1 de junio

Día 1 de junio

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“…y en principio estaba el Verbo” (Jn 1,1-14)
Señor Jesucristo, Señor de todo el universo, Verbo de Dios que estabas con el Padre… Tu presencia está viva en todo. “En principio” en lo no creado todavía, tu CORAZÓN latía en él del Padre, con el amor hecho persona en el Espíritu…
Verbo de Dios que estabas en el principio y eras Dios, y vivías en vida eterna, el palpitar de tu vida que brotaba de tu corazón, animaba la vida de la Trinidad y recibía aliento de la Vida de la Trinidad…
Verbo de Dios, afianza en nosotros la experiencia de tu Vida, la que es alimentada por tu corazón divino, la que Dios Padre te comunica, la que alimentaría la creación… Haz que ante este misterio que nos atrevemos a balbucear, vivamos en actitud de adoración y agradecimiento.
Verbo de Dios, confiamos en el poder y amor de TU CORAZÓN DIVINO…

Danos el conocimiento del misterio de tu corazón rico en misericordia.

MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mt 11,29)

SAMARITANA24
“…Propaguen cuanto puedan la devoción al Sagrado Corazón de Jesús” (El alma de Santa Vicenta María, pg 56)… Estas palabras, recogidas con cariño y fidelidad por las que rodeaban el lecho donde, por minutos, iba extinguiéndose la vida física de Santa Vicenta María, resuenan en nuestros corazones hoy, víspera del comienzo del mes de junio, que la liturgia dedica a reavivar la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Esta devoción es expresión de la centralidad de Jesucristo en su vida, y del amor entrañable que la une a su Corazón.
Nos basta recordar cómo “aconsejaba a sus Hijas que, para santificar la Cuaresma, buscasen especialmente durante este tiempo «su morada» en las llagas de Cristo. Ella explicaba, brevemente, las gracias que deben obtener al permanecer escondidas en cada una de las llagas.
Ahora nos interesa resaltar lo que aconseja, para el jueves de cada semana en que se han de esconder en la llaga del Costado de Cristo: «Entrarás como en un horno encendido de amor». El efecto de este contacto con el amor vivo de Jesucristo será que desaparezca como paja «todo amor propio» y «amar lo que ama Dios», lo cual se debe mostrar, especialmente, en «el amor que tengas a tus hermanas».
Pero el efecto de este contacto debe ser más profundo: «Vivo ya no yo, más que Jesús viva en mí y yo viva en su amor». Así se conformarán «tu intención y tu deseo» con «los movimientos del Corazón Divino».
De estos textos parece deducirse que para Vicenta María la devoción al Corazón de Jesús consistía en dejarse penetrar íntimamente de los sentimientos del Corazón de Jesucristo” (ib. pg 38).
Ofrecemos, para cada día del mes, una breve reflexión, partiendo de la Palabra de Dios… sugiriendo tener presente cada día, antes de la breve oración, la petición de la Segunda Semana de Ejercicios: “conocimiento interno del Señor, que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga”… [104]

31 de mayo

31 de mayo

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“María lo conservaba y meditaba todo en su corazón” (Lc 2,19)
Este versículo del evangelio nos pone en contemplación de María… La veo mientras sumida en el silencio de su mundo interior, allí donde se encuentra con la fuente de su vida, acoge la luz que de Dios se desprende… Todo su ser es luz… Y toda su vida es una peregrinación hacia el lugar del corazón… Allí es donde el Espíritu, de modo especial desde la Encarnación, le va aclarando poco a poco todo lo que vive… En el corazón es donde se discierne, se comprende, se ama la verdad, se elige la vida, nacen las acciones, Dios seduce…
“María conservaba acontecimientos y palabras. La revelación divina tiene lugar por medio de acontecimientos y palabras íntimamente ligados, que se reclaman y se iluminan recíprocamente: las palabras explican los hechos, los hechos realizan e interpretan las palabras. María conservaba lo que le había sucedido: su parto, los ángeles, los pastores, los magos…Lo suyo era como una exégesis de las palabras y de la existencia” (Ronchi)
María, Tú guardas… Para que nada se pierda tienes encendida la lámpara de la memoria, luz para los pasos de la fe cuando resulta fatigosa para el corazón
María, Tú conservas con cuidado… porque palabras y acontecimientos pueden caer fácilmente en el olvido, porque se trata de elementos preciosos y frágiles a los que se han de dedicar atención y perseverancia.
María, Tú meditas… cotejas acontecimientos y palabras para encontrar una explicación. Rica en recuerdos, lees e interpretas lo que has vivido y oído, sin olvidar el gran silencio de Dios… Te sumes en el silencio para escuchar el silencio de Dios…
María, edúcanos en esta actitud de mirada interior, de conexión constante con la LUZ que llevamos dentro, para que todo nuestro ser quede iluminado por ella y nuestra historia se desgrane ante nuestros ojos desde la mirada llena de ternura y bondad de nuestro Dios.
“Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Da 3, 89)

