30. “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29)

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Al finalizar ya el mes dedicado por la Iglesia a hacer memoria del Corazón de Cristo, vamos a escuchar una invitación explicita que nos hace Jesús en su evangelio, después de haber escuchado algunas de sus preguntas directas… Es una invitación que puede ser el colofón de los momentos de encuentro con Él a lo largo del mes.
“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,29.
Jesús nunca al hablar de sí mismo se refiere explícitamente a su corazón, más que en este lugar, al invitarnos a aprender de Él que es “manso y humilde de corazón”…
Es como si nos dijera: mi corazón es así… que sea una escuela para vosotros…
Pero hay más. Jesús esta invitación la hace en un contexto peculiar, al hablar de la unión profunda de conocimiento y amor entre Él y el Padre, y del conocimiento suyo que solo el Padre puede conceder a los que Él elige… Es al hablar de esta unión profunda entre el Padre y el Hijo cuando formula esta invitación.
Jesús, nos invitas a entrar en el corazón de la Trinidad… Porque tu corazón es un reflejo perfecto del corazón del Padre, tu corazón de hombre está amasado en y con la humildad del corazón del Padre… Tú te has acercado a nosotros y nos hablas con tu corazón de hombre hecho por el Espíritu, en María, a la medida, forma, sustancia, del corazón del Padre… es decir hecho de amor y humildad… Y quieres que aprendamos a ser como Tú, con un corazón como el tuyo, para sintonizar con el corazón del PADRE.
Tu corazón manso y humilde, como el corazón del Padre, late en el seno de la Trinidad, la enriquece con una humildad humana transfigurada, a la vez que enriquece la humildad humana con la humildad divina… Es el precioso intercambio fruto del misterio de la Encarnación…
Y ciertamente solo un corazón humilde puede arrodillarse ante unos hombres para realizar un gesto de esclavo pero lleno de amor…
Solo un corazón humilde puede compadecerse y estremecerse ante el dolor de una mujer enferma que desafía la opinión pública con el riesgo de ser tachada de impura.
Solo un corazón humilde puede recibir el amor de una mujer reconocida como prostituta…
Jesús, hoy nos dices: aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y todo se os hará llevadero… Y seréis capaces de amar y, desde el amor, llevar vuestro yugo que se os hará ligero sostenido por mi corazón… y porque, en definitiva, es mío… porque todo lo vuestro es mío…
Corazón de Jesús, haz nuestro corazón semejante al tuyo…

 

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29. “¿Quién se hizo prójimo?” Lc 25,36

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Es una pregunta que Jesús hace después de haber contado la parábola del buen samaritano a un fariseo que había preguntado “¿Quién es mi prójimo?”
La respuesta a esta pregunta era tan importante que Jesús dio un largo rodeo para hacerse entender. Porque en el evangelio la proximidad no es una medida física, es una dimensión del corazón.
Jesús en la historia del buen samaritano contaba su propia historia… Él era el que “tocaba” las heridas para sanarlas, heridas de cuerpos enfermos, heridas de personas lastimadas por el pecado… Él, el Verbo de Dios hecho carne, se hace prójimo de la humanidad sufriente, tanto que la hace suya para redimirla.
No se trata tanto de saber quién es mi prójimo cuanto de ver si yo me hago prójimo de quien sufre, cae, o está en necesidad.
Jesús, ¿de quién me hago prójimo? ¿por quién me preocupo? ¿a quién vendo las heridas?… Tú me invitas a salir de mí mismo y buscar no tanto mi propia compañía sino que nadie quede solo…
Jesús, Tú hoy vuelves a formular esta pregunta esencialmente cristiana… ¿Quién se hace prójimo de refugiados, ancianos solos, mujeres maltratadas?…
Corazón de Jesús, Tú te hiciste mi prójimo asumiendo mi humanidad… Tú te acercas a mí siempre que te necesito… Enséñame a “descentrarme”, a no pensar en mis derechos, mis necesidades, mis cansancios… y centrar la mirada del corazón en los más necesitados, en los que viven en las periferias del corazón.

