Con María en la gloria de Jesús Resucitado

LOS MISTERIOS GLORIOSOS

image
Estos misterios se abren con la contemplación de la gran realidad de la Resurrección de Jesús. De hecho este es el primero y no podía ser de otra manera

Misterio de la Resurrección
En el misterio de Pascua, contemplamos el poder del Espíritu Santo que resucita a Jesús de entre los muertos y nuestro corazón se llena de alegría, la misma que Maria experimentó al escuchar la palabra del ángel en la anunciación:”Alégrate llena de gracia”. Jesús ya está vivo y cada uno de nosotros puede encontrarlo en el camino como los discípulos de Emaús; pero el encuentro más profundo que podemos tener con él, es en el interior de nuestro corazón, cuando nos visita la paz y la alegría del Espíritu Santo que se derrama en nosotros.

María es la primera que recibe la visita del resucitado. Aquel que llevó en su vientre, hecho carne de su carne, ahora vive en ella de otra manera. Escucha, si quieres, el primer “reina del cielo, alégrate”, cantado por Jesús a su madre. Ahora María goza plenamente porque su esperanza es realidad. Dios, fiel a sus promesas, ha realizado su plan…

Jesús resucitado pasa confirmando en la fe a sus hermanos…Las apariciones tienen este sentido…Miran a hacer crecer la fe, a fundamentarla y a poner vida en el corazón muerto de miedo y de tristeza de sus discípulos…A los cuarenta días subió al cielo donde está sentado a la derecha del Padre…Esto es lo que contemplamos en el misterio de la Ascensión

Misterio de la Ascensión
Casi todas las pinturas presentan a los once apóstoles mirando a Jesús que sube al cielo. Quizás María no necesitaría estar allí, mirando mientras Jesús se iba, ni necesitaba el cariñoso reproche de los ángeles: “galileos ¿qué hacéis ahí mirando al cielo?, éste que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá tal como lo habéis visto subir al cielo”. Antes de marcharse Jesús da el envío a sus discípulos y les dice que serán testigos en todo el mundo hasta los confines de la tierra.

El vuelve al Padre en la gloria. La gloria de Cristo en la cruz es la del amor misericordioso infinitamente herido por el endurecimiento del corazón del hombre. Sentado a la derecha del Padre Jesús ha tomado un nuevo nombre: se ha hecho misericordia. Por eso continua su obra de misericordia en la actividad suprema que es la intercesión (Heb.7, 25).No se trata de la humilde intercesión de Cristo en los días de su carne, sino de la intercesión de Aquel que ha sido entronizado a la derecha de Dios y que ha recibido un nombre sobre todo nombre…

Maria toma en serio su oficio de Madre recibido al pié de la cruz y se va rodeada de sus hijos a esperar al Espíritu…Ella no los deja solos…Los conforta, les recuerda al HIJO. Ha sido y es carne de su carne. En sus ojos ven los ojos del maestro, en su voz las resonancias de la voz del maestro. Su presencia es confortadora… Esto es lo que nos invita a contemplar el tercer misterio

Misterio de Pentecostés.
En el sermón de la Cena, Jesús había dicho a sus discípulos que era necesario que El los dejara para que viniera el Espíritu Santo que llevaría a los hombres al conocimiento pleno de la Verdad.

Tenemos absoluta necesidad del Espíritu Santo para invocar a Jesús como nuestro Señor y nuestro amigo, y para pronunciar con un espíritu filial el nombre del Padre. Es El quien nos hace penetrar y morar en el corazón de la Sma Trinidad. Jesús quiso que el Espíritu Santo viniera en respuesta a la súplica de Maria, reunida con los apóstoles en el Cenáculo.