30 de mayo

30 de mayo

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“Después, advertidos por un sueño de que no volvieran a casa de Herodes, regresaron a su tierra por otro camino” (Mt 2,12)
“Un aspecto de la luz que nos guía en el camino de la fe es también la santa “astucia”. Se trata de esa sagacidad espiritual que nos permite reconocer los peligros y evitarlos. Los Magos supieron usar esta luz de “astucia” cuando, de regreso a su tierra, decidieron no pasar por el palacio tenebroso de Herodes, sino marchar por otro camino. Estos sabios venidos de Oriente nos enseñan a no caer en las asechanzas de las tinieblas y a defendernos de la oscuridad que pretende cubrir nuestra vida. Es necesario acoger en nuestro corazón la luz de Dios y, al mismo tiempo, practicar aquella astucia espiritual que sabe armonizar la sencillez con la sagacidad, como Jesús pide a sus discípulos: «Sean sagaces como serpientes y simples como palomas» (Mt 10,16)” (Papa Francisco)
Por fin los Magos regresan… con el corazón rebosante de experiencias divinas… No se pierden en los remolinos del desierto porque llevan ya una estrella en su corazón. La fe es un encuentro que cambia la vida y nos hace capaces de enfrentarnos con cualquier oposición… Vuelven a casa por otro camino. ¿Tendrán dificultades, obstáculos?… Nada les importa… Quien encuentra al Señor descubre que su vida toma una nueva dirección, que la vuelta a casa, al centro de sí, al sentido de la vida, tiene lugar por un camino nuevo, a través de las sorpresas de gestos inesperados, de palabras impensadas…
María, hoy te pedimos una gracia especial… Haznos caer en la cuenta de que lo que cambia nuestra vida y la orienta definitivamente hacia Dios no son las ideas, sino los encuentros, no son las teorías sino las personas… Mi vida, nuestra vida, puede cambiar solo por el encuentro personal con tu HIJO, Cristo Jesús… Quizás sabemos mucho o poco de Él… pero no nos basta… Necesitamos contemplarlo hasta que su vida entre de lleno en nuestra vida, su corazón en nuestro corazón… Y con Él seremos capaces de vivir realmente una cultura del “encuentro” porque es Él que nos dice COMO ENCONTRARSE CON EL OTRO, como acogerlo… ¡GRACIAS, MADRE!
“Tu misericordia, Señor, es mejor que la vida” (Sal 63,10)

29 de mayo

29 de mayo

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“Entraron en la casa, vieron al Niño con su madre, María, y echándose por tierra le rindieron homenaje; abrieron sus arquetas y le ofrecieron como dones oro, incienso y mirra” (Mt 2,11)
Dios recomienza desde Belén, desde un Niño… Es un Dios que no se impone, que tiene necesidades… La eternidad se abrevia en el tiempo, el todo en el fragmento. También la realidad de Dios sabe ahora a pan… Belén es “la casa del pan”… y desde entonces, desde que el Hijo de Dios nació en Belén todos los que lo acogemos gustamos el pan… Al que por amor se hará PAN.
“Y los magos lo adoraron… No adoraron a un Rey, ni a un Crucifijo que perdona, ni a un Resucitado… Sencillamente a un Niño… Y se postraron, se hicieron pequeños ante el infinitamente pequeño… «Camina a través del hombre y encontrarás a Dios» (S. Agustín). Llegar a Dios amando la humanidad de Jesús, ahora Niño en brazos de su madre y más tarde hombre por los caminos y amigo de publicanos… sus años ocultos y sus gestos públicos, sus manos sobre los enfermos y sus ojos en los ojos de los reyes, sus pies y el polvo de los caminos de Palestina, y el nardo que chorrea. Y al final su cuerpo ausente.
Es el camino de los magos… Nosotros, buscadores como ellos de la carne de Dios, tenemos que buscarla donde habita… «verte resplandecer en los ojos de un Niño y encontrarte luego en el último pobre; verte llorar nuestras lágrimas y sonreír como nadie lo hiciera» (Ronchi)
María, pienso que cuando los magos dejaron al pie de la cuna sus dones, sus ojos pasarían del Niño a ti… y su corazón se llenaría de agradecimiento, sus ojos se humedecerían… Porque en ti descubrirían el amor que hacía vivir al hombre-Dios… Porque sin amor no hay vida… Y Jesús vive por el amor que recibe de ti, y… a los tres casi les sale como en un susurro: “no temas, María, el Niño vivirá por tu amor”…
Y yo siento, María, que tu amor hace vivir también a la humanidad entera, la que Jesús ha hecho suya… Y contemplo como los magos no rinden homenaje a ti… solo adoran al Niño… porque entienden que Tú eres el altar que guarda el sagrario… (Ronchi)
“La casa sobre la cual se detuvo la estrella recoge en sí al Niño y a la madre; la madre, Tú María, eres a la vez una casa que acoge y alberga al Hijo… Y con San Francisco me sale alabarte con estas alegorías bíblicas.
Ave Señora, santa reina… Te saludo, palacio suyo, te saludo tienda suya, te saludo casa suya, te saludo vestidura suya, te saludo madre suya…”
Y te saludo, Madre mía, casa a donde siempre voy, como los magos peregrinos del absoluto, para encontrar al Hijo y recibirlo de ti.
“Bendito seas Tú, Dios de misericordias, y bendito sea tu Nombre por los siglos, y que todas tus obras te bendigan por siempre” (Tob 3, 11)

