NOVENA DE LA INMACULADA Día 3º

NOVENA DE LA INMACULADA
Día 3º

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María cree en el poder de Dios
Dios sabe cómo es la fe de María… pero lo que le propone va más allá de toda posibilidad humana… Dios ama la libertad de María… En su libertad está la belleza de su ser creatura nacida del amor de Dios.
Y por eso irrumpe en su vida con una súplica. “¿Quieres ser Madre de mi Hijo? ¿Quieres renunciar al amor de José para entrar en otro proyecto? Un proyecto humanamente impensable, contra toda lógica… La primera palabra que sale del corazón de María es “¿cómo es posible?” y la última palabra del ángel mientras se va: “nada es imposible para Dios”. Comienza la serie de los “imposibles” que se hacen “posibles” a lo largo del evangelio.
Es posible lo imposible para Dios… y para la fe de María. Esto no se dice pero está claro. Es la fe de María en la realización de los imposibles de Dios, es el amor que le hace desear lo mismo que quiere Dios, lo que la lleva a decir SI. Se hace posible lo imposible. Ya no habrá más ángeles en la vida de María… pero habrá muchos SI que testificarán su fe en los momentos duros de su vida en lo que lo imposible se realizará.
María es mujer de fe porque acepta la “sin razón” de situaciones humanas y sabe descubrir en ellas signos más profundos.
Es lo que la lleva a la acogida del misterio.
La fe la hace valiente frente a sí misma, frente a su propia verdad de criatura, ante Dios que se le revela en todo su amor de predilección. Ella se conoce a sí misma en la verdad. María se siente mirada por Dios, entra ella misma en esa mirada… se ve como la ve Dios que le propone ser madre de su Hijo. Ella, como por otro lado aparece en el Magníficat, reconoce a Dios como Dios y a si misma como criatura de Dios, reconoce la infinita diferencia y tiene la valentía de decir SI en plena confianza a la PALABRA.

Señor ayúdanos a reconocerte como nuestro Dios y a confiar, como María, en la palabra: No temas. Que esta palabra nos infunda como a ella seguridad y sobre todo la certeza de Tu Presencia…
María, haznos capaces de fe… de una fe que cree en la realización de los imposibles humanos que se hacen posibles para Dios.

NOVENA DE LA INMACULADA

NOVENA DE LA INMACULADA

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Día 2º

En qué cree María
Ir donde María es ir a clase de cristianismo, es aprender el alfabeto de la vida, la lengua de lo humano contra el deshumano.
¿Cuáles son los primeros pasos de su fe?
Al presentárnosla, el evangelio lo primero y único que nos dice es que es virgen, pero prometida a un hombre llamado José. Pues María ha dicho su primer SI, no a Dios, sino a José. María cree en el amor, en el amor de un hombre… se fía de él como para entregarle su vida.
María es pobre, pero rica en amor… Así la ha escogido Dios. Porque quien es capaz de amar participa en algo del misterio de amor que recibimos. “Si hay algo en la tierra que abre la vía al absoluto, esto es el amor”… El corazón es la puerta de Dios… y cada acontecimiento de amor es siempre querido por Dios para abrir aquella puerta. El amor auténtico te hace salir de ti, te abre al otro y sólo si has hecho esta experiencia puedes entender lo que te pide Dios. Dar y recibir amor es el fundamento de la bienaventuranza de la vida.
María se abre totalmente al amor porque cree en el amor… Dice Juan “hemos creído en el amor que Dios nos tiene” y María, capaz de amar, se ha abierto en la totalidad de su ser, al amor que Dios le tiene, al amor que se dirigirá sólo a Dios, y que porque expresión de un ser totalmente entregado, sabrá arrastrar en él todo otro amor, el de José, el de los hijos que heredará.
El amor es generador de fe… Amor y fe se dan la mano en María… y la fe de María se explicita en actos humanos, tejidos en la confianza mutua. Cuanto de ésta habría entre ella y José, ambos llamados a compartir el misterio que cambiaría el rostro del universo, la historia de la humanidad. María ha conocido el amor que Dios le tiene, ha creído en él, y no lo guarda para sí. A Ella le es concedido amar con el mismo corazón de Dios, con el mismo amor de Dios que ha creado su ser inmaculado. Por ello alcanza a toda persona y misteriosamente a su Hijo, Verbo de Dios, hecho carne de su carne, que de Ella recibe el mismo amor de Dios Padre.

