esté presente el momento y la experiencia de la Encarnación de este hijo tuyo e Hijo de Dios que hoy dice al Padre “Todo está cumplido”.
Lo has acompañado no sabemos cómo…quizás como una cualquiera de la muchedumbre…Has visto todo el proceso…el cumulo de cobardías, los gritos de la muchedumbre que le ha vuelto la espalda- quizás muchos habría comido el pan multiplicado- y has visto las maniobras del politiqueo…y todas sus humillaciones…Y le has visto expuesto como” el HOMBRE”…El bueno de Pilato se ha vuelto profeta…Pues sí…Está diciendo- sin saberlo- y no solo a la muchedumbre, sino a los que representaban a Roma, al mundo judío y a mí, y a los que aún no nos hemos enterado del todo, que en este hombre, en esta larva de hombre, está la HUMANIDAD a la que se le ha devuelto su dignidad…que en este hombre está la máxima y más acabada dignidad de hombre perfecto que viene a decir como debe ser el hombre…
María…Jesús, el hombre expuesto como un pobre desgraciado, pues Pilato pensaría que sería bueno hacérselo ver así a los que le querían muerto para que se convencieran de que no era peligroso, me dice que me fije en El de una vez… que le busque como realmente es, el siervo humillado, manso, misericordioso, lleno de amor, perdonador, en el que brilla ya antes de que resucite, la HUMANIDAD RECREADA…
María, tu contemplaste, quizás de lejos también, al Jesús entronizado sobre un “estrado”, y proclamado Rey…Pilato bien sabe que Jesús tiene otro reino que nada tiene que ver con los reinos de la tierra…Así lo ha oído de labios de Jesús…Pero ya ha entrado en el juego de los judíos…Quizás le ha quedado flotando en el corazón aquello de la verdad…Su pregunta se quedó sin respuesta…Todo es tan humanamente absurdo…
María, tu acompañaste hasta el Calvario a Jesús…has ido entendiendo a lo largo de tu vida con El y ahora más plenamente, cual es el camino que indica Jesús a quien quiere tener los ojos fijos en El y seguirle…El camino de la acogida de las cruces de cada día compartidas con El, las “pasividades de disminución” en labios de un místico de tiempos recientes, acogidas y aprovechadas siempre en unión con El…Esta es la clave “ acoger” “ en El”…Como tú…

Gracias, María, por tu fidelidad…Y gracias porque has sido MISERICORDIA para tu Hijo Jesús, Verbo de Dios, triturado como grano de trigo, en su humanidad, para experimentar hasta lo más duro de lo humano que es la muerte..
Me has enseñado que significa ESTAR Y estar AMANDO…El único consuelo de tu Hijo has sido Tú y los pocos fieles. Pero en Ti ha sentido toda la fuerza del amor misericordia del Padre. Jesús, en su humanidad, recibe de Ti lo que Él ha dado en su vida a los demás… en estos terribles últimos momentos vuelve a tener en ti lo que tuvo de niño, joven, adulto…
Ha sentido tu corazón vibrar con el suyo y ha recibido sobre su cuerpo llagado y más sobre su corazón roto por el desamor de los hombres, el óleo de tu amor, de tu compasión de tu ternura…
Ha sentido volcarse en El todo lo que de tu corazón se desprendía. Te ha sentido El, antes que nadie, MADRE de la MISERICORDIA, porque ha sentido llegar a su dolor, a su “miseria”, la de los hombres, asumida por El, toda la riqueza humano divina de tu Corazón…
GRACIAS SIEMPRE, MADRE

