Día 31

Día 31

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María, se acaba el mes que la Iglesia te dedica para que tus hijos podamos tenerte más presente en nuestras vidas.
Gracias, porque te he sentido muy cerca de mí…
Gracias, porque has dejado caer en mi corazón un profundo deseo de dejarme contagiar por tu fe. Sostenla, aliméntala… da fuerza a mi fidelidad en los momentos de oscuridad. Ayúdame a vivirla sin pretender signos especiales, más que el mismo Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo… que mi fe sea una adhesión total a la persona de Jesús, pertenencia a ella.
Gracias, Madre, porque me has hablado mucho de tu humildad, y has puesto en mi corazón deseos de vivirla según la capacidad que el Señor me da… una humildad cuya fuente es el amor que Dios me tiene y la aceptación de ese amor, la acogida de todo lo que es suyo, una humildad que me haga vivir en desapropiación de mi misma, una humildad que genera CONFIANZA y ABANDONO TOTAL en Él.
María, guárdame siempre en TU CORAZÓN…
María, quédate en mi casa como MADRE y MAESTRA… ¡GRACIAS!

Día 30

Día 30

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María, Tú contemplas al Niño, recordando las palabras de Simeón que guardas en tu corazón, como todo… Le miras y no te es difícil verlo como LUZ, luz que se proyecta sobre el mundo, luz que es reflejo del amor del Padre por la humanidad… Le miras y el saberlo como signo de contradicción, que te habla de lucha, de enfrentamiento, te llena de pena… Y asocias esto a la espada que traspasará tu corazón. Tú no sabes pero te figuras que se trata de dolor… hondo dolor, y así lo sientes. Pero pienso que el Espíritu Santo que está en TI te sostiene, te fortalece, te pone en la situación de firmar una vez más en carta blanca y de pronunciar tu AMÉN a Dios que manifestará a su tiempo su voluntad. Una vez más miras a tu Hijo y le adoras y piensas que en su mano está el destino del mundo y tiemblas y crees que Él es quien da sentido a la existencia humana y te gozas y entonces… lo miras y en Él vez a Dios y le agradeces el que te llama a ser parte de este misterio inefable que es la encarnación en ti de su Hijo… Misterio al que te adhieres con tu fe, con tu amor, con tu humildad, con tu disponibilidad, con tu alegría…
María, contágiame tu fe llena de amor.

Día 29

Día 29

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María, Tú caminaste de entrega en entrega, de certeza en certeza, no de claridad en claridad… La presencia física de Jesús en tu vida iluminaba todo tu ser, pero no te liberaba de la oscuridad de la fe… “Este mi hijo es el Hijo de Dios”… Se me figura que estas palabras serían como un mantra que resonaría en tu corazón como pregunta, como afirmación, como exclamación… Era un modo de reavivar tu fe, de avivar la gracia que te llenaba y que custodiabas como un tesoro.
Quizás compartirías con José estas preguntas o afirmaciones… Pero lo cierto es que tu fe caldeaba tu corazón, avivaba tu amor hacia el Hijo y en ti se realizaban las palabras de Jesús: “Las obras de Dios es que creáis en Aquél que Él ha enviado”… Fuiste la primera creyente en el enviado de Dios… y aquellas otras “quien cree en mí hará obras mayores aún”… y tu obra es la de acompañar al enviado de Dios en su crecimiento… ¿Puede haber algo más grande?
María, te pido me contagies tu fe. Ayúdame a creer en tu Hijo y a vivir conforme a esta fe… Buscándole solo a Él, amándole por encima de todo, olvidándome de mí misma y ocupándome solo de los SUYO, de Él…

Día 28

Día 28

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María, la contemplación del Hijo que llevas en tu regazo te hace cantar una vez más la gloria de Dios y tu humildad de sierva. Pero te lleva más allá… a contemplar la grandeza de Dios en la humildad de su Hijo que, siendo Dios, se despojó de su condición divina para tomar tu carne y hacerse hombre. Te enternecen la bondad, la ternura y la grandeza de Dios que entrega a su Hijo ASÍ para salvar al hombre…. Y Jesús en tus brazos te habla de humildad florecida en el AMOR… te habla, con su cuerpo de niño porque aún no tiene palabras, del amor del Padre y de su AMOR al Padre. Tú le miras… No sabes lo que será de su futuro, cómo obrará, qué hará, en qué convertirá su misión, pero sabes experimentalmente que lo suyo es el anonadamiento, la humildad. Su respuesta al Padre, como la tuya, ha sido un SÍ que se ha concretado en un camino de humildad generada por el amor.
María, deseo la humildad como amor a Dios, acogida de Dios, entrega a Dios del que todo me viene… María, solo Tú puedes acompañarme en este camino y acercarme a tu hijo pobre, humilde, obediente… Hoy solo sé creer que tu humildad me será dada por contagio, si amo a Jesús, si me dejo amar por Él.