28. ”¿Por qué has dudado?” Mt 14,31

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Esta pregunta hecha por Jesús a Pedro le hace tomar conciencia de la inmadurez de su fe y de la consistencia de sus miedos que aún no han sido sanados… Pedro no teme porque se hunde, se hunde porque teme…
Pedro tiene confianza en Jesús, y sabe y cree que si esa especie de fantasma que ven caminar sobre las aguas es Jesús, seguro que podrá alcanzarlo caminando él también de la misma manera. Y obedece a Jesús que le dice “Ven”. Pedro no hace las cuentas con su fe aún frágil… Ama a Jesús, cree en los signos que realiza… cree que si está con Él todo va bien .Y obedeciendo a su voz camina sobre las aguas gozoso, con los ojos fijos en Él. Pero cuando deja que su mirada y su preocupación se fijen en el viento, se hunde… “al sentir el fuerte viento tuvo miedo, entonces empezó a hundirse”… Pesó en él más la violencia de los elementos naturales que la fe en Jesús… Y la duda fue el paso para la fe… “Tú puedes salvarme”.
Esta pregunta de Jesús es para mí, para ti, para todos… Cuando ya no hay apoyo humano, cuando todo parece terminar, aún podemos gritar, con la fe fuerte en el Señor: “Sálvame”…
Corazón de Jesús, fortalécenos en la duda humilde, que parte de nuestra pobreza, de nuestros límites… Haz que en la duda recordemos que en nuestro mar no estamos solos, que aun cuando perdemos nuestras seguridades humanas podemos volvernos a ti en nuestra impotencia y decirte “Sálvanos”…
Corazón de Jesús, fortalece nuestra confianza total y absoluta en ti.

27. “¿De qué hablabais por el camino?” Mc 9,33

27. “¿De qué hablabais por el camino?” Mc 9,33
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Es fácil contemplar una escena muy familiar para quien lee el evangelio: la de Jesús que camina con sus discípulos, que a veces se atrasa o adelanta, otras va en silencio, pero siempre atento a la dinámica relacional que se va creando en el grupo… Al ver la animación de los suyos les pregunta de qué hablan o discuten… Por lo menos dos veces en los evangelios Jesús pregunta a sus discípulos expresamente de qué están hablando… Él sabe de la importancia de la comunicación en la formación de los suyos… Se interesa por lo que dicen, cómo lo dicen, qué sienten… Son sus futuros apóstoles.
La misma pregunta más o menos hace en el camino de Emaús -¡claro está!- con una finalidad pedagógica muy especial (Lc 24,17)… Están saliendo de Jerusalén con encima la losa del fracaso… porque esto ha sido para ellos la muerte de Jesús…
Le entristecería al Señor que la conversación en ambos casos fuese poco pertinente al evangelio, a la fe… En el primer caso discutían sobre quien era más importante, en el camino de Emaús, manifestaban una falta total de esperanza y poca fe en las promesas de la Escritura y del mismo Jesús…
Cuántas veces nos encontramos en situación de recibir la misma pregunta de Jesús, nosotras, personas que vivimos en el llamado “sexto continente”, en el mundo de la comunicación virtual…
Jesús, quizás nos preguntarías: ¿por qué estáis tan callados, solamente atentos a los medios e ignorando al que os está cerca? O bien: ¿aquello de lo que habláis afecta de verdad a vuestra vida, o solo llena el silencio que os asusta?… Y como Tú, Jesús, quieres que el lenguaje sea “sí-sí” o “no-no”, pienso que me pedirías decir:
SÍ a la palabra que canaliza amor, alegría, verdad; a la comunicación que construye, mantiene vivas las relaciones; al diálogo que se abre a los intereses, sufrimientos, esperanzas del mundo, de la Iglesia; a una conversación sencilla y directa, reflejo de ternura, de sana preocupación por el otro…
NO a la conversación canalizadora de prejuicios, groserías; a la palabra hueca, que no tiene enganche ninguno con la experiencia de la vida; a la comunicación que alimenta la superficialidad…
Corazón de Jesús, contágiame tus sentimientos… orienta mis silencios para que se carguen de sentido y den paso a unas palabras construidas en ese clima. Hazme capaz de diálogo contigo que enriquezca y dé consistencia evangélica al diálogo con los demás…

26. “¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios?” Jn 5,44

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Esta pregunta nos sitúa frente al tema de la incredulidad… Es una pregunta que sale espontánea y dolorosamente del corazón de Jesús que intenta abrir el corazón cerrado de sus oyentes a la comprensión de su misión… Con el discurso que enmarca la pregunta intenta robustecer la fe de los que creen en Él y desenmascarar los pretextos de incredulidad de los judíos, y remite al testimonio del Padre que le ha enviado.
El Verbo de Dios ha puesto su tienda entre nosotros y los suyos, el pueblo elegido, salvado y conducido por Dios, no lo reciben… ¿Por qué?
Esta pregunta me golpea… ¿En qué pongo mi gloria, mi fundamento, mi felicidad? ¿Busco el reconocimiento de otros, gratificaciones, compensaciones para ahogar en ellas el sentimiento de mi pequeñez?… Y encima me justifico con la influencia del mundo que me rodea, porque los criterios del mundo van por la búsqueda desordenada de la gloria, del prestigio, del honor… Es cierto: la cultura en que nos movemos tiende a poner el “yo” como centro de toda referencia, un “yo” que troncha todo altruismo. A esa cultura, y a mí que vivo en ella, Jesús recuerda, con esta pregunta, implícitamente que el hombre solo llega a su plenitud abriéndose a Dios… En Jesús comprendemos que la gloria de Dios y la del hombre se unen si el amor de Dios llena la vida del hombre y la lleva a la búsqueda de su verdadero fin: amar y servir a Dios en los hombres…
Pues sí, Jesús, acojo tu pregunta, la acojo para mí y para los que comparten mi inquietud…
Corazón de Jesús, llévame hacia la búsqueda de la gloria de Dios… tu gloria, la gloria del triunfo de tu reino en lo sencillo, lo humilde, lo pequeño… la gloria que nace del amor llevado hasta el extremo… La gloria que Tú diste al Padre con tu muerte y resurrección…