Así las pinturas reproducen el acontecimiento de Pentecostés, con Maria siempre en el centro de la comunidad apostólica. Ella recibe con todos el Espíritu Santo, el Espíritu Santo que ya desde el momento de la Encarnación vive en ella de forma tan íntima y especial. María en el Cenáculo está como centro de unión, como madre de la Iglesia. A Ella debemos acudir para obtener este Espíritu Consolador que nos dé a conocer al Padre y nos revele al Hijo

En los dos últimos misterios colofón del Rosario, María vuelve a ser la protagonista, como en los primeros…

Misterio de la Asunción
Los apóstoles se ven privados de la presencia de María en la tierra. Ella se duerme en el Señor y su cuerpo, no herido por el pecado, limpio de toda mancha, es llevado al cielo participando ya de la condición gloriosa que la resurrección de Jesús da al cuerpo del hombre. En el corazón de los apóstoles queda la memoria viva de la mujer nueva, de la mujer vestida de sol, coronada de doce estrellas, grande, que les ha hecho comprobar cómo toda verdadera grandeza reside en la humildad, en la sencillez, en el saber estar en el segundo plano, en el acoger la voluntad de Dios en la propia vida, y en el dejar a Dios ser Dios.

En el Misterio de la realeza de María
Contemplamos a María como madre del Rey, Reina del cielo y del mundo. Su corazón vibra ante la historia del hombre, de cada hombre. Ella acompaña desde Dios el caminar de sus hijos.
Este misterio nos asegura la presencia de Maria en nuestra vida. Como Ella siempre dijo “sí” a Dios en la tierra, así Dios responde “sí” a cada una de sus oraciones…Es la omnipotencia suplicante que intercede sin cesar por nosotros ante el Padre, en nombre de Su Hijo. Por su oración, nos alcanza el don por excelencia, el del Espíritu Santo que hace de nosotros hijos de Dios en Jesús…

3

Anuncios

CON MARÍA EN EL DOLOR

CON MARÍA EN EL DOLOR

image

LOS MISTERIOS DOLOROSOS

Estos misterios nos ponen en contacto con una realidad que no podemos acabar de comprender: el sufrimiento del Hijo de Dios, del Verbo hecho carne, del hombre más bueno, que ha pasado por el mundo haciendo el bien y contra quien se ensañan aquellos que han sido objeto de su amor…Lo que da valor a la pasión de Jesús no es solo el sufrimiento- cuantos hombres sufren tanto o más- cuanto el amor con que se vive, la libertad con que se afronta…Ha dicho” doy la vida porque quiero”…”Cuando seré levantado atraeré a todos hacia a mi “ Es una promesa que ahora se hace realidad con su entrega definitiva. Es la consoladora certeza que llega a aquel que cree en el amor del Hijo de Dios entregado en una Cruz…

También en estos misterios María no es mencionada. Aparece solo en el momento de la crucifixión, en el momento de la ratificación de su maternidad universal “Mujer he aquí a tu hijo” .Es el momento en el que María vuelve a pronunciar su SI definitivo…el momento del desprendimiento total y absoluto de su Voluntad que se adhiere a la Voluntad de Dios… momento precedidos de otros en los que María ha bebido el cáliz de la amargura y del dolor, con el corazón unido al del Hijo…,

➢ él de la agonía en el huerto de Getsemaní
No nos dice el evangelio que María asistiera a esta oración de Jesús. Sabemos, sí, que su corazón está anclado en el corazón de su Hijo y que recibe los destellos de su mundo afectivo. Quizás Juan le hablaría de la oración de Jesús, de la angustia que los discípulos no entendieron. El que siempre gustaba de estar a solas con el Padre, parece como huir de esta soledad, porque mendiga la compañía de sus amigos. Juan le hablaría de la invitación de Jesús a orar para no caer en la tentación,… le hablaría de su angustia y a la vez de su capacidad de levantarse para ser fiel a la voluntad del Padre.
Maria nos hará entrar en la oración de Jesús, pues su oración en la Anunciación es la misma que la de Jesús en el Huerto: ambos desaparecen para que la Voluntad de Dios pueda realizarse en ellos…
➢ él de la Flagelación

María, quizás, como en la escena de una película sobre la Pasión, estaría postrada en el suelo, con el oído pegado a la losa que le remitía como en un eco, el sonido de los golpes que daban al cuerpo de Jesús… puede que oyera también las palabras de los que le golpeaban: “adivínanos Cristo quien es el que te ha pegado”. Sabemos por el Evangelio que Jesús acepta en silencio insultos, salivazos, bofetadas, manifestación del odio que en el corazón del hombre se desencadena cuando se deja abierta la herida del pecado. Aquel silencio de Jesús, aquella mansa acogida de la lluvia de insultos, es un cauce de nuestra salvación.