Que con María, oh Dios, aprendamos el camino de la fe que nace del amor que de ti recibimos… a tejer lazos de confianza gratuita, gozosa, generosamente…Ayúdanos a creer como Ella en el amor que Tú Señor nos tiene

ES BELLO CREER… CON MARIA

ES BELLO CREER… CON MARIA

NOVENA DE LA INMACULADA

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Día 1º

Es bello creer…
En estos días de preparación a la fiesta de la Inmaculada, queremos recordar y orar con la fe de María, para apoyar en ella la nuestra, y así fortalecerla.
Puede que tengan razón aquellos que afirman que la crisis de fe religiosa hoy es, sobre todo, fruto de crisis de fe en los demás. Ya hace tiempo que el Papa emérito Benedicto XVI afirmó que hasta la crisis económica y sus males eran fruto de falta de confianza.
Nuestra crisis de fe comienza con la crisis del acto humano de creer. ¿Por qué no se cree en Dios? Porque no se cree en el amor y no hay confianza en el otro… No creer hace daño a la vida…
Creer es bello… La primera bienaventuranza del evangelio es dirigida a María y se relaciona con su fe. “Feliz tú que has creído, le dice Isabel a María (Lc.1, 45)…Es como una ampliación del saludo del Ángel: “Alégrate, María, llena de gracia”. Sé feliz… Lo serás más… pero ya lo eres porque crees en Aquél que te ha envuelto en belleza inmaculada. Tú, acaso no sabes lo que será de ti, pero tu disposición es la de la fe, fe en tu Dios, confianza en su hacer. “Tú eres feliz no por el privilegio de ser elegida a ser madre de Dios, fragmento de cosmos hospitalario, en el que se hospeda Dios, sino porque has creído en el cumplimiento de la Palabra” (Ronchi)
María, me figuro que tu cotidianidad se desliza en este clima de serena y gozosa fe. En tu fe aflora una bienaventuranza preparada a florecer… Confiar en alguien, hombre o Dios, genera humanidad, propicia encuentros y tú eres así, plenamente humana en una juventud quizás aún no estrenada.
Porque amas a Dios, amas a quienes te rodean y te fías y confías…
Cuando te llega la palabra anunciadora de la PALABRA que quiere encarnarse en ti, Tú puedes ofrecer una fe amasada en la belleza de actos humanos de amor a Dios, a los demás, a la vida, a la naturaleza… a todo lo que te rodea aun cuando tenga el sello de la pobreza, de la opresión, del mal…Porque tu fe es una fuerza que cambia la vida, que hace bien a la vida, y que multiplica las energías del corazón.

Señor, que María nos contagie su fe… que sepamos y experimentemos de una vez que es bello creer… que no creer hace daño… Que creer y confiar aunque sea a fondo perdido es un camino que nos humaniza.

28 de Noviembre 2016

28 de Noviembre 2016
María es la casa donde encuentra cobijo la humanidad de Jesús. Es para Jesús la casa firme, asentada sobre el cimiento del amor, de la fidelidad a Dios…El Padre no ha dudado en confiarle a Su Hijo. Se ha fiado de Ella y Ella ha respondido a esta confianza. El Verbo ha venido al mundo a través de Ella…Ha tomado físicamente su carne…Antes de ver el mundo físico en el que crecerá, ha conocido la casa de María, la más bella que podía ver…La más bella, sin mancha…su ser…Allí ha ido creciendo la Santa Humanidad de Jesús…en Ella, envuelto en su amor…
“Su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en Ti”…esta palabra de Dios bien puede referirse a Maria…En este intercambio entre Ella y su Dios ha experimentado la paz…Por eso es lugar de comunicación de la paz a cada uno, a nuestro mundo necesitado de ella…