Rezar por los vivos y por los difuntos

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Jesús, has querido dejarnos una preciosa herencia de amor por la oración…
Cuantas veces te retirabas para orar…Indudablemente necesitabas estar con tu Padre, volcar en Su Corazón tus sentimientos…tus preguntas…esas preguntas que brotarían en ti de la contemplación de la situación humana que te rodeaba, del comportamiento de tus discípulos…
Y también desahogar en El tus afanes, sabiendo que EL todo lo orientaba hacia la realización del plan que te había encomendado…Tú eras una cosas sola con EL…tu Voluntad estaba vinculada sustancialmente a la suya…Pero Tu dependías de EL…” hago siempre lo que a Él le agrada” dijiste…Así la oración para ti era un lugar de encuentro con El…A la vez era el lugar donde tu hacías presentes a Él a tus hermanos…
¿Cómo no pensar que cuando te retiraste a orar, antes de elegir a los doce,(Mc 3,13) en tu oración no presentaras al Padre los nombre de cada uno de tus amigos?…y , pensando en términos de eternidad…¿como no creer que en tu corazón no aparecieran los nombres de todos aquellos que se unirían especialmente a tu misión…?
Y cuanta ternura expresa aquella oración al Padre por los tuyos, cuando al orar por tus discípulos, al pedir al Padre que “los consagre en la verdad”, extendiste tu plegaria a todos los que creerían en ti diciendo “No sólo ruego por ellos, sino también por los que han de creer en mí por medio de sus palabras. (Jn 17,20)”… Allí, en tu plegaria, estábamos todos, los de ayer, hoy y mañana…los que necesitamos de tu presencia para seguir creyendo en tu palabra…
Nos enseñaste a orar por los demás…Y por otro lado lo sigues haciendo ahora, glorificado con el Padre, intercediendo por nosotros…Y entonces comprendemos el sentido de nuestra oración…Se apoya en la tuya…Nace de la tuya…
Jesús tú vives tu intercesión en el cielo, presentándote al Padre como aquel que ha dado todo por la humanidad. Necesitamos redescubrir la oración de intercesión. Es un modo de orar que nos sitúa en nuestra realidad de criaturas que en todo dependen de Dios.
Libéranos, Jesús, del egoísmo en la oración: que tú seas su centro y, contigo,
los intereses del Reino…
las necesidades de nuestra humanidad tan golpeada por el dolor y a la vez rica en personas que rezuman AMOR,
las necesidades de los cercanos y lejanos…de TODOS los que sufren..
las personas que nos han precedido en nuestro caminar hacia la VIDA y que esperan entrar definitivamente en el abrazo del amor infinito de Dios Padre, Hijo y Espíritu, aquellas de las que tanto bien hemos recibido…aquellas de las que nadie se acuerda…
Tú, Jesús , en el que todo se recapitula, presente en TODO, enséñanos a vivir una oración “ cósmica” en la que Tú con el Padre y el Espíritu seas el centro y en la que tu abraces el cosmos entero que espera la liberación definitiva en el amor…

Sufrir con paciencia los defectos de los demás…

schwarzer faden

Para vivir el evangelio de Jesús es necesario ser pacientes… Nos vienen en ayuda unas palabras del Papa
“La vida cristiana debe desenvolverse sobre esta música de la paciencia, porque es precisamente la música de nuestros padres, del pueblo de Dios, de aquellos que han creído en la Palabra de Dios, que han seguido el mandamiento que el Señor había dado a nuestro padre Abraham: ‘Camina delante de mí y se irreprensible’”.

El pueblo de Dios – constató el Santo Padre citando la Carta a los Hebreos – “ha sufrido tanto, han sido perseguidos, asesinados”, pero tuvo “la alegría de saludar desde lejos las promesas” de Dios. “Ésta es la paciencia” que “nosotros debemos tener en las pruebas: la paciencia de una persona adulta, la paciencia de Dios” que nos lleva sobre la espalda. Y ésta – prosiguió – es “la paciencia de nuestro pueblo”….”gente que sufre, que sufre tantas, tantas cosas, pero que no pierde la sonrisa de la fe, que tiene la alegría de la fe”.

“Y esta gente, nuestro pueblo, en nuestras parroquias, en nuestras instituciones –tanta gente– es aquella que lleva adelante a la Iglesia, con su santidad, de todos los días, de cada día. ‘Hermanos, alégrense profundamente cuando se vean sometidos a cualquier clase de pruebas, sabiendo que la fe, al ser probada, produce la paciencia. Y la paciencia debe ir acompañada de obras perfectas, a fin de que ustedes lleguen a la perfección y a la madurez, sin que les falte nada”.
Esta es la paciencia que nos pide la obra de misericórdia espiritual em la que reflexionamos hoy: sobrellevar con paciência a las personas que tenemos cerca, con sus limites, fragilidades, defectos, adversidades y misérias…Esto no significa no corregir las cosas que no están bien, ni pasar por alto lo que va en contra del evangelio. Se trata de infundir animo a quien no lo tiene o ofrecer oportunidades y servir de soporte moral en las pruebas para que las fragilidades sean integradas y assumidas…
En este sentido San Pablo dice “Esto os recomendamos, hermanos: a los perezosos amonestadlos, a los deprimidos animadlos, a los débiles socorredlos, con todos sed pacientes..” (1Tes 5, 14).
Aun más, según S.Pablo,cuando estamos fuertes, debemos soportar las debilidades de los que son fragiles y no obedecer a nuestras tendências que nos llevan lejos de la caridad (Rm 15, 1). Estamos llamados a ser verdaderos discipuos de Jesús que cargó sobre sí nuestras debilidades y nuestros dolores, los asumió e hizos suyos para redimirlos (cf. Is 53, 4).
San Pedro nos dice:”¿Qué mérito tiene aguantar golpes cuando uno es culpable? Pero si, haciendo el bien, tenéis que aguantar penalidades, eso es una gracia de Dios. (1Ped 2, 20).
Sufrir con paciencia los defectos de los demás es un camino seguro hacia la paz. Este modo de proceder es la de aquellos que apuestan por la santidad. Tenemos ejemplos de muchos que han sido viva expresión de este estilo de vida. Pensemos en Santa Teresita del Niño Jesús, que tuvo que soportar durante varios años las impertinencias y defectos de una compañera suya. La respuesta siempre era la misma: amar y perdonar. Muchos mártires, incluso modernos, mueren perdonando al verdugo.