➢ él de la Coronación de espinas.

María te presta sus ojos para contemplar a Jesús vestido de rey de burla y con una corona de espinas trenzada en su cabeza. María te presta sus oídos para escuchar el irónico “salve rey de los judíos”, y los sarcasmos de los que se postran ante El. El silencio de Jesús sigue desafiando, sin quererlo, la ira de aquellos que no conocen o no comprenden el lenguaje de la mansedumbre verdadera, de la mansedumbre que engendra paz. La paz de Jesús sufriente es en el fondo un reto para sus enemigos.

➢ él del Camino de la Cruz
Ahora sí que nadie detiene a María para seguir y marcar el paso del hijo que camina hacia el Calvario. María acompasa su paso al de Jesús, en silencio, agradeciendo los gestos de la Verónica y de Simón de Cirene, agradeciendo la compasión de los que miran a Jesús como el salvador y perdonando a los que siguen ensañándose contra él. Ese caminar con Jesús paso a paso la lleva a crecer en la aceptación total de la cruz.
Oímos a veces la invitación a llevar nuestra cruz como una llamada a la generosidad. Nos gustaría llevar nuestra cruz con valentía y gloriosamente, aunque experimentemos cada día la debilidad de caer, como Jesús cayó tres veces en el Camino del Calvario. Así nos muestra el camino que nos llevará de la humillación a la humildad.

➢ María allí está, sí, físicamente en la Crucifixión y Muerte
Es el momento más doloroso de la vida de Maria…Jesús está solo…definitivamente solo..Unido al Padre en una oración trágica de abandono que le empuja a poner su vida en sus manos. Su oración culmina en el gran grito que no cesa de resonar en el corazón de los que tienen oídos para escuchar y ojos para contemplar…María está al pie de la cruz viviendo hasta el fondo el dolor de saber que el Hijo muere por Ella. Ella se hubiera sustituido hasta con gozo al Hijo, sin embargo la voluntad del Padre es otra: Jesús tiene que morir por Ella. Allí recibe en herencia otros hijos, los hermanos de Jesús, en la persona de Juan que la acoge como cosa suya. Allí, bajo el cielo raso del Calvario, al descampado, se levanta el gran templo humano de la Iglesia. Allí, con Juan, estamos todos nosotros, estás tú, con las personas que amas…Allí en el corazón de la Madre nos encontramos TODOS…