Día 27

Día 27

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María, el silencio vuelve a adueñarse de vuestra pobre “habitación”… Ya estáis pensando en volver a Nazaret. La visita de los pastores y de los Magos ha roto la rutina de vuestros días que la presencia del Niño llena de gozo, de la novedad del amor… Ha traído un relámpago de confirmación a vuestra fe… Ha llenado de “sobrenatural” lo natural de vuestro vivir diario… Estás sola con tu Hijo… Lo acunas con toda la ternura de tu corazón en el que “guardas todo”… Guardas como un tesoro el amor infinito con el que te privilegia Dios… Su amor te llena de alegría. Guardas su palabra, aquella palabra que irrumpe en tu vida dándole otro rumbo. Guardas los sentimientos que dieron espacio en tu corazón al FIAT que cambió el curso de la historia humana. Guardas el dolor de José y la vivencia de tu soledad. Guardas su fidelidad a Dios y a ti, en aceptar compartir tu suerte. Guardas la pena por los rechazos sufridos en el camino a Belén. Guardas el gozo por el nacimiento del Niño que puedes estrechar ahora en tus brazos… Y todas estas experiencias guardadas en tu corazón hacen crecer tu gratitud, tu amor…
María, enséñame a agradecer y tocar la presencia de Dios en mi vida y a GUARDARLA en mí como el mayor tesoro. Contágiame tu FE.

Dia 26

Día 26

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María, esta noche no son voces roncas y griterío que te despierta… Es el sonido acompasado de marcha de camellos y murmullos… José, como siempre, se asoma y su asombro es más grande aún… Sabios de Oriente preguntan por el “Rey que ha nacido”… Para ellos no ha habido anuncio de ángeles, ha sido la guía de una estrella que ha corroborado la certeza de sus investigaciones… ¿La búsqueda humana ha sido causa del encuentro con el Hijo de Dios? ¿El deseo de Dios grabado a fuego en sus corazones ha utilizado la búsqueda y recta curiosidad humana para llevarlos hasta Él?… Los pastores y los magos confirman tu fe, María… Ellos se postran ante tu Hijo y le adoran ofreciéndole dones… y de tu corazón también sale la adoración con mezcla de ternura de MADRE… Tu Hijo y tu Dios, el “Dios está contigo” del anuncio va cobrando día tras día otro sentido “el Emmanuel está contigo”… el Dios que se ha hecho hombre está contigo… El Verbo que existía desde un principio ha tomado carne en TI…
María, dame un pedacito de tu fe, de tu capacidad de adoración, de tu entrega al misterio… María, ayúdame a CREER con todo mi ser para amar con todo mi ser a tu Dios y mi Dios, a tu Señor y mi Señor…

Dia 25

Día 25

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María, tu sueño, ese sueño que restaura tus fuerzas y las de José, se ve interrumpido por un griterío, por voces que os llegan en este silencioso amanecer, como amenazantes… Abrazas al Niño con temor… pero es un sentimiento que se pasa rápido: “Dios está contigo”… José sale abriendo la desvencijada puerta que chirría… Intercambia unas pocas palabras… ¿Qué les diría que se callan?… Son los pastores de la comarca, hombres rudos, que no gozan de buena fama… pero han recibido un anuncio y quieren ver y cumplir con el Niño… De hecho traen sus dones, los dones de los pobres que dan lo que tienen. Tú, María, les muestras al Niño… Es como si les dijeras: “Es mi regalo, es el regalo de Dios para vosotros… el que ha venido por vosotros”… En ti estallan unos sentimientos de ternura hacia ellos. En el fondo son los que han acogido el anuncio y han creído a las palabras del Ángel… Son los primeros pobres y humildes que entran en contacto con Jesús…
María, entre ellos estoy yo, con mi alma espesa de desorden, con mi miseria a cuestas, con mi egocentrismo… los dejo pasar delante… Son mejores que yo… Tienen el corazón abierto a la “buena noticia” mientras yo no la dejo entrar del todo en mí porque levanto la barrera de mi yo… María, hazme “pobre” por dentro, abierta, como los pobres, para acoger el amor…

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