Creo en DIOS ÚNICO

Hemos dicho que el DIOS UNICO Padre, Hijo y Espíritu Santo es un misterio humanamente incomprensible, sin la luz de la fe. Ha habido una persona en nuestra historia humana para la que seguramente la revelación de este misterio ha sido sorprendente tanto como para cada uno de nosotros…Ella nos puede decir algo… Es MARIA, la persona humana que vive una relación especial con la Trinidad y además con su SI deja que la Trinidad entre en nuestra historia. Baste leer el pasaje de la Anunciación en el evangelio de Lucas para caer en la cuenta de ello.

Dios Padre le pide ser la madre de su Hijo y por un camino extraordinario de fecundidad que es la bajada del Espíritu en su ser. Y Ella acepta la invitación de Dios y CREE en su Palabra y se convierte en SANTUARIO de la Trinidad, en su icono.

Así María de Nazaret, la Virgen sencilla y humilde, con su SI deja entrar en nuestra historia a la Trinidad…Desde su SI nuestro Dios se hace historia humana, es DIOS CON NOSOTROS, camina con cada persona humana, lo sepamos o no, lo creamos o no,… Es un hecho histórico, cargado sí de misterio, que está allí a decirnos que Dios se ha hecho carne para salvar a todo hombre…Y tu mirada, mi mirada, se extiende por el mundo y ve que allí donde una persona humana respira, vive, lucha, goza, muere…está nuestro Dios con ella, en ella, lo sepa o no…

María es la tierra en la que la Trinidad pone sus raíces para realizar su obra de salvación…Es la primera persona en nuestra historia de salvación que hace experiencia de este misterio… Esto la hace mujer ABIERTA…a Dios, al mundo, a cada persona…MUJER que vive en el estupor de la contemplación, de la gratitud y en comunión con Dios y con el mundo.

Ella, con el “saber hacer” propio de una Madre- es la Madre de Dios- nos puede ir contagiando todo lo que del misterio de Dios UNO Y TRINO se desprende: comunión, amor, disponibilidad, humildad, donación…

Se trata de hacerse un poco o un mucho…” niños”…intentar acercarse a Aquel cuyo “conocimiento” nos desborda, desde el “reconocimiento” de nuestros límites, de  nuestra pequeñez, que no puede contener en el hueco de la mente- por más valioso y bello que sea- la inmensidad y profundidad del Dios Amor…como el  niño de la playa no podía llenar el pocito hecho en la arena con toda el agua del mar…

Se trata de decir Si a Dios como María,…sí a lo humanamente incomprensible, sí a nuestra pequeñez, fragilidad, que en Dios se convierte en fuerza y poder…El Si de María…su “ hágase en mi según su Palabra” es expresión de fe total y absoluta en Dios y a la vez es el comienzo de un camino de fe vivido en la oscuridad…Para María no será sencillo ver pasar ante sus ojos la vida de su Hijo que es a la vez Hijo de Dios, con tanta normalidad, desde su gestación a su crecimiento…  Cuántas veces miraría a Su Hijo y diría con asombro:  “¡este Hijo mío es Hijo de Dios!” El Dios que María había conocido , en el que creía, a quien amaba, era el Dios todopoderoso, El Dios que manifestaba su poder con prodigios a su pueblo, el Dios ante quien había que cubrirse el rostro…Ahora el Hijo de Dios, por la acción del Espíritu Santo, entra en sus entrañas como cualquier niño en las de cualquier madre…Ella tocará este niño, lo educará, lo acompañará en su crecimiento…A lo largo de treinta años será su madre y maestra…Cuantas veces María repetirá “ Mi Dios, creo en el milagro de la Encarnación de tu Hijo en mi, por obra del Espíritu Santo”…Y así recorrerá un camino de fe vivido de certeza en certeza, no de claridad en claridad…

Creo en un solo Dios…

Dios a Israel se reveló como el Único. “Escucha Israel: el Señor nuestro Dios  es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza”(Dt 6,45) Jesús confirma esta revelación hecha al pueblo elegido:” Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es uno solo.Amarás al Señor, tu Dios con todo tu corazón con toda tu alma con toda tu mente con todas tus fuerzas”(Mc12,29-30). A la vez da a entender que El mismo es el Señor:”Jesús es el Señor”. Este anuncio es lo nuclear de nuestra fe cristiana. Es una afirmación que no contradice la fe en el único Dios…Así como no introduce ninguna división en el Dios único el creer en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida. (cf.CIC 201-202).