Que María nos guarde en Su Corazón…

Con María, en la Luz de Jesús LOS MISTERIOS LUMINOSOS

image

Si el Rosario es el camino para recorrer con María la vida de su Hijo, ciertamente pasar de los misterios gozosos a los dolorosos directamente supone un salto en la contemplación de los acontecimientos de la existencia histórica de Jesús… Antes de su Pasión, Jesús vivió unos tres años enseñando, anunciando, curando… en definitiva, mostrándonos el rostro del Padre que es amor misericordioso. En su Carta sobre el Rosario, el papa Juan Pablo II propuso cinco misterios que llamó “luminosos” porque se sitúan durante la vida pública de Jesús, tiempo en el cual se manifestó como la Luz del mundo.
Ellos, de hecho, iluminan tanto los misterios gozosos como los dolorosos. Desde el principio hasta el final se contempla al Hijo de Dios que vino al mundo para abrirnos a la Vida, como nos dice San Juan, para inaugurar el Reino, como dicen los otros Evangelios.
Estos cinco misterios son: el Bautismo en el Jordán, la autorrevelación en las bodas de Caná, el anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión, la Transfiguración y la Institución de la Eucaristía.
Así como en los misterios gozosos, María aparece como la protagonista de estos momentos de la vida de Jesús, en los luminosos solo está presente en el segundo de los misterios que es la boda de Caná donde ella es protagonista porque es la invitada principal como aparece en el Evangelio, y es protagonista también por ser la que “arranca” de Jesús el milagro. Aquí resplandece la obediencia de Jesús a su madre, el último acto de obediencia de una vida donde las relaciones entre madre e Hijo han sido lugar de encuentro de Jesús con las mediaciones humanas reveladoras de la Voluntad de Padre.
Es la última aparente intervención de María en los evangelios, síntesis de las actitudes de su vida… intuición, atención, preocupación por los demás, y sobre todo seguridad en Jesús.
María ya vive en el anonimato de su casa de Nazaret y desde aquel silencio sigue a Jesús:
▪ en el momento de su Bautismo en el Jordán, cuando se hace sentir la voz del Padre que se complace en el Hijo, su Palabra eterna hecha hombre, en el que mira a todos los demás hombres, a los que ama en el Hijo, a las que ve salir de las aguas generadoras del Bautismo,
▪ lo sigue de lejos cuando anuncia el Reino a la vez que recuerda gestos, palabras, sentimiento de Jesús, niño, adolescente, joven, adulto, que ahora se expresan en sus predicaciones.
▪ se sorprende cuando los discípulos le cuentan la transfiguración en el monte Tabor, aunque no le extraña. Cuántas veces ha visto Ella el AMOR hecho luz en el rostro de Jesús, reflejo del fulgor y belleza del rostro del Padre.
▪ acoge en el silencio de su corazón el regalo más grande que Jesús puede dejar a la humanidad: su cuerpo hecho pan “en el misterio de la Eucaristía”. En Nazaret acogió la Palabra hecha carne en su cuerpo. Comprendió el sentido de su Kenosis… Ahora no le sorprende que quiera quedarse oculto para siempre en el pan y en el vino para darse como alimento.
Caminamos con María a la luz de estos misterios, y acogiendola en nuestra vida, en la que, por la GRACIA y por la FE en Jesús, estos misterios pueden realizarse.

Con María, viviendo nuestras alegrías

image

MISTERIOS de la alegría

María entra en nuestra vida con todo el potencial de su alegría, compartiendo con nosotros su gozo y enseñándonos a vivirlo aun cuando esté matizado por el dolor.

Los misterios gozosos nos sitúan en el comienzo de la vida de Jesús y todos ellos giran prácticamente alrededor de la persona de María. Para quien contempla no es difícil caer en la cuenta del vínculo que une la Madre con el Hijo…
El primero que se menciona es el misterio que se realiza por la total disponibilidad de María al querer de Dios. Es el misterio de la Encarnación que ilumina y desentraña todos los misterios de la vida de Jesús. Es el que explica todo lo que viene después…Es el que nos dice cuan grande es el amor del Padre que entrega a su Hijo por la salvación de la humanidad.
Y este misterio también nos dice que no se puede hablar de Jesús sin hacer referencia a María. De hecho hay un misterio mariano de la vida de Jesús, el misterio que hace de María la protagonista de la vida de su Hijo.

“El Verbo se hace carne” son las cinco palabras que cambian el curso de la vida de la humanidad… El Verbo se hace carne en un niño, y a la vez se hace carne universal. Entra en la humanidad de cada hombre, la hace suya… En cada persona hay un fragmento del Verbo.
Este milagro se realiza por el SI de María… SI, que es obediencia total al Padre, disponibilidad a su plan de salvación…
Por ella y en Ella crece el Verbo de Dios hecho hombre… Ella da todo a su Hijo que en su vientre va integrando todo lo que necesita para ser hombre…A la vez su Hijo la va envolviendo en la atmosfera de la “divinidad” por la acción del Espíritu en Ella. Y así va aprendiendo un nuevo “modo de ser y de amar” y nos lo contagia si nuestro corazón se abre ella como el corazón de un niño…