Jesús, danos la capacidade de vivir a fondo la virtud de la paciência, para humanizar el entorno en el que vivimos y sembrar algo de lo que tu nos enseñaste…
Jesús, da a todos nosotros la paciencia, la paciencia alegre, la paciencia del trabajo, de la paz, de la tolerância amorosa, la paciencia de Dios Padre, ésa que Él tiene, y la paciencia de nuestro pueblo fiel .

Aconsejar a quien lo necesite

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Bendigo al Señor que me aconseja, aun de noche me instruye internamente, tengo siempre presente al Señor, com El a mi derecha no vacilaré”(S.16,7)
El Salmista nos invita a rezar así…porque nos invita a caer em la cuenta de la presencia amorosa del Señor en nuestro corazón que nunca deja de inspirarnos, aún de noche..Y aqui podemos pensar no solo a la noche que sucede al día, sino al tempo de oscuridad, cuando se hace de noche en el corazón y perdemos el rumbo…Pero el Señor está siempre allí inspirandonos con su Espiritu..
Con todo, puede darse el caso que se levanten zozobras en nuestro mar y necesitemos alguien que nos eche una mano…que nos diga por donde enderezar la vela..y que esto passe también a los demás…Allí debemos estar nosotros para los demás…y los demás para nosotros..hijos de un mismo Dios que canalizan el amor que reciben y lo concretan en consejos envueltos en ese amor…
Así nos dice Papa Francisco en una de sus catequesis:”, rezar al Señor: ‘¡Señor, ayúdame! ¡Aconséjame! ¿Qué debo hacer ahora?’. Y con la oración hacemos espacio para que venga el Espíritu y nos ayude en ese momento, nos aconseje sobre lo que todos debemos hacer. La oración ¡nunca olvidéis la oración! ¡Nunca!
Nadie se da cuenta de si rezamos por la calle, en el autobús. Rezamos en silencio, con el corazón. Aprovechemos esos momentos para rezar. Rezar para que el Espíritu nos dé este don del consejo. En la intimidad con Dios, en la escucha de su Palabra, poco a poco ponemos a un lado nuestra lógica personal, que viene muchas veces de nuestra cerrazón, de nuestros prejuicios, de nuestras ambiciones y aprendemos, sin embargo, a preguntar al Señor: ¿Cuál es tu deseo? Pedir consejo al Señor y esto lo hacemos con la oración. De este modo madura en nosotros una sintonía profunda, casi connatural en el Espíritu y se experimenta qué ciertas son las palabras de Jesús recogidas en el Evangelio de Mateo: “No os preocupéis de como o de qué diréis, porque se os dirá en ese momento lo que tenéis que decir: de hecho no sois vosotros los que hablaréis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará en vosotros” (Mt 10,19-20).
Es el Espíritu que nos aconseja, pero nosotros debemos darle espacio, espacio al Espíritu para que nos aconseje. Dar espacio es rezar. Rezar para que él venga y nos ayude siempre.
Como todos los demás dones del Espíritu, además, también el consejo constituye un tesoro para toda la comunidad cristiana. El Señor no nos habla sólo en la intimidad del corazón. Nos habla sí, pero no solo allí, sino también a través de la voz y del testimonio de los hermanos. ¡Es de verdad un don grande poder encontrar hombres y mujeres de fe que, sobre todo en las etapas más complicadas e importantes de nuestra vida, nos ayudan a hacer luz en nuestro corazón y a reconocer la voluntad del Señor!”
Jesús ayúdanos a fiarnos de las personas que, disponibles a la acción de tu Espiritu, nos ofrecen consejos que orientan e iluminan…Ayúdanos a abrirnos al don de consejo que tu Espíritu manda a nuestro corazón..