28 de mayo

28 de mayo

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“Oído el encargo del rey, se marcharon. De pronto, la estrella que habían visto en oriente avanzó delante de ellos hasta detenerse sobre el lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de una inmensa alegría” (Mt 2,9-10)
“Los Magos consiguieron superar aquel momento crítico de oscuridad en el palacio de Herodes, porque creyeron en las Escrituras, en la palabra de los profetas que señalaba Belén como el lugar donde había de nacer el Mesías. Así escaparon al letargo de la noche del mundo, reemprendieron su camino y de pronto vieron nuevamente la estrella, llenándose de «inmensa alegría» (Mt 2,10).
Sintamos cerca a los Magos, como sabios compañeros de camino. Su ejemplo nos anima a levantar los ojos a la estrella y a seguir los grandes deseos de nuestro corazón. Nos enseñan a no contentarnos con una vida mediocre, de “poco calado”, sino a dejarnos fascinar siempre por la bondad, la verdad, la belleza… por Dios, que es todo eso en modo siempre mayor. Y nos enseñan a no dejarnos engañar por las apariencias, por aquello que para el mundo es grande, sabio, poderoso. No nos podemos quedar ahí. No podemos contentarnos con las apariencias, con la fachada. Tenemos que ir más allá, hacia Belén, allí donde en la sencillez de una casa de la periferia, entre una mamá y un papá llenos de amor y de fe, resplandece el Sol que nace de lo alto, el Rey del universo. A ejemplo de los Magos, con nuestras pequeñas luces buscamos la Luz” (Papa Francisco).
María, Tú percibiste la alegría de estos sabios al encontrar por fin el lugar donde estaba Aquel a quien buscaban con tanta fidelidad y entusiasmo… Habían recorrido un largo camino… quizás estaban cansados, pero lo único que les importaba era el haber encontrado a SU REY, nunca mejor dicho…
María, Tú que conociste la alegría, sinónimo de la plenitud de la gracia en ti, contágianos algo de esta alegría verdadera que nunca acaba porque viene de la certeza de nuestra pertenencia a Dios como hijos que Él ama incondicionalmente, creados por Él, por puro amor gratuito y que quiere la verdadera felicidad para cada uno…
“Alabad a Dios, porque Él es bueno; porque para siempre es su misericordia” (Sal 118,1)

27 de mayo

SAMARITANA 13B
“Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, les preguntó el tiempo exacto en que había aparecido la estrella; después los envió a Belén con este encargo: Averiguad con precisión lo referente al niño. Cuando lo encontréis, informadme a mí, para que yo también vaya a rendirle homenaje” (Mt 2,7-8)
Nos dice el Evangelio que los Magos, cuando llegaron a Jerusalén, de momento perdieron de vista la estrella. En especial, su luz falta en el palacio del rey Herodes: aquella mansión es tenebrosa, en ella reinan la oscuridad, la desconfianza, el miedo… De hecho, Herodes se muestra receloso e inquieto por el nacimiento de un frágil Niño, al que ve como un rival. En realidad, Jesús no ha venido a derrocarlo a él, ridículo fantoche, sino al Príncipe de este mundo. Sin embargo, el rey y sus consejeros sienten que el entramado de su poder se resquebraja, temen que cambien las reglas de juego, que las apariencias queden desenmascaradas. Todo un mundo edificado sobre el poder, el prestigio y el tener, entra en crisis por un Niño. Herodes es un hombre ciego por el poder, que en el otro solo ve un rival contra el cual luchar.
Herodes escucha de sus expertos en las Sagradas Escrituras las palabras del profeta Miqueas pero solo piensa en el trono. Entonces Dios mismo debe ser ofuscado y las personas deben limitarse a ser simples peones para mover en el gran tablero de ajedrez del poder.
María, Tu aún no sospechas la nube de dolor que se ciñe ya sobre tu hijo y sobre tantos niños víctimas de la crueldad desatada en el corazón de Herodes por puro miedo… Llegada a este punto me pregunto y te pregunto:
María… “¿Hay algo de Herodes también en mí? ¿En nosotros? ¿También nosotros somos ciegos ante los signos de Dios, sordos a sus palabras, porque pensamos que pone límites a nuestra vida y no nos permite disponer de nuestra existencia como nos plazca?
María, no permitas que nos alejemos de Dios por verlo como un límite a nuestra libertad… Haz que alejemos de nuestra mente y de nuestro corazón la idea de que dar espacio a Dios es un límite para nosotros mismos. Haz que nos abramos a la certeza de que Dios es el amor omnipotente que no quita nada, no amenaza; más aun, es el único capaz de ofrecernos la posibilidad de vivir en plenitud, de experimentar la verdadera alegría.
“Tú eres justo, Señor, y justas son todas tus obras. Misericordia y verdad son todos tus caminos” (Tob 3, 2)

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