✓ En el misterio de la Visitación nos muestra cómo se sirve, como se vive la amistad, el compartir la fe, como se alaba y glorifica a Dios por las obras.
✓ En el misterio del Nacimiento de Jesus nos habla de la acogida gozosa de la pobreza, de la sintonía con los pobres de hecho (los pastores) y los pobres de espíritu que saben doblar sus rodillas ante Dios (los magos)
✓ En el misterio de la Presentación de Jesús al Templo y purifación de María, nos enseña cómo se escuchan las voces proféticas y como se acogen aun cuando anuncian acontecimientos de dolor.
✓ En el misterio de la Pérdida y hallazgo de Jesús en el Templo nos muestra su humildad al darse cuenta que emprende una búsqueda “equivocada” de Jesús- lo busca donde no estaba- , al sorprenderse frente a un comportamiento de Jesús totalmente nuevo para Ella. Es el misterio de las respuestas misteriosas que María tiene que conservar cuidadosamente en su corazón, mientras que contempla al Hijo crecer en sabiduría, en estatura, y en gracia ante Dios y los hombres
María nos invita a sumergirnos en la atmósfera que rodea estos misterios…una atmosfera de paz, de gozo, de sencillez que envuelve la cotidianeidad, fruto del amor apasionado por Dios y su Voluntad…

Ella nos invita también a contemplar a José, el hombre justo que fue la sombra del Padre para Jesús, título que encierra toda una tarea y una misión. Según la tradición, pronto desaparecería del escenario de la vida de Jesús, aunque en el evangelio se le identifica como el “hijo del carpintero”…pero para María siguió siendo la sombra que la cobijaba y desde el corazón de Dios le sugería humildemente, como era su estilo, los caminos a recorrer en la educación del Hijo…Porque realmente el aprendizaje de Jesús, de su crecimiento en la conciencia de lo que Él realmente es, se realiza al lado de una mujer humilde y sencilla como María. La formación progresiva del corazón de Jesús se da en la cálida atmósfera de un amor de madre. A Maria de hecho había sido confiada la inaudita tarea de formar el corazón del Hijo de Dios, fisiológicamente en su vientre donde había comenzado a latir, sicológicamente en la atmósfera de su afecto. Los ojos de Jesús se fijaban en Maria para contemplarla y gozar con su presencia, como la mirada del Verbo se fijaba en el corazón del Padre. ¿Quien más que Maria podía recordarle el amor del Padre? Contemplándola con sus ingenuos ojos de niño Jesús se asombraba de reencontrar en ella al Padre. Si más tarde Jesús exultaría en el Espíritu Santo, admirando la orientación del corazón de los sencillos hacia el Padre, cuanto exultaría reencontrando, en la persona de María, la presencia de este Padre tan cercana y sorprendente. Este continuo descubrimiento del Padre transformaba la banalidad de sus relaciones cotidianas con Maria en una sorpresa siempre nueva.

El Rosario me ayuda a volver a la infancia

En lo personal, cuando hablo a solas con Dios o con la Virgen María, más que un adulto prefiero sentirme como un niño. La mitra, el birrete, el anillo desaparecen; mando de vacaciones al adulto y al Obispo, así como la actitud grave y ponderada para dar lugar a la ternura espontánea del niño ante su padre y su madre.

Ser – al menos durante media hora – ante Dios como en realidad soy con mi miseria y con lo mejor de mi mismo, dejar que surja desde el fondo de mi ser el niño de otros tiempos, que quiere amar al Señor, que a veces siente la necesidad de llorar para que se le otorgue misericordia.

Todo esto me ayuda a orar. El Rosario, oración simple y fácil, a veces me ayuda a ser un niño otra vez, y no me avergüenzo en absoluto.

Juan Pablo II