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Perdonar…

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El perdón es una exigencia del evangelio y una condición para entrar en el Reino. Jesús nos da esta lección al enseñar la oración del Padre Nuestro. “Pues si perdonáis a los demás las ofensas, vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros: pero si no perdonáis a los demás, tampoco el Padre os perdonará a vosotros”.(Mt 6,14-15).
Pedir perdón a Dios es fácil, pero conceder el perdón a otros, en la mayoría de las veces resulta muy difícil y nos encontramos exactamente en la situación del siervo infiel que fue perdonado por lo mucho que debía y sin embargo no supo perdonar a su prójimo en lo poco que le era debido..
El perdón ofrecido de todo corazón nos lleva a olvidar la injusticia recibida y sufrida…Sin embargo a veces nos resistimos a olvidar…Oímos decir “perdono pero no olvido”…Es cierto que no es fácil olvidar situaciones que causan heridas, y que a veces un perdón sincero no sana rápidamente….Pero Dios no niega su gracia a los que realmente desean vivir la gratuidad del perdón que borra todo mal recuerdo…
Negar el perdón nos lleva a un acto de injusticia con Dios, con nosotros mismos y con los demás, porque nos hace olvidar el bien que recibimos, el regalo inmenso del perdón de Dios que se despliega continuamente sobre nuestras faltas, sobre las expresiones de nuestros egoísmos…Negando el perdón manifestamos ignorar o no valorar la inmensa misericordia de Dios que en Jesús nos ha querido hablar de su deseo de recuperar al hombre de sus mezquindades ofreciéndole su amor siempre nuevo que se manifiesta en el perdón…
Así nos ha hablado Jesús…Desde el comienzo de su existencia, aún sin haber El nacido, Dios lo quiso anunciar como el salvador…Así fue como le dijo en sueños a José para liberarlo de sus dudas…”… un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no tengas reparo en acoger a María como esposa tuya, pues lo que ha concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. (Mt 1,20-21) A Dios le interesaba mucho el hombre, su liberación del pecado. Y envió a Su Hijo…Para eso le envió, para salvar al hombre…
Y Jesús en su vida quiso manifestar, con el perdón continuo que iba ofreciendo, que lo que le interesaba era la liberación total del ser humano…Cuantas veces oímos ”tus pecados te son perdonados. Vete en paz”…Y es lo que nos dice a nosotros cuando nos acercamos al Sacramento de la Reconciliación, y cuando en la intimidad de nuestro corazón sentimos su presencia perdonadora que sale al paso de nuestros deseos de liberación de nuestras faltas…
Y si gozamos de esta bellísima realidad… ¿cómo atrevernos a negar el perdón a los demás?
Y si sabemos de nuestra debilidad, fragilidad, pequeñez, pecados… ¿cómo no hacernos cargo de la de los demás?
Jesús, haznos capaz de perdonar de corazón…y haznos capaces de ser conscientes siempre que nosotros no somos generadores de perdón…El perdón siempre es pura gracia tuya…Eres Tu que nos capacitas para darlo y recibirlo.

Perdonar las injurias

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Señor…qué difícil es vivir ese don tuyo…Porque el perdón es el don de los dones..
Tú nos dijiste que hay que perdonar setenta veces siete…es decir siempre. Pero no es solo lo que dijiste, que a veces me abruma, sino lo que me manifestaste en tus acciones de cercanía a los pecadores que me parece inalcanzable para mí…
“Tampoco yo te condeno” escuchamos ayer…”Vete y no peques más”…Esta última frase condensa con más fuerza la misericordia regalada…Porque no es solo misericordia liberar del pecado, perdonar el pecado…Misericordia más plena es indicar el camino para vivir en la liberación adquirida por el perdón, invitar a vivir según Dios y Su Voluntad..
Pero lo que me quita toda excusa para no vivir el perdón es una de tus palabras pronunciadas desde la cruz, síntesis de tu vida hecha misericordia: “Perdónales porque no saben lo que hacen”…Este es el amor hecho perdón, llevado hasta el extremo.
Jesús ¿cómo no perdonar al contemplarte así, ya casi sin aliento ni fuerzas, ofreciendo el perdón a tus verdugos?…
Sin embargo justo hoy he sentido una fuerte resistencia para perdonar acciones que me resultan gravemente ofensivas-y por otro lado sin sentido- dirigidas a una imagen de tu Madre María, la Dolorosa. La han insultado…han blasfemado contra Ella…Y a mí se me revolvían las entrañas…Insultos contra Ella que no ha hecho más que amar, acoger, ser presencia…aún entre los no cristianos..…Me pregunto si Ella no ha pagado una vez más por sus hijos cristianos, porque estos insultos me sonaban más a ofensas a la sensibilidad religiosa y a la devoción de los cristianos que a un ataque a la persona de María…
Señor… ¿por qué tanto odio acumulado, rencores, rabia…o qué?…
¡Si conocieran el don de Dios!
Jesús hazme capaz de ver qué hay de tras de tanta rabia contra lo cristiano.. y de perdonar…saber perdonar aun cuando el odio llega a matanzas indiscriminadas…
¿Cuál es mi implicación en todo esto que sucede y que siembra dolor, desconcierto? Porque mi pecado también salpica el mundo en que vivo…Y yo también necesito tu perdón…

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