2º lunes de Adviento (Is 35, 1-10) – El triunfo de Jerusalén

“Que el desierto y el sequedal se alegren, regocíjese la estepa y florezca como flor; estalle en flor y se regocije hasta lanzar gritos de júbilo. La gloria del Líbano le ha sido dada, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Se verá la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes. Decid a los de corazón intranquilo: «¡Ánimo, no temáis! Mirad que vuestro Dios viene vengador; es la recompensa de Dios, Él vendrá y os salvará». Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa, se trocará la tierra abrasada en estanque, y el país árido en manantial de aguas. En la guarida donde moran los chacales verdeará la caña y el papiro. Habrá allí una senda y un camino, «vía sacra» se la llamará; no pasará el impuro por ella, ni los necios por ella vagarán. No habrá león en ella, ni por ella subirá bestia salvaje, no se encontrará en ella; los rescatados la recorrerán. Los redimidos del Señor volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós, penar y suspiros!”

María sola con su misterio… Nadie se entera de lo que pasa en el mundo, de lo que se irradia en el mundo desde aquel rincón de Nazaret donde ya florece el desierto, se alegra el páramo y la estepa… Ya en el ser de María florece la paz, la justicia, el amor, la libertad… Ya en María está el Reino de Dios. Ella es la primera que vive la presencia del Reino en su corazón… Ella es fuerte, no teme… Sabe que viene el Señor y Ella ha ido a su encuentro, al encuentro del Dios que salva, que la ha salvado ya haciéndola Inmaculada…

Todo lo que el profeta dice trae consuelo a mi corazón, crea en mí un clima de paz, de gozo, de percepción de su presencia… Necesito estar con María para que Ella me ayude a arraigar en mí esta percepción de paz, me contagie los sentimientos que Ella vivía escuchando esta palabra…

Súplica

Se abrirán los ojos de los ciegos…

María, Tú ves con los ojos iluminados del corazón. Ayúdame a ver con los ojos de la fe, en la oscuridad que me rodea, en la que llevo dentro, la realización de las palabras del Profeta Hoy y Aquí…

Los oídos del sordo se abrirán…

María, Tú que escuchas y haces vida en ti la Palabra, ayúdame a escuchar y alimentarme de la Palabra… Ayúdame a entrar en las implicaciones que para mí tiene el misterio de la Encarnación de Jesús…

La lengua del mudo cantará…

María, Tú que cantas las maravillas del Dios, la salvación de Dios, ayúdame a cantar a Dios siempre…

El cojo saltará como un ciervo…

María, Tú que saltas de gozo, sintiendo la presencia del Verbo en ti, ayúdame a saltar de gozo por la presencia del Emmanuel en mí, en el mundo… Haz que el gozo y la alegría que comunica esta palabra de Dios transformen mis sentimientos, revísteme Tú de los sentimientos de Jesús…

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2º domingo de Adviento (Is 40,1-5.9-11)

“Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por su pecados. Una voz grita: “En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos, ha hablado la boca del Señor”… Súbete a un monte elevado, heraldo de Sion; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén, álzala sin temor; di a las ciudades de Judá: «¡Aquí está tu Dios!» Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres”

María, escuchas la voz del profeta mientras contemplas la realidad que vives. Viene el Señor con poder, te dice, pero luego enseguida revela que el poder es el de la ternura… Y lo dice con la imagen de los pequeños corderos que coge en sus brazos y la dulzura con que guía las ovejas madres… Tú estás experimentando ya la ternura de Dios, la consolación del Señor. Tú sabes que Dios viene… Ha venido a ti ahora… pero viene siempre.

Dios viene, “viajero de siglos y de corazones, viene como semilla que se hace árbol, como levadura que fermenta la masa, como perfume de vida para la vida”… Así lo sientes Tú… Tú te anticipas al camino que recorrerá tu hijo, el hijo de Dios, camino en el polvo de nuestras calles; camino en el tiempo y en el espacio, en las cosas de todos los días, a la puerta de una casa, en cada despertar de la jornada…

Dios, que viene a consolar, trae la buena noticia de la consolación, de la alegría… Y sólo desde esta buena noticia que Dios trae se puede recomenzar a vivir, a proyectar, a crear vínculos, nunca desde amarguras, equivocaciones, desde el mal que acecha… Dios que viene a consolar como buena noticia que se hace perdón, que limpia los rincones más oscuros del corazón.

Y Tú, María, ya saboreas esta consolación, la buena noticia de la consolación… Y nos la comunicas porque estás llamada a dar lo que recibes. Y Tú nos dices que tengamos ánimo… que las semillas del Reino crecen… que la buena noticia es una historia preñada de futuro bueno para el mundo, porque Dios estás cada vez más cerca, cerca como un abrazo, y perfuma de vida la vida del mundo.

Súplica

María, comunícame tu consolación, y haz que la pueda regalar a cuantos me rodean… que sepa hablar al corazón del hombre, gritar que el amor de Dios ha vencido al mundo, que Él nos elige para amar dándonos fuerza y luz… Que mi mirar sea el consuelo de Dios para mis hermanos los hombres… Ayúdame a ser consoladora con el anuncio de Jesús, que viene a traernos la paz, la verdad, la justicia…

1 sábado de adviento Is 30, 19-21.23-26 Canto de esperanza

Así dice el Señor, el Santo de Israel: «Pueblo de Sion, que habitas en Jerusalén, no tendrás que llorar, porque se apiadará al oír tu gemido: apenas te oiga, te responderá. Aunque el Señor te dé el pan medido y el agua tasada, ya no se esconderá tu Maestro, tus ojos verán a tu Maestro. Si te desvías a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra a la espalda: “Éste es el camino, camina por él. “Te dará lluvia para la semilla que siembras en el campo, y el grano de la cosecha del campo será rico y sustancioso; aquel día, tus ganados pastarán en anchas praderas; los bueyes y asnos que trabajan en el campo comerán forraje fermentado, aventado con bieldo y horquilla. En todo monte elevado, en toda colina alta, habrá ríos y cauces de agua el día de la gran matanza, cuando caigan las torres. La luz de la Cándida será como la luz del Ardiente, y la luz del Ardiente será siete veces mayor, cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure la llaga de su golpe.»

María, Tú me pones en contacto con la Palabra de Dios y me revelas un sentido nuevo para mí. Me invitas a pararme en lo que significa “aquel día” y me preguntas qué es para mí “aquel día”… Es cada momento, cada instante en que yo creo y me abro al misterio de la Encarnación con todas sus implicaciones; en que yo doy cabida en mí al Verbo hecho carne, para que me transforme, para que me santifique… Entonces puedo contemplar el resplandor de “la gloria de Yahvé”, puedo reconocer la voz de mi Maestro y seguir su camino.

Gracias a Ti, María, se fortalece el ánimo de quienes creen en tu papel de Madre de Dios e intercesora ante El…se afianzan sus certezas, se disipa todo temor…Tu eres la portadora del GOZO Y SALVACION prometido por los profetas…y así lo sienten y experimentan los que creen en las promesas de Dios…

Suplica

María, préstame tu corazón, para que, en él y con él, yo pueda buscar y comprender la belleza de las promesas y leer en las promesas ya realizadas , como la venida en el tiempo del Salvador, la garantía de las otras promesas ligadas a la Encarnación de tu Hijo… ¡Cómo gozarías Tú adentrándote en este mensaje de esperanza del profeta!… Quisiera gozar contigo para saborear contigo tu apertura a la esperanza, tu gozo en la esperanza… Contágiame, María, lo que necesito.

1 viernes de Adviento La Inmaculada Concepción de la Virgen María Gn 3, 9-15.20

Yahvé Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?» Éste contestó: «Te he oído andar por el jardín y he tenido miedo, porque estoy desnudo; por eso me he escondido.» Él replicó: «¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?» Dijo el hombre: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí.» Dijo, pues, Yahvé Dios a la mujer: «¿Por qué lo has hecho?» Contestó la mujer: «La serpiente me sedujo, y comí.» Entonces Yahvé Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar.»

El hombre llamó a su mujer «Eva», por ser ella la madre de todos los vivientes.

María, en este pasaje del Génesis, Tú apareces como la mujer cuya estirpe arrancará el mal del mundo. Hoy lo leo desde Jesús… No es una osadía contemplar a Jesús gozando con la realidad que este pasaje del Génesis presenta. Él se alegra por saber y sentir que desde siempre su Padre pensó en ti. Sorprendo a Jesús, en un día cualquiera de vuestra estancia en Nazaret, mientras tu vida se desliza en la mayor normalidad, mirándote como la mujer bella, la que no ha sido salpicada por el mal, la que puede reflejar la belleza que sigue intacta tal como ha salido de las manos de Dios, como la mujer llamada a compartir su misión de Hijo y enviado para salvar a la Humanidad herida de muerte por el pecado…

Jesús te mira con orgullo y con ternura a la vez. Silenciosamente agradece tu “SÍ”, el que ha hecho posible que Él realice el plan del Padre. Le pido a Jesús que me preste su corazón para alabarte, agradecerte, felicitarte…

¡Muchas felicidades, María! Hoy todo el mundo cristiano se agrupa en torno a ti y te agradece el SER lo que ERES, la Inmaculada, que tiene la misión de concebir al Salvador, de SER su Madre y nuestra Madre…

Yo quiero asomarme a tu corazón y dejarme conducir hacia la contemplación de tu belleza, de tu bondad, de tu misericordia, de tu ternura… en fin de todo lo que me habla de Ti o me remite a Ti. Me gusta pensar en Ti como la mujer pensada por Dios, amada por El desde toda la eternidad, como la madre de Verbo, como aquella que al Hijo de Dios iba a dar su carne y todo lo que un hijo necesita de la madre en el orden biológico, psicológico…

Pero a la vez, Tú María, eres creada en y por el Verbo (cf. Juan 1,3). Llevas en ti la imagen del Verbo por la Creación y das por la Encarnación tu imagen, las huellas de tu ser, al Hijo… ¡Que intercambio maravilloso! Tú por la Creación eres imagen del Hijo, el Hijo por la Encarnación lleva en su ser tu imagen… Por este maravilloso intercambio, yo quiero alabarte y a la vez dar gracias por ti.

Suplica

María, ¡Qué grande eres! ¡Cómo y cuánto me dice tu pertenencia a Dios…! Esta pertenencia que yo quisiera vivir con fidelidad, en radicalidad… Esta pertenencia que lleva a la total disponibilidad y que me hace decir: ¡Sólo Dios! Contágiame tu pertenencia a Dios… Edúcame en la pertenencia a Dios… ¡Hazme, contigo, portadora de su SALVACIÓN!

1º jueves de Adviento Is 26, 1-6 – Canto de victoria

Aquel día se cantará este cantar en tierra de Judá:

«Ciudad fuerte tenemos; para protección se le han puesto murallas y antemuro. Abrid las puertas, y entrará una gente justa que guarda fidelidad; de ánimo firme y que conserva la paz, porque en ti confió. Confiad en Yahvé por siempre jamás, porque en Yahvé tenéis una Roca eterna. Porque él derroca a los habitantes de los altos, a la villa inaccesible; la hace caer, la abaja hasta la tierra, la hace tocar el polvo; la pisan pies, pies de pobres, pisadas de débiles.»

Hoy el profeta Isaías nos habla de un canto de victoria y nos invita a cantar… porque una “ciudad fuerte tenemos”… y “una Roca eterna”.

El Señor que viene, nuestro Salvador, es esa Roca en quien confiamos… En Él se cumple la promesa de Dios, se revela la fidelidad eterna de Dios, la bondad de Dios que se manifiesta a los pobres y débiles de la tierra…

En María se realizan en plenitud estas promesas, porque nadie mejor que Ella ha sabido ser puerta abierta a la salvación… Nadie como Ella ha sabido esperar y confiar “en Yahvé por siempre jamás”…

Tú, Jesús, contemplas a tu Madre y ves realizadas en Ella las promesas del profeta. Ella te ha hablado de la predilección de Dios, te ha contado del anuncio, de su lealtad para con su Dios a quien estaba consagrada, de la acogida de su Palabra. Ella te muestra desde el amanecer hasta el atardecer de cada día un ánimo firme, firme en la fidelidad, un ánimo cargado de paz, porque está lleno de confianza… Tú Jesús, ves que Dios es su Roca, que Ella contempla a Dios como el Dios de los humildes, de los pobres, Ella seguramente ha glosado para ti, su cántico…Y te alegras…Y das gracias al Padre por Ella.

Suplica

María, Tú escuchaste y edificaste sobre la Palabra… una Palabra que se hizo vida en ti… Aumenta mi confianza, pon mi corazón en sintonía con el de Dios que ama al pobre, al desvalido, al humilde… María, que la Palabra penetre en mi ser, que la Palabra sea mi roca, mi esperanza, mi gozo, el motivo de mi canto victorioso.

1º miércoles de Adviento Is 25, 6-10ª – El festín divino

Hará Yahvé Sebaot a todos los pueblos en este monte un convite de manjares frescos, convite de buenos vinos: manjares de tuétanos, vinos depurados; consumirá en este monte el velo que cubre a todos los pueblos y la cobertura que cubre a todas las gentes; consumirá a la Muerte definitivamente.

Enjugará el Señor Yahvé las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su pueblo de sobre toda la tierra, porque Yahvé ha hablado.

Se dirá aquel día: «Ahí tenéis a nuestro Dios: esperamos que nos salve; éste es Yahvé en quien esperábamos; nos regocijamos y nos alegramos por su victoria.»

Porque la mano de Yahvé reposará en este monte.

Jesús, en el corazón de tu Madre se realiza esta palabra profética… Ella recibe el consuelo de Dios. Dios enjuga sus lágrimas, expresión del compartir su suerte con la del Mesías Siervo… Ella goza y celebra su propia salvación, la salvación de su pueblo, nuestra salvación…

Porque Ella ha escuchado la Palabra, ha creído en ella. Ella cree que Yahvé ha hablado y que sus promesas son realidad. Ella cuando te acogió en su seno glosaría en su interior esta palabra profética… “Aquí tengo a nuestro Dios. Espero que nos salve…Este es el Dios en quien esperábamos…”

Escuchar la Palabra, creer en Ella, acogerla en el corazón… me alienta e interpela a la vez; colma mi esperanza y me anima a caminar, a subir al “monte” de Dios, al encuentro con Él… a participar del festín divino, “un convite de manjares frescos, convite de buenos vinos”, que es participar de su alegría que será alegría para “todos los pueblos”.

Suplica

María, contágiame tu atención a la Palabra, que mi corazón se centre en Ella, mi mente se llene de Ella, mi voluntad la cumpla… Ayúdame a reconocer en todos los acontecimientos de la historia, en todos los caminos de la tierra, en “todas las gentes”… la presencia salvadora de Jesús. Enséñame a gozar y celebrar la salvación… Otórgame la gracia de un corazón nuevo, limpio, que esté en sintonía con el de Aquél que llevas en ti.

1º martes de Adviento Is 11,1-10 – El descendiente de David

1º martes de Adviento

Is 11,1-10 – El descendiente de David

Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el espíritu de Yahvé: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahvé. Y se inspirará en el temor de Yahvé. No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los débiles y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos.

Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja. Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano. Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahvé, como cubren las aguas el mar.

Aquel día la raíz de Jesé, que estará enhiesta para estandarte de pueblos, las gentes la buscarán, y su morada será gloriosa.

Contemplo a Jesús mientras lee la Escritura… Él siente la plenitud del Espíritu de Dios… Él es el Ungido, el descendiente de David, el “vástago del tronco de Jesé “sobre el que se posa el Espíritu de Dios… Sabe que en Nazaret se está preparando para una misión, la misión que llevará al mundo la paz mesiánica, y mientras lee, gusta y crece en la conciencia de lo que Él es: el enviado, hacedor de la justicia, portador de la paz… “Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos”.

Jesús seguramente, desde el lugar donde lee, mira a su madre y ve en Ella ya la realización de las condiciones del Reino… La contempla llena del Espíritu, de sus dones. Él ha crecido al amparo de su mirada, ha recibido y recibe de Ella todo… Ha sentido y siente vivo en el corazón de su Madre el brotar de la paz, el gozo, la alegría y de todo lo que Él traerá, por su muerte y Resurrección, al corazón de cada hombre que se abra a la acogida del Reino.

Suplica

María, ¡cuánta paz suscitaría en ti este precioso pasaje de Isaías!… Tú sentías ya la realización de las promesas cuando llevabas en tus entrañas al Salvador… En ti se cumple la promesa, en ti se instaura el nuevo Reino de justicia y rectitud.

Ayúdame a abrirme al Espíritu, a sus dones…Dame la certeza de la realización de todo lo que hoy parece imposible alcanzar en el mundo: la paz total, la armonía de todo lo creado, la ausencia de todo daño…Que la tierra se llene del conocimiento de Yahvé…

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