¡Qué admirable intercambio! Nos dice S. Gregorio Nacianceno
“El Hijo de Dios en persona, aquel que existe desde toda la eternidad, aquel que es invisible, incomprensible, incorpóreo, principio de principio, luz de luz, fuente de vida e inmortalidad, expresión del supremo arquetipo, sello inmutable, imagen fidelísima, palabra y pensamiento del Padre, él mismo viene en ayuda de la criatura, que es su imagen: por amor del hombre se hace hombre, por amor a mi alma se une a un alma intelectual, para purificar a aquellos a quienes se ha hecho semejante, asumiendo todo lo humano, excepto el pecado. Fue concebido en el seno de la Virgen, previamente purificada en su cuerpo y en su alma por el Espíritu… y así, siendo Dios, nació con la naturaleza humana que había asumido, y unió en su persona dos cosas entre sí contrarias, a saber, la carne y el espíritu, de las cuales una confirió la divinidad, otra la recibió.
Enriquece a los demás, haciéndose pobre él mismo, ya que acepta la pobreza de mi condición humana para que yo pueda conseguir las riquezas de su divinidad.
Él, que posee en todo la plenitud, se anonada a sí mismo, ya que, por un tiempo, se priva de su gloria, para que yo pueda ser partícipe de su plenitud. ….
Fue necesario que Dios se hiciera hombre y muriera, para que nosotros tuviéramos vida. Hemos muerto con él, para ser purificados; hemos resucitado con él, porque con él hemos muerto; hemos sido glorificados con él, porque con él hemos resucitado.”
(De los sermones de san Gregorio Nacianceno, obispo)
María, acércanos a este misterio de intercambio…este misterio de anonadamiento de Jesús que así nos quiere participes de su divinidad

ADVIENTO CON MARIA

ADVIENTO CON MARIA

27 de Noviembre 2016
El tiempo de adviento nos pone en conexión con María, la mujer que espera la venida del Salvador y nos invita a cuidar las actitudes propias de la espera: silencio, humildad, alegría, esperanza…
Es el tiempo en el que María está en el centro de la atención y oración de todo creyente. Ella se nos manifiesta como mujer,
• toda de Dios, porque así era Ella cuando recibió el anuncio
• orante, porque la oración era el ”lugar “normal, cotidiano, de su relación con Dios
• humilde, porque vivía en su verdad de criatura, ante la VERDAD del misterio de Dios que le dirigía su petición…” ¿Quieres ser la Madre de mi Hijo?’”
• obediente, con su Si feliz, radical, consciente, en total disponibilidad a Dios…
Así deseamos los creyentes vivir el adviento…estando orientados hacia Dios, orantes, humildes, obedientes…
S. Bernardo con sus reflexiones nos presenta el sentido de este tiempo
“Sabemos de una triple venida del Señor. Además de la primera y de la última, hay una venida intermedia. Aquellas son visibles, pero ésta no. En la primera, el Señor se manifestó en la tierra y convivió con los hombres, cuando, como atestigua él mismo, lo vieron y lo odiaron. En la última, todos verán la salvación de Dios y mirarán al que traspasaron. La intermedia, en cambio, es oculta, y en ella sólo los elegidos ven al Señor en lo más íntimo de sí mismos, y así sus almas se salvan. De manera que, en la primera venida, el Señor vino en carne y debilidad; en esta segunda, en espíritu y poder; y, en la última, en gloria y majestad.
Esta venida intermedia es como una senda por la que se pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en ésta, es nuestro descanso y nuestro consuelo. (De los sermones de san Bernardo)
Jesús, viniste en la carne y debilidad para ser nuestra redención, vienes en espíritu y poder para ser nuestro descanso y consuelo, vendrás en gloria y majestad para ser nuestra vida…
María, haz que a tu lado descubramos la presencia real, concreta del Cristo que es nuestro descanso y nuestro consuelo.