25. “Podéis beber el cáliz que yo he de beber?”
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Esta pregunta de Jesús está dirigida a dos de sus discípulos, cuya madre pide a Jesús que sus hijos estén sentados uno a su derecha y otro a su izquierda en su reino… Jesús con una pregunta les pone frente a una realidad: “¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?”… Es decir, ¿podéis realmente ir por mi camino?
En definitiva… ¿Eres capaz de dar la vida apurando el cáliz hasta el fondo? ¿Eres capaz de afrontar el Getsemaní y la cruz?… Lo que les pregunta en definitiva es si están dispuestos a dejarlo todo.
La pregunta es dura y parece quitar poesía al evangelio… Lo que importaba a la madre es un puesto en el reino para sus hijos. Pero ¿qué reino? La gran tentación del cristiano aún hoy es adaptar el reino a la lógica del mundo, asociarlo a la idea del poder mundano, de la riqueza…
Jesús les hace volver a la realidad… “el cáliz que yo he de beber” Es el cáliz del amor vivido hasta el extremo de la cruz, el cáliz que por otro lado -paradójicamente- se convierte en un cáliz signo de alegría, de la verdadera hermandad y memorial de nuestra fe. El cáliz que alegra el corazón del hombre…
Es el misterio del cristianismo. El que da la vida la gana. El grano de trigo que se deshace es fecundo en espigas y gavillas…
Corazón de Jesús, haz que escuchemos tu pregunta, desafío a nuestras ambiciones… Haz que nuestra respuesta sea la de los discípulos: “podemos…” Sí, podemos con tu fuerza, con tu poder, con tu gracia…
Corazón de Jesús, haz que lleguemos a decir SÍ a las exigencias de la radicalidad de tu evangelio, porque tu amor y tu gracia nos sostiene.

24. “¿Creéis que he venido a traer paz?”(Lc 12,51)

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“¿Creéis que he venido a traer paz?”… Nos puede sonar chocante esta pregunta de Jesús. El profeta lo anunció como príncipe de la paz… La paz es el clima que rodea la era mesiánica, y ahora Jesús, de forma contundente pregunta: “¿Creéis que he venido a traer paz?”… Y en el correspondiente pasaje de Mateo afirma que ha venido a traer discordia. Por otro lado, después de la resurrección, se presentará a sus discípulos siempre con un saludo de paz, como si la PAZ fuera la señal propia de su presencia de resucitado.
Entonces… ¿qué nos quiere decir lanzándonos esta pregunta desconcertante y al parecer contradictoria para los que vemos en Jesús la encarnación de la paz, los que creemos que solo Él puede dar la paz que el mundo no puede dar?… Sencillamente que Él NO trae la paz que se funda en la mentira y las apariencias… ¡Qué lejos está su paz de aquella paz que se mastica en el mundo… la paz “armada”, la paz que se impone por la fuerza, por el poder real o solapado, aquella paz de “cementerios” donde nadie opina y donde nadie puede disentir… aquella paz que esconde conflictos que huyen de la comunicación como sanación. Cuántas veces creemos que tenemos paz solo porque hay tranquilidad aparente, se orillan los problemas y se vive el bienestar fruto del dejar correr las cosas…
Esta es la paz que NO ha venido a traer Jesús… La paz que ha traído Jesús con su vida muerte y resurrección, es la paz fruto de la lucha contra el egoísmo, contra la incoherencia, contra lo que se opone a la verdad y al amor… Es una paz fruto de la lucha por reconstruir en sus raíces las relaciones entre los hombres, por cambiar la lógica del mundo.
Corazón de Jesús, haz resonar en el nuestro aquellas consoladoras palabras “la paz os dejo, mi paz os doy, y no como la da el mundo”… Ayúdanos a huir de la falsa paz del mundo y a buscar y luchar por alcanzar y difundir a nuestro alrededor la paz, tu PAZ…
Corazón de Jesús, haznos constructores de tu reino de PAZ.

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