NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

img_9968
La pantalla del ordenador de pronto me “introduce” en el corazón de un lugar mariano para mí tan querido… Es la víspera de la fiesta de “María”, nuestra Señora de Lourdes.
Por las imágenes de personas muy abrigadas es como si a través de la red llegara el frío… Pero llega a la vez el calor del amor y de la devoción a María… Siento como si la red tuviera potencial para transmitir experiencia…
La gente desfila como siempre… y ¡cuánta!… como si el frio no tuviera nada que ver con ella y pesara más el calor del corazón, como sucedería a Bernardita que no sintió el frio del agua helada del canal porque todo su ser estaba impregnado del calor de la presencia de María…
Pasan algunas horas y la gente sigue pasando, pasando… los bancos están llenos, así como los espacios que separan éstos del muro de contención del Gave… Es de admirar su fe, su amor a “la Señora”…
En la liturgia eucarísticas estos días estamos leyendo los relatos del Génesis y ahora me golpea el estribillo ”y vio Dios que todo era bueno”… Todo… ¡qué buena es esta pantalla pequeña portadora de imágenes que me traen resonancias de experiencias vividas y me invitan a la oración!…
“María, en la muchedumbre que veo ante ti casi respiro tu presencia… en su oración, en su fe, en sus “Ave María” repetidas con tanto cariño. Y me sale espontaneo agradecer a Dios el regalo de tu persona a la Iglesia, al mundo, a todas las personas que te necesitan como Madre, Hermana, Sanadora, Consoladora… Para todas las personas que están físicamente en tu “gruta”, para las que estamos lejos, eres siempre PRESENCIA que ESTÁ, que acompaña la vida… Estás con todo lo que eres y por lo tanto como MADRE del Hijo y de la humanidad, de las personas que sufren, ESTÁS sobre todo allí donde el dolor golpea a la puerta del cuerpo o del corazón de mayores, jóvenes, pequeños…
Gracias, María, porque has sabido crear en el mundo un rincón donde tus hijos pueden, si quieren, sumergirse en el “ AGUA VIVA” que brota de la vida entregada de tu Hijo y dejarse tocar por la BONDAD, VERDAD, AMOR, BELLEZA que emana de ti, María, del Hijo que entregas al mundo, del Padre que sigue mirando con ternura a la humanidad, redimida ya por su Hijo, pero que lucha por los golpes que el pecado le infiere, del Espíritu que entra en el corazón de la gente para acercarla a la Verdad.
Gracias, María, porque no te cansas de derrochar ternura, de consolar, de curar, de alentar
porque lanzas continuos mensajes de CONFIANZA en Dios que tus hijos recogen en su corazón ensanchado por el amor que reciben…
porque con tu PRESENCIA enseñas a amar, a hacer vida el mensaje de fraternidad de Jesús, visible en gestos de solidaridad de la gente…
GRACIAS SIEMPRE, MARÍA

Anuncios

Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo

mary-and-joseph-present-the-christ-child-medium

La liturgia nos invita a celebrar la fiesta de la Presentación de Jesús en templo y de la Purificación de María, la Madre… Esta fiesta cierra el ciclo de Navidad y se celebra exactamente a los cuarenta días del 25 de diciembre. Hasta el Concilio Vaticano II se celebraba como fiesta principalmente mariana, pero desde entonces ha pasado a ser en primer lugar Cristológica, ya que el principal misterio que se conmemora es la Presentación de Jesús en el Templo y su manifestación o encuentro con Simeón. El centro, pues, de esta fiesta no sería María, sino Jesús. María entra a formar parte de la fiesta en cuanto lleva en sus brazos al Niño y está asociada a esta manifestación de Jesús a Simeón y a la anciana Ana.

Lucas en su relato evangélico, más allá del mero cumplimiento de una ley, quiere subrayar el profundo significado que tiene Jesús para el pueblo… Así aparece en la profecía del anciano Simeón y en la gozosa acogida de la profetisa Ana…

Ha llegado la luz revelada a las gentes y la gloria del pueblo de Israel… Ha llegado la liberación...

Después de este episodio Lucas nos dice: “Cumplidos todos los preceptos de la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía llenándose de sabiduría, y el favor de Dios lo acompañaba” (Lc 2,39-40).

Comienza el largo silencio y anonimato de Jesús, María y José, interrumpido solo por el episodio de la perdida y hallazgo de Jesús en el templo…

Comienza la prueba de la humilde fidelidad a su misión que en este tiempo es el aprendizaje… Aprender a ser hombre bajo la mirada de su Madre y José que, según la tradición desaparecerá pronto de la escena humana. “Son treinta años de encarnación, de Verbo encarnado, años de historia Sagrada, de alianza radical y silenciosa, años de salvación que producen salvación” (Ronchi).

¡Cuánto de misterio de salvación se encierra en los años de Nazaret si el Verbo de Dios los quiere vivir allí, aprendiendo silencio y ocultamiento en una aldea! Jesús aprende en su hogar humano las cosas de los hombres… las relaciones… el trabajo… Aprende a amar con su corazón de hombre, al compás de los latidos de un corazón de mujer… Aprende el asombro ante la belleza de la naturaleza, de los gestos sencillos… Aprende el valor de lo pequeño, de lo insignificante en apariencia… Aprende a acoger con admiración lo cotidiano, el “hoy” de Dios, en el que va reconociendo el querer del Padre… Aprende el arte de pensar, de ir al corazón de las cosas…

Qué bello sería si el creyente después de haber contemplado el misterio de la infancia de Jesús, dedicara algunos momentos del día a la contemplación del evangelio de Jesús, leyendo sus gestos, palabras, hechos humanos, como fruto del aprendizaje en el silencio de Nazaret… El contacto humano con los pobres y sencillos, la compasión por el dolor ajeno, el amor a los niños, la búsqueda de las ovejas perdidas, la alegría del compartir, la amistad, el servicio y el amor llevado hasta el extremo, esta globalidad de realidades y experiencias humanas, maduradas bajo la tierna mirada de la Madre, amasadas de obediencia y amor al Padre, alimentadas por el Espíritu que le llena…

Qué bello sería si el creyente pudiera entrar así en contacto con la humanidad del Salvador, como MARÍA, la MADRE. Porque “María está más en relación con la carne de Cristo que con sus ideas. Sólo la vida de Jesús, su humanísima vida es la interpretación exacta y fidedigna de su doctrina. Su revelación es una vida que se entrega hasta el extremo…” (Ronchi).

La vida pública de Jesús hasta su muerte y resurrección es la revelación de las vivencias cotidianas de Nazaret. Y la muerte y resurrección de Jesús es la explosión del AMOR y la GRACIA en la que Él “crecía” en Nazaret.

Ojalá supiéramos de vez en cuando refugiarnos en Nazaret, la casa de la fidelidad… del aprendizaje del AMOR…