ENCUENTRO ORACIONAL en preparación al ADVIENTO

Dibujo2 (4)ENCUENTRO ORACIONAL en preparación al ADVIENTO

INTRODUCCIÓN
Como comunidad, como familia, nos reunimos hoy, dando comienzo a este tiempo de espera de la venida de Jesús el Salvador, iluminados y sostenidos por la fe de una Madre Virgen, que ha dicho “Sí” a Dios, dando así comienzo al acontecimiento que cambiará el rumbo de la historia.
Nos unimos en la cuenta atrás, preparando nuestros corazones para su llegada. “Algo nuevo está brotando, ¿no lo notáis?” Pidámosle al Señor de los pobres, de los débiles, de los necesitados, que sepamos en este Adviento preparar en nuestro corazón, nuestras vidas, nuestras casas, nuestra parroquia un pesebre para que Jesús nazca.
REZAMOS JUNTOS
“¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor!» Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. Allá suben las tribus, las tribus del Señor. Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. Desead la paz a Jerusalén: «vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios». Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «la paz contigo». Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien”.

1ª VELA DE ADVIENTO:
CON LOS OJOS ABIERTOS (Se enciende la primera vela)
EVANGELIO: Lectura del santo Evangelio según San Mateo 24,37-44.
“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre: Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre»”.
REFLEXIÓN
La invitación es clara; estar atentos, con los ojos bien abiertos para que no se nos escape nada, para saber cuáles son los signos de que nuestro Señor está cerca, que vive a nuestro lado. Otear en eL horizonte como hizo el Padre del Hijo Pródigo sin descanso, día y noche. Es mucho lo que nos jugamos, poder disfrutar de la Presencia de Jesús, sin límites. En un momento de silencio contempla tu día a día e intenta descubrir qué detalles del Amor de Dios te has perdido, qué regalos no has podido disfrutar porque no te has dado cuenta, porque no has tenido los ojos abiertos a su Presencia. Quizá una palabra amable, un gesto reconciliador, un abrazo, la necesidad de escucha de un vecino, de un amigo… Mantener los ojos abiertos para poder descubrir que algo nuevo está brotando. ¿No lo notas?
(Silencio)

2ª VELA DE ADVIENTO (Se enciende la segunda vela)
CON EL CORAZÓN ABIERTO
EVANGELIO: Lectura del santo Evangelio según San Mateo 3,1-12
“Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Este es el que anunció el Profeta Isaías diciendo: «Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: «¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Abrahán es nuestro padre”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. El tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga»”.
REFLEXIÓN
Conversión, una palabra que hemos oído muchas veces, que hemos usado en nuestras confesiones para revisar nuestra vida, para hablar de nuestros pecados. ¿Pero… nos hemos parado a pensar qué quiere Dios? Quizá solo sea cuestión de dejar el corazón abierto para que el Espíritu entre y nos desinstale poniendo nuestras vidas “patas arriba”. ¡Con el corazón abierto permite durante unos minutos que Dios te contemple y te diga que quiere para ti! Puede ser que te sorprenda.
(Silencio)

3ª VELA DE ADVIENTO (Se enciende la tercera vela)

CON LOS LABIOS ABIERTOS
EVANGELIO: Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,2-11
“En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: « ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: Los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!» Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: « ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti”. Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él»”.
REFLEXIÓN
Decía San Ignacio de Loyola que estamos hechos “para ALABAR, HACER REVERENCIA Y SERVIR A DIOS NUESTRO SEÑOR”. Mantener nuestros labios abiertos para hablar de la grandeza de Dios. Llamados a anunciar el EVANGELIO, no con palabras huecas y sin sentido, sino llenas de VIDA, de FE, de ESPERANZA. Haz silencio en tu interior y pregúntate cuánto hablas de Dios, de su grandeza, de su bondad, de su Amor. ¿Cuánto hay en ti de Juan Bautista, de mensajero de la Buena Noticia, de indicador de Jesús como CAMINO, VERDAD Y VIDA? ¿A quién anuncias con tus palabras y tus acciones; a ti, a tu grupo, a la parroquia, o a Dios?
(Silencio)

4ª VELA DE ADVIENTO (Se enciende la cuarta vela)

CON LOS BRAZOS ABIERTOS
EVANGELIO: Lectura del santo Evangelio según san Mateo 1,18-24
“El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel que significa “Dios-con-nosotros”». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer”.
REFLEXIÓN
Nos cuesta aceptar la ternura de Dios. A veces da la sensación de que preferimos un Juez implacable, que nos reprende, que nos castiga. Tan lejos de la realidad que nos regala Belén.
Haz un ejercicio de imaginación. Cierra los ojos y contempla a la Virgen María con el niño en su regazo. Extiende tus brazos y pídele que te permita sostener a Jesús. Mantente en esa escena. Ese bebé es Tu SEÑOR, el que salvará al mundo, el que te salvará a ti, el que caminará sobre las aguas, sanará a los enfermos, enseñará a los discípulos. ¿Qué pasa por tu corazón y por tu cabeza al tenerlo en tus brazos? ¿Qué te enseña Jesús en ese momento? El Amor todo lo puede, hace que todo un Dios se vuelva débil, que su Historia y la nuestra se unan para siempre. En silencio déjate que la ternura de Belén te invada, te cautive, y te lleve a abrir de esa manera tus brazos para los demás, para los más pobres, lo que te necesitan, los que juzgas, los que te critican…
(Silencio)

REFLEXIÓN
Teniendo nuestra corona de Adviento encendida, vamos a realizar un gesto sencillo que nos recuerda a la noche de la Resurrección, donde la VIDA de Jesús llega a su plenitud. Hoy como comunidad encendemos otra vez las velas de la Vigilia Pascual porque esperamos y creemos en que Él bien a nosotros cada día, y deseamos estar preparados, con los ojos bien abiertos, con el corazón dispuesto, con su nombre en nuestros labios y nuestros brazos extendidos para ser su pesebre esta Navidad. Mientras encendemos nuestras velas pedimos en voz alta una de las actitudes con las que hemos orado, la que más necesitemos. Decimos así: VEN SEÑOR, TE ESPERO CON… (Los ojos, los labios, el corazón, los brazos abiertos -la que más necesitemos-)
Para terminar, nos unimos todos en la siguiente oración. TODOS Despertad, que empieza un nuevo día, un día que alumbra la esperanza. Quitad de vuestras vidas la rutina, que la tristeza no invada vuestras almas. Abrid, que, entre la luz, todas las puertas, abrid, que, entre la brisa, las ventanas. Que brote la flor y la sonrisa y se limpien de mal de ojo las miradas. Habrá muchos, seguro, que lo ignoren, por eso, id a gritarlo por las plazas: El Dios del amor y la ternura pasará por la puerta de tu casa. Vigila, estate atento, pues seguro, te pide que le dejes visitarla. Traerá vestidos nuevos para todos. Vestidos perfumados por su gracia. Y las viejas rutinas que nos duermen, quedarán para siempre trasnochadas, porque siempre su luz y su presencia nos regalan la vida renovada. Que el pánico no cunda entre nosotros, cuando vemos que el mundo tanto cambia. El Señor está cerca, ¿No lo sientes? él pasa a nuestro lado y nos levanta. ¡Es Adviento! Soñemos ya despiertos, que es tiempo inundado por la gracia. Isaías, María y el Bautista con su cálida voz nos acompañan. A los desencantados y aturdidos, a los que nada ven, ni esperan nada, a los que la injusticia ha empobrecido, ¡que alumbre con más fuerza la esperanza!

Cristo Rey del Universo

Cristo Rey del Universo

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Agradecer…
Hoy la Iglesia nos invita a confesar que Jesús es verdaderamente el Rey del Universo y a gozar con esa realidad…Queremos que nuestra reflexión se apoye en unas palabras iluminadoras del Papa emérito Benedicto XVI, palabras que nos ayudarán a agradecer a Dios el regalo de su amor y de su misericordia manifestados en Cristo Jesús, el Hijo que se encarnó, murió y resucitó para hacernos partícipes de su VIDA…Así nos dice:
“Jesús es verdaderamente el Rey; lo es precisamente porque permaneció en la cruz y, de ese modo, dio la vida por los pecadores. En el Evangelio se ve que todos piden a Jesús que baje de la cruz. Lo escarnecen, pero es también un modo de disculparse, como si dijeran: no es culpa nuestra si tú estás ahí en la cruz; es sólo culpa tuya porque, si tú fueras realmente el Hijo de Dios, el Rey de los judíos, no estarías ahí, sino que te salvarías bajando de ese patíbulo infame. Por tanto, si te quedas ahí, quiere decir que tú estás equivocado y nosotros tenemos razón.
El drama que tiene lugar al pie de la cruz de Jesús, es un drama universal; atañe a todos los hombres frente a Dios que se revela por lo que es, es decir, Amor. En Jesús crucificado la divinidad queda desfigurada, despojada de toda gloria visible, pero está presente y es real. Sólo la fe sabe reconocerla: la fe de María, que une en su corazón también esta última tesela del mosaico de la vida de su Hijo; ella aún no ve todo, pero sigue confiando en Dios, repitiendo una vez más con el mismo abandono: «He aquí la esclava del Señor» (Lc 1, 38). Y luego está la fe del buen ladrón: una fe apenas esbozada, pero suficiente para asegurarle la salvación: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Es decisivo el «conmigo». Sí, esto es lo que lo salva. Ciertamente, el buen ladrón está en la cruz como Jesús, pero sobre todo está en la cruz con Jesús. Y, a diferencia del otro malhechor, y de todos los demás que los escarnecen, no pide a Jesús que baje de la cruz ni que lo bajen. Dice, en cambio: «Acuérdate de mí cuando entres en tu reino». Lo ve en la cruz, desfigurado, irreconocible y, aun así, se encomienda a él como a un rey, es más, como al Rey. El buen ladrón cree en lo que está escrito en la tabla encima de la cabeza de Jesús: «el rey de los judíos»: lo cree, y se encomienda. Por esto ya está, en seguida, en el «hoy» de Dios, en el paraíso, porque el paraíso es estar con Jesús, estar con Dios.
Aquí, queridos hermanos, tenemos el primer y fundamental mensaje que la Palabra de Dios nos transmite hoy a nosotros… Nos llama a estar con Jesús, como María, y no a pedirle que baje de la cruz, sino a permanecer allí con él… Sabemos por los Evangelios que la cruz fue el punto crítico de la fe de Simón Pedro y de los demás Apóstoles. Está claro y no podía ser de otro modo: eran hombres y pensaban «según los hombres»; no podían tolerar la idea de un Mesías crucificado. La «conversión» de Pedro se realiza plenamente cuando renuncia a querer «salvar» a Jesús y acepta ser salvado por él. Renuncia a querer salvar a Jesús de la cruz y acepta ser salvado por su cruz. «Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos» (Lc 22, 32), dice el Señor. Todo el ministerio de Pedro consiste en su fe, una fe que Jesús reconoce en seguida, desde el inicio, como genuina, como don del Padre celestial; pero una fe que debe pasar a través del escándalo de la cruz, para llegar a ser auténtica, verdaderamente «cristiana»; para llegar a ser «roca» sobre la que Jesús pueda construir su Iglesia. La participación en el señorío de Cristo sólo se verifica en concreto al compartir su anonadamiento, con la cruz. ….
…este es y sigue siendo siempre nuestro primer servicio, el servicio de la fe, que transforma toda la vida: creer que Jesús es Dios, que es el Rey precisamente porque ha llegado hasta ese punto, porque nos ha amado hasta el extremo. Y esta realeza paradójica debemos testimoniarla y anunciarla como hizo él, el Rey, es decir, siguiendo su mismo camino y esforzándonos por adoptar su misma lógica, la lógica de la humildad y del servicio, del grano de trigo que muere para dar fruto. (Cf. Benedicto XVI homilía 21 de noviembre 2010)
Así es nuestro Dios y Rey…Su ley es el amor…su trono la cruz…sus armas la justicia, la paz, la misericordia…