Alguien dijo que los cristianos creen que Dios es trino, es decir uno en tres personas, porque creen que Dios es amor. ¿Qué se quiere decir con esto? Que Jesús, al revelarnos a Dios como amor, nos ha llevado a descubrir y reconocer a la Trinidad. La Trinidad no es una invención humana.

“Dios es amor”, dice la Biblia (1Jn 4,8). Si es amor debe amar a alguien ¿A quién ama Dios para que podamos decir de Él que es Amor?…

Y he aquí la respuesta de la revelación cristiana: Dios es amor en sí mismo, antes del tiempo, porque desde siempre tiene en sí mismo un Hijo, el Verbo, a quien ama con un amor infinito, esto es, en el Espíritu Santo. En todo amor hay siempre tres realidades o sujetos: uno que ama, uno que es amado y el amor que les une.

El Dios de la revelación cristiana es uno y trino porque es comunión de amor. Nuestro Dios es un Dios único en tres personas divinas. Este misterio es la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es inalcanzable por la mente humana, sin la luz de la fe. Leemos en San Agustín:

“paseando por la playa vi a un niño que, en la orilla del mar, había hecho un gran agujero en la arena y con un cubo lo iba llenando de agua que recogía del mar.”¿Qué haces?” le pregunté “Quiero vaciar el mar para  llenar este pozo que he hecho en la arena.” “¿Pero, cómo… No comprendes que esto es imposible?” “Más imposible es lo que intentas hacer tú: explicar con tus razonamientos el misterio de la Trinidad”

Poniendo los ojos en estas tres personas, desde la poca o mucha experiencia que tengamos de Ellas, podemos descubrirlas como modelo de cualquier grupo o comunidad humana: desde la más sencilla y elemental, que es la familia, hasta la Iglesia universal. Ellas nos muestran cómo el amor une en la diversidad: unidad de intenciones, de pensamiento, de voluntad, de características…

En el Nuevo Testamento, leyendo con atención,  podemos contemplar y descubrir cómo se aman y cómo se relacionan entre sí estas tres divinas personas: Cada una de las tres no habla de sí, sino de la otra; no atrae la atención sobre sí, sino sobre la otra. Cada vez que el Padre habla en el Evangelio lo hace siempre para revelar algo del Hijo”Este es mi Hijo, el predilecto”. Jesús, a su vez, no hace sino hablar del Padre” Nadie puede venir a mi, sino lo atrae el Padre que me ha enviado” (Jn 6, 44). El Espíritu Santo, cuando llega al corazón de un creyente, no enseña a decir su nombre, que en hebreo es «Rûah», sino que enseña a decir «Abbà», que es el nombre del Padre. “Cuando venga El, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena” (Jn 16,13)

Intenta pensar y preguntarte, en lo más profundo de tu corazón, ¿qué produciría esta especie de “regla”, este estilo, si se transfiriera a la vida de relación en el ámbito humano, personal?… Si este estilo fuera imitado en nuestras relaciones humanas, éstas llevarían el reflejo de la Trinidad en la tierra, serían “espacios” donde la ley que rige todo es el amor…

Este Dios amor te ama…como El sabe amar… ¿Qué piensas? ¿Qué sientes frente a esta realidad de amor única?…

LA FE… ¿POR QUÉ CREER?

Acaba de comenzar el “año de la fe”; tiempo que el Papa quiere sea dedicado a profundizar en  nuestra fe, aprovechando el confluir de dos fechas significativas: la apertura del Concilio V.II, del que se celebran los 50 años, y la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, hace 25 años.  El Papa lo anunció en una carta con el título “la puerta de la fe”.

Estas primeras reflexiones quieren ser una respuesta a las preguntas: “¿Qué es la fe?… ¿Por qué creer?…

El Papa comienza su libro “El credo, hoy” haciéndose una pregunta que más o menos suena así. Si el amor es la esencia del cristianismo, si seremos juzgados por el amor, si el amor es el contenido de la existencia cristiana, si ser cristiano significa tener amor… ¿Para qué la fe? Y el Papa, con su acostumbrada lucidez y profundidad, nos hace caer en la cuenta que nosotros no amamos como Dios ama -que es lo que Dios nos pide- que nuestro yo entorpece, frena, ahoga a veces nuestro amor y todo lo que le acompaña de bondad, justicia, verdad… Cuando tocamos toda nuestra debilidad, “el mensaje grande y liberador del amor, como contenido único y suficiente del cristianismo, puede resultar algo opresor”… Aquí interviene la fe, que nos dice que este déficit de amor que todos padecemos es colmado por el amor de Jesús que se derrama en nosotros, que Dios mismo ha derramado en abundancia su amor sobre nosotros, que Dios dándonos su amor nos hace capaces de amar como Él ama.

La fe es un regalo de Dios, es un don, es una gracia, es una virtud sobrenatural infundida por Él. «Para dar esta respuesta de la fe es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con los auxilios interiores del Espíritu Santo, que mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede “a todos gusto en aceptar y creer la verdad”» (DV 5).

El rasgo más profundo de la fe cristiana es su carácter personal… La fe cristiana es personal. El cristiano, a través de su fe, se encuentra con una persona, Cristo Jesús… El cristiano cree en ALGUIEN, la persona del hijo de Dios, que entra en el mundo, se hace historia, se hace DIOS CON NOSOTROS…

“a través de Él, el Dios Intangible se ha hecho tangible, el Distante se ha hecho cercano… Es la presencia del Eterno mismo en medio de este mundo”… es ALGUIEN que “se nos entrega como amor que me ama a mí también y, con el regalo tan incomprensible de un amor no amenazado por caducidad ni ofuscamiento egoísta, hace que la vida sea digna de ser vivida. El sentido de la vida es el tu, pero ciertamente solo aquel tu que no es una pregunta abierta, sino el fundamento del todo que no necesita otro fundamento”.

La  fe me lleva a encontrarme con un TÚ que me sostiene y que, pese a mi debilidad, imperfección, límites… me sigue amando y me promete un amor que me hace eterna; me lleva a vivir la certeza de que este TÚ, que es el Sentido de mi vida, me conoce y me ama, y a Él me puedo encomendar “como un niño en brazos de su madre”

Creo en ti, Jesús, en ti… En tu rostro humano he descubierto el rostro de Dios… Pero el Papa nos lanza un reto, el de reflexionar, el de preguntarnos:

“¿Eres Tú de verdad?… ¿Creo de verdad en ti, Jesús de Nazaret, como sentido del mundo y de la vida?”

Catecismo… De qué me hablas???

¿Quiénes somos? ¿Dónde quieres ir?

El Papa Benedicto XVI desea celebrar este año “El año de la Fe”, dejandonos un texto “Porta Fidei”, que nos da luz y fuerza para anunciar nuestra esperanza. Sencillamente queremos caminar juntos para conocer internamente, para encontrarnos con Jesús… Él mismo nos invita a caminar con él.

Nos dice que nuestro trabajo se realiza con aquel que Dios ha mandado, un Dios con nosotros y sobre todo para descubrir que nuestro Dios es alguien que nos ama sin medida a cada uno como es…

Lo más importante de nuestra Fe es esto: creer en su amor… un amor que escapa de nuestra lógica.

Queremos hacer juntos un itinerario de Fe, a través de las palabras del Papa, que quiere que en esto nos guie una lectura a fondo del Catecismo.

Queremos acercarnos a esta fuente no como a un código moral… sino como a un texto que nos hable de Jesús, camino, verdad y vida. No hay nada nuevo bajo el Sol…porque todo es nuevo.

Un Padre de la Iglesia comentaba la Catequesis en estas tres definiciones que Jesús da de sí mismo:

Yo soy el camino… En Él caminamos porque Él es una persona viva. Misteriosamente entra en nuestra existencia, la colma, la unifica… Le sopla un aliento ininterrumpidamente.

Yo soy la verdad… Él te introduce en el misterio de Dios, en tu propio misterio de cristiano que llena, la huella a imagen de Dios en ti misma. Él te revela la verdad de ti misma y te ayuda a buscarla en ti y vivirla.

Yo soy la vida… Él es el que da la vida eterna mientras vivimos  nuestra existencia histórica, porque cada momento de nuestra historia, cada gesto, cada palabra, tiene  un germen de eternidad, es decir, de frutos que no pasan.

Por este camino queremos caminar juntos. Ésta es nuestra fe, la que queremos compartir entre nosotros, la que nos ánima e impulsa cada día.

Buen camino a tod